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Gipuzkoa

Bihodi: el sorprendente maridaje musical entre el órgano romántico y su red de tubos, pedales y teclados y el humilde txistu

El azpeitiarra Ignacio Arakistain y el irundarra Pello Irigoien combinan ambos instrumentos en un proyecto que vio la luz hace seis años y hunde sus raíces en la tradición vasca por la estrecha relación de organistas y txistularis en las últimas décadas
Pello Irigoien e Ignacio Arakistain, en los prolegómego de uno de los conciertos que han ofrecido en estos últimos años.
Pello Irigoien e Ignacio Arakistain, en los prolegómego de uno de los conciertos que han ofrecido en estos últimos años. / Cedida

Actualizado hace 2 minutos

El azpeitiarra Ignacio Arakistain y el irundarra Pello Irigoien forman Bihodi, un proyecto musical que se sustenta en la particular relación entre dos instrumentos aparentemente antagónicos, el monumental órgano romántico y el humilde txistu.

Una pareja sorprendente

La vida acostumbra a dar extraños compañeros de viaje, personas que, pese a sus aparentes diferencias, compaginan de manera perfecta, dando lugar a una relación que perdura a través del tiempo.

La música también es un espacio en el que se producen casos de este tipo, y un ejemplo de ello es Bihodi, un proyecto musical en el que participan Arakistain e Irigoien.

Tiene como hilos conductores dos instrumentos musicales en apariencia tan contrapuestos como el txistu y el órgano romántico.

Periplo viajero

Animados por esta idea, Ignacio y Pello crearon hace unos seis años Bihodi.

Un primer concierto en Oiartzun dio paso a nuevas actuaciones, que les han llevado a visitar más de una treintena de iglesias repartidas a lo largo del País Vasco, España, Francia e Italia.

En ese periplo han interpretado piezas escritas originalmente para órgano y txistu, junto a otras que han adaptado especialmente para ambos instrumentos, como varias piezas barrocas, entre las que se incluye una sonata de Johan Sebastian Bach, dando forma a un viaje musical en el que pueden convivir piezas de estilo romántico junto a obras del Barroco o de la música contemporánea y moderna.

Diferencia de escala

El txistu se presenta como un instrumento popular de apariencia sencilla, vinculado a los tubos de madera perforada que acompañaron al ser humano en sus primeros pasos en el mundo de la música.

Su antagonista, el órgano, es un ejemplo de complejidad técnica que se caracteriza por su impresionante tamaño, en el que comparten espacio grandes tubos de metal, fuelles, teclados y pedales.

El txistu es una flauta pequeña, ligera y portátil, que la gente vincula a las celebraciones folclóricas y a los festejos populares, mientras que el órgano es un instrumento de tamaño monumental, asentado en un espacio fijo y de una construcción compleja.

Un maridaje perfecto

Sin embargo, las diferencias sustanciales entre ambos instrumentos no son óbice para el excelente maridaje que hay entre ellos, como no duda en destacar el músico azpeitiarra.

De hecho, esa diferencia de escala supone un un elemento de interés artístico que Irigoien y Arakistain exploran con acierto en cada concierto.

"Ambos instrumentos dialogan de manera sorprendentemente eficaz, creando un equilibrio sonoro del que ambos se benefician. El txistu aporta frescura al órgano, mientras que el órgano pone en valor la capacidad del txistu como instrumento para interpretar música clásica. El txistu es dúctil, se acomoda a distintos estilos musicales, más allá de la música popular. Hay proyectos, como otro en el que participa Pello, llamado Aldapeko Latin Jazz, que, como su nombre indica, relaciona al txistu con el mundo del jazz. Se trata de un instrumento de un nivel de academicismo muy alto y prueba de ello es que puedes completar estudios de Grado Superior en Musikene”, indicó Arakistain.

Un proyecto común

Pello Irigoien e Ignacio Arakistain se conocieron hace unos años en Musikene, el Centro Superior de Música del País Vasco, donde ambos cursaron el grado superior durante cuatro años.

Los estudios les llevaron a conocerse en las clases de Música de Cámara, donde empezó a labrarse la idea de tocar juntos.

“Tuvimos un buen feeling, tanto a nivel personal como artístico. A partir de esa buena relación, empezamos a explorar la unión entre el piano y el txistu y vimos que la idea tenía recorrido. De hecho, tras los años de formación en la academia, decidimos dar continuidad a aquel proyecto una vez finalizados los estudios en Musikene”, manifestó Arakistain.

Un camino con tradición en el País Vasco

Arakistain e Irigoien no han sido los primeros músicos vascos en seguir esa senda.

Organistas como Tomás Garbizu y Ana Belén García, y txistularis como José Ignacio Ansorena y Garikoitz Mendizabal, ya han explorado ese camino, con conciertos protagonizados por ambos instrumentos, algo que para Arakistain entra dentro de la lógica.

“Lejos de ser una idea completamente nueva, el dúo de txistu y órgano cuenta con antecedentes históricos en el País Vasco, especialmente a lo largo del siglo XX. Esto no es casual: el País Vasco es una tierra con una fuerte presencia del txistu como instrumento identitario y, al mismo tiempo, cuenta con una notable tradición organística, con grandes órganos repartidos por iglesias y espacios históricos, en especial en Gipuzkoa. Por eso, aunque el dúo pueda parecer extraño a primera vista, en realidad resulta muy natural dentro del contexto cultural vasco”.

El ejemplo de Rosalía

En sus seis años de andadura, Bihodi ha realizado distintas grabaciones en formato audiovisual, que dieron comienzo con las que llevaron a cabo en Azkoitia y Deba, que se pueden encontrar en YouTube y que sirven como carta de presentación para festivales y programadores.

De hecho, Arakistain e Irigoien son conscientes del papel que las redes sociales juegan a la hora de acercarse al público. A

A finales de 2021 comenzaron a invertir en grabaciones de alta calidad, tanto en sonido como en imagen, con el objetivo de mejorar la difusión del proyecto y facilitar el contacto con festivales y programadores.

“La clave para llegar al público está en la divulgación y en mejorar la comunicación, especialmente a través de las redes sociales. Se busca atraer a la gente joven a la música clásica, pero también es importante recuperar al público de entre 45 y 60 años, que se mantiene distante de la oferta musical que se organiza. Para eso hace falta un trabajo serio de comunicación. Hay que saber llegar a la gente. Casos como el de Rosalía demuestran que, con una estrategia adecuada, es posible despertar el interés por la música clásica en nuevos públicos”.

Un nuevo camino

Tras varios años de intensa actividad, el dúo se encuentra ahora en fase de renovación.

Su intención es abrir una nueva etapa centrada en conciertos de txistu y piano, lo que les permitirá actuar en auditorios más pequeños y no depender exclusivamente de espacios con órgano, por lo general, grandes iglesias. “Venimos de un proceso de seis años en los que hemos hecho muchos conciertos y ahora queremos reactivar el proyecto, pero sustituyendo el órgano por el piano. Queremos recoger un poco lo sembrado. Buscamos poner en marcha un nuevo proyecto, echarle madera al fuego para reavivarlo y continuar con las actuaciones en directo, que es lo que realmente nos gusta”.

2026-01-02T14:03:17+01:00
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