Actualizado hace 2 minutos
Adela Sadia cumplió ayer 107 años en Bilbao. La cifra puede suscitar sorpresa pero cada vez son más los vizcainos que alcanzan el umbral de la centena. De hecho, en los últimos 20 años se ha triplicado el número de personas centenarias en nuestro territorio, pasando de las 187 en 2005 a las 545 contabilizadas al acabar el pasado año, de las que 74 son hombres y 471 mujeres, según recoge el Instituto Nacional de Estadística (INE). El repunte en la franja de los tres dígitos camina por la misma senda que el crecimiento de la esperanza de vida en el herrialde, en tanto que en las últimas cuatro décadas ha pasado de 72,5 a 84,4 años. Un escenario que responde a diversas causas, entre ellas las políticas de prevención y educación sanitaria, unas mejores condiciones para el desarrollo vital o los pertinentes avances médicos, aunque a ello haya que unir el hecho de contar con una especiales condiciones genéticas ofrecidas por la naturaleza para merecer tal honor. Si bien, evidentemente, muchos atrapan la longevidad sin poder escapar de los lógicos problemas desde el punto de vista funcional y motor. En una sociedad donde cada vez es más necesario reforzar la asistencia a la dependencia y en la que, precisamente por esta mayor capacidad de prolongar los años de vida, toca atender una mayor cantidad de casos de deterioro cognitivo; Bizkaia puede felicitarse de poder disfrutar de sus mayores cada vez por más tiempo.
Disgregando los datos, y teniendo en consideración que hay 4,7 personas de 100 o más años de edad por cada 10.000 habitantes; de esos 545 mayores, 212 nacieron en el año 1924, 149 en 1923, 89 en 1922, 46 en 1921, 23 en 1920, 14 en 1919, 5 en 1918, otras 5 en 1917, 1 en 1914 y, la mayor de todas, en 1908, natural de Galdakao. La progresión ha sido constante en los últimos ejercicios, y se aprecia también en el dato de 2015, cuando el número de centenarios era de 320, por lo que en una década prácticamente se ha doblado la cifra. Si nos vamos más atrás en el tiempo, el territorio vizcaino cerró el pasado siglo con solo 117 personas instaladas en esta franja de edad en 1999, año que no queda tan lejos mirando por el retrovisor, habiéndose quintuplicado el número de casos.
Por municipios
Si disgregamos los números por municipios, Bilbao encabeza el número de personas mayores de 100 años domiciliadas o residenciadas, con un total de 221, seguido de Getxo (49), Barakaldo (35), Portugalete (30), Basauri (19), Sestao (17), Leioa (13),Erandio (12) y Galdakao (10), entre otros, así hasta 61 enclaves vizcainos con personas centenarias. Las instituciones son conscientes de todo este fenómeno. El pasado año, con el inicio del nuevo curso, la Diputación Foral puso en marcha una nueva dirección dentro del Departamento de Acción Social que dirige Amaia Antxustegi donde, a las áreas tradicionales de Promoción de la Autonomía Personal –dependencia y residencias– y de Promoción Social –inclusión y bienestar de colectivos vulnerables– añadió la de Longevidad y Reto Demográfico. Una estrategia ligada al hecho de que la sociedad vizcaina envejece a un ritmo superior a la media europea y la tasa de nacimientos lleva más de una década en caída libre. Al frente de ella puso a Naiara Artaza, que venía de encargarse del Nagusi Intelligence Center, situado en Urduliz y que se encarga de estudiar asuntos como el envejecimiento activo y los cuidados de larga duración vinculados a los años de más que vivimos. Este contexto es el que refuerza la necesidad de transformar el modelo público de cuidados para mayores, en un entorno donde han aumentado las personas jubiladas que han aparcado ya la vida activa pero que encaran una nueva etapa donde aún tienen mucho que aportar. También obliga a repensar los planes para combatir la soledad no deseada de esos mayores que no cuentan con redes de apoyo. Son rostros curtidos, dibujados por las arrugas pero con mucho que decir a una sociedad que camina demasiado rápido para escuchar y dedicarles un momento en un mundo que valora más la juventud que la experiencia de la vejez. “La incorporación de geriatras a la sanidad pública y crear unidades específicas son los retos del sistema para la llamada vejez avanzada”, sostienen los especialistas.