Después de apartarse durante un tiempo de la televisión y refugiarse en el campo, Lozano reconoce que volver al plató ha sido reencontrarse con un medio que forma parte de su vida. El presentador ejerce ahora de maestro de ceremonias en un formato que combina citas, emoción, espontaneidad, baile y mucho contacto con la gente.
Vuelve a la tele al frente de un dating show diario. ¿Qué le atrajo de este proyecto?
En todos los programas que he hecho, tanto concursos como realities, siempre he tenido un contacto muy directo con la gente de a pie. Yo siempre digo que, desde joven, en todos mis trabajos he trabajado para la gente que está en casa. Por eso este programa me gustó mucho desde el principio. Es un formato muy abierto, en el que la gente viene a contarnos sus historias, a buscar el amor, con sus problemas, sus defectos y sus cosas... Me gusta precisamente por eso, porque hay mucho contacto humano. Algunos pasarán, otros no serán elegidos y se irán, llegarán nuevas personas… Pero la idea es que haya un grupo reconocible, cercano, con el que el público también pueda conectar.
¿En qué momento profesional le llega este nuevo trabajo?
Me llega en un momento dulce. Yo ya había parado, me había ido al campo a vivir con mi ganado, y las cosas que me ofrecían tampoco me apetecían demasiado. Hasta que llegó otra vez..., y apareció esta oportunidad. Al principio no quería volver, y mi familia tampoco lo veía muy claro, pero al final te pica el gusanillo. La gente también me animaba mucho, me decía que quería volver a verme en televisión, y eso pesa. Ha sido un poco de todo: el cariño del público, las ganas de reencontrarme con mi medio y esa sensación de volver a un lugar en el que llevo casi 40 años. Me encuentro en un momento muy bueno. Ahora estoy más tranquilo, soy un Carlos con otras vivencias. La edad también te da experiencia, y eso se nota. Lo vivo todo de otra manera. Estoy feliz y creo que eso se transmite.
Volviendo al programa, los adultos que se presentan pueden intercambiar teléfonos, verse fuera y contar después en plató cómo han ido esos encuentros. ¿Es esta una de las partes más imprevisibles del formato?
Sí, es imprevisible, pero también tiene su lógica. Hay que tener en cuenta que las personas mayores, y yo me incluyo en ese saco, siempre tenemos cosas que hacer. Tenemos nuestra vida, nuestras rutinas, nuestras obligaciones… No funcionamos igual que los jóvenes. Los jóvenes suelen tener más disponibilidad, más tiempo libre, y por eso sus normas pueden ser distintas. En el caso de los mayores, hay también libertad, por supuesto, pero es una libertad organizada. Siempre tienen que contar con el equipo de producción, decir dónde van y estar localizados. No se trata de controlarles por controlarles, sino de saber dónde están y de cuidar que todo funcione bien. Pueden moverse, pueden hacer cosas, pero dentro de unas normas. Lo que no pueden hacer es desaparecer o irse de viaje sin avisar, porque esto sigue siendo un programa y hay un equipo detrás pendiente de todo.
‘Amor… ¡O lo que surja!’, es el nuevo ‘dating show’ presentado por Carlos Lozano.
En el caso de los jóvenes las reglas son más estrictas: no pueden tener contacto fuera de las citas del programa. ¿Cree que esa norma ayuda a proteger la autenticidad del proceso?
Por supuesto. Hay que tener en cuenta que, si empiezan a chatear o a hablar a escondidas, luego pueden prepararse cualquier cosa para el programa, y eso no es lo que queremos. Lo interesante, tanto para el público como para mí, es ver qué pasa de verdad y enterarnos en el momento. No tendría sentido que se pusieran de acuerdo fuera de cámara sobre qué van a decir, quién les gusta o qué estrategia van a seguir. Eso no sería limpio ni justo para el programa. Por eso existen unas normas. Ellos pueden hacer su vida, pero siempre con el equipo de producción al tanto de lo que hacen. No pueden verse entre ellos ni quedar para cenar, irse al hotel o encontrarse en cualquier sitio sin que lo sepamos. Al final, se trata de proteger la verdad del formato. Queremos que las cosas ocurran delante del espectador.
Anabel Pantoja y Ana Santiago participan como consejeras del amor. ¿Qué aporta cada una a la dinámica del programa?
Estoy muy contento con ellas porque son totalmente distintas y eso le viene muy bien al programa. Anabel Pantoja ya tiene mucha experiencia en televisión, tiene mucho desparpajo y sabe perfectamente cómo moverse en un plató. Ana Santiago, en cambio, es nueva en este terreno, pero me ha sorprendido muchísimo. Van a dar consejos, claro, pero también van a tener réplica, y ahí puede estar una de las partes más divertidas del programa. Va a haber lío, porque no todos los participantes estarán de acuerdo con lo que les diga una consejera. Alguno contestará, otro se picará un poco…, y ahí estoy yo para poner paz cuando haga falta.
Alexia Rivas presenta el contenido extra del programa, con imágenes inéditas, backstage y reacciones de los protagonistas. ¿Cómo ayuda esa segunda ventana al seguimiento de las historias?
Esa ventana es maravillosa, porque en todos los realities es muy importante tener un seguimiento más allá del programa principal. Infinity es un apoyo muy fuerte, sobre todo para la gente que sigue el formato en redes. Ofrecer imágenes inéditas, situaciones que quizá luego veremos en el programa o quizá no, dependiendo de cómo evolucione todo. Al final, ellos tienen muchas de las exclusivas. Muestran lo que pasa entre medias, esos momentos que ayudan a entender mejor a los participantes y que pueden generar mucho contenido alrededor del programa.