Mundial

Brasil y el peso de su historia

La selección brasileña persigue su sexto Mundial con el debutante Ancelotti al mando y una generación que carga con la exigencia marcada por 24 años de espera
Carlo Ancelotti charla durante un entrenamiento con Brasil, con la que debutará como seleccionador en un Mundial. / EFE

Brasil no juega los Mundiales, los gana o los sufre. Sin términos medios. Porque cada cuatro años brota de nuevo la misma convicción, la misma responsabilidad y la misma exigencia. En la fértil tierra de los Pelé, Garrincha, Zico, Sócrates, Romário, Ronaldo o Ronaldinho la gloria acumulada a lo largo del tiempo ha transformado el fútbol en una forma de concebir la vida. La única medida del éxito es levantar la Copa del Mundo. Es el peso de la historia que soporta la pentacampeona.

Sin embargo, han transcurrido ya veinticuatro años desde aquella noche de Yokohama en la que Ronaldo, con aquel icónico corte de pelo que jamás se ha vuelto a ver, puso rostro al último título mundial brasileño. Desde entonces, el dolor se ha adoptado de diferentes formas, como la eliminación en cuartos de final ante Francia en 2006, donde los magos del fútbol sucumbieron ante el maestro hechicero Zidane. Otras adquirieron el cariz de drama nacional, e incluso lástima planetaria, como el 1-7 encajado frente a Alemania en Belo Horizonte en la semifinal de 2014, catalogada por muchos como la mayor humillación de la historia, comparada con el Maracanazo. Pero ninguna de estas derrotas consiguió apagar la fe que se alimenta de su propia historia.

Brasil se dispone a participar en la Copa Mundial por vigésimo tercera ocasión. Es la única selección que ha concursado en todas las ediciones. Por supuesto, el objetivo de este omnipresente será alzar por sexta vez el trofeo tras los obtenidos en 1958, 1962, 1970, 1994 y 2002. En caso contrario, La Canarinha protagonizará su periodo más largo sin conquistar el título desde que alzara el primero. El combinado carioca ha avanzado, al menos, hasta los cuartos de final desde 1990, cuando cayó a manos de la Argentina de Maradona en la eliminatoria de octavos. Pero desde aquel glorioso 2002 con Ronaldo al frente no ha vuelto a disputar una final.

Ancelotti, el primer técnico extranjero

Para aplacar esta desértica secuencia, la Confederación Brasileña entendió que el momento requería una decisión extraordinaria. Así, por primera vez en más de seis décadas, el banquillo dejó de estar reservado para un técnico local. El elegido fue Carlo Ancelotti, uno de los entrenadores más laureados de la historia a nivel de clubes pero que nunca había cogido las riendas de una selección; al menos no como primer responsable, dado que formó parte del cuerpo técnico de Arrigo Sacchi en la Italia que se proclamó subcampeona del mundo en 1994. El aval del técnico italiano, ahora con 67 años, fue su capacidad para gestionar estrellas y escenarios de máxima presión. El reto: devolver a Brasil a ese lugar que se considera como propio. Aunque supone desafiar a la historia de la competición: ninguna selección ha conquistado un Mundial bajo la dirección de un técnico extranjero.

Ancelotti no rehúye de la tremenda responsabilidad. “En Brasil la presión es enorme”, confirma, para seguido proyectar confianza: “Pero es una presión que me gusta”. El italiano ha pretendido generar “un ambiente tranquilo y humilde”. Es decir, persigue sacudir la presión imprimida por el peso de la historia, y también admite que le gusta partir como tapado en este torneo, ya que Brasil no figura entre las principales favoritas a alzarse con el título. Eso incidirá precisamente en el primer objetivo, el de sacudir al vestuario de la presión de vestir la camiseta de la Verdeamarela. Para Ancelotti, la serenidad será clave en una competición tan corta pero de tan amplia exigencia.

Cinco seleccionadores en apenas tres años

Ganador de dos Champions League como jugador y cinco como entrenador, Ancelotti heredó una selección que procede de tiempo convulsos. Cinco seleccionadores en apenas tres años hasta su llegada –le precedieron en este tiempo Tite, Ramon Menezes, Fernando Diniz y Dorival Júnior– dibujan una etapa oscura que puso en peligro la clasificación para el Mundial. Brasil cerró la fase de acceso en la quinta posición de diez equipos, entre los que solo seis obtenían el pase directo. Argentina, Ecuador, Colombia y Uruguay fueron mejores. “La presión y la preocupación superan a la alegría, a la energía que tienen los brasileños, a la creatividad que tienen”, identificó Carleto.

Ancelotti dirige un entrenamiento de Brasil. EFE

Menos individualismo y más equilibrio

La sensación imperante era que el brillo individual no encontraba un maridaje con la idea colectiva que sostuviera al equipo. Ancelotti ha pretendido cambiar esa dinámica. Ha buscado menos exuberancia y más equilibrio. Menos vértigo y más estructura. En definitiva, un bloque compacto.

“Brasil tiene las mismas cualidades de siempre, pero hay que respaldar esa creatividad con organización, compromiso y actitud. El talento es importante, pero para vencer al talento se necesita organización. Y sí, lo vamos a conseguir, porque la organización se puede enseñar, pero el talento no”, explicó para la agencia Reuters.

“Vamos a defender muy bien y tratar de aprovechar los contragolpes. Es lo que el entrenador siempre nos pide”, reveló Vinicius en una entrevista para la FIFA, dejando entrever un planteamiento más pragmático de lo habitual en la tradición brasileña. Lo que no está claro es el esquema táctico que empleará Ancelotti, que en los últimos cuatro partidos de preparación recurrió hasta a cuatro variantes: 4-4-2, 4-3-3, 4-2-3-1 y 3-4-2-1. Quizás los rivales definan la propuesta para cada duelo.

En este proyecto se han caído piezas de peso, como Rodrygo, Estevao o Militao, que no están por lesión. Luego hay figuras capitales, como Vinicius, Raphinha, Marquinhos, Casemiro o incluso Neymar, una mezcla de la vieja con la nueva guardia. La inclusión de este último fue cuestión de Estado. El máximo goleador de la historia de Brasil, con 79 tantos en 128 partidos, representa la imagen emocional del país. Pese a las dudas físicas, sus 34 años y los casi dos años y medio de ausencia en la selección, encara su cuarto Mundial y muy posiblemente la última oportunidad de alcanzar el único gran título que falta en su palmarés.

Raphinha conduce el balón en una sesión. EFE

Un exigente debut ante Marruecos

Brasil debutará ante la vigente campeona de la Copa de África, una Marruecos que obtuvo el título en los despachos, tras ser despojada Senegal por el escándalo del abandono en la final. Será una gran prueba de fuego ante una de las selecciones que muchos enmarcan entre las tapadas del torneo. Haití y Escocia serán los siguientes escollos, a priori mucho más asequibles.

La esperanza sobrevive en Brasil en equilibrio con la exigencia. Es la identidad colectiva de una nación. La Canarinha sigue arrastrando una poderosa herencia. Esta Brasil parece llegar a la cita sin arrogancia y con las costuras de múltiples heridas relamidas. Con la confianza de que la grandeza jamás desaparece. En el Mundial los recuerdos nunca mueren. Ancelotti y su tropa jugarán por despertar al gigante dormido. Porque como dice el italiano, “solo hay una forma de recuperar la jerarquía en el fútbol, y es ganando el Mundial”. Es Brasil y el peso de su historia.

12/06/2026