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Bar España: el bulo de la pederastia y los ritos satánicos que sobrevivió 29 años llega a juicio contra sus difusores

Grabaciones de menores alimentaron una falsa trama de abusos y asesinatos que salpicó a políticos, jueces y empresarios
Fachada del antiguo Bar España, en Benicarló (Castellón), que dio nombre al bulo sobre una falsa trama de pederastia. / RRSS

Un bar de carretera de Benicarló acabó dando nombre a una falsa trama de pederastia que ha circulado durante casi treinta años. El relato incluía menores secuestrados, abusos, asesinatos y personajes poderosos que supuestamente podían garantizar su impunidad.

Las investigaciones judiciales desmontaron aquellas acusaciones, pero la historia siguió encontrando quien la difundiera. Este viernes, seis personas se sientan en el banquillo en Castellón por su presunta participación en la propagación del bulo.

Para entender qué fue el llamado caso Bar España hay que retroceder a 1997. Entonces todavía no existían las redes sociales que hoy permiten multiplicar una acusación en cuestión de minutos. Había una denuncia, unas niñas y un conflicto familiar. Después llegaron más testimonios, grabaciones y nombres propios, hasta convertir aquella historia local en una conspiración que encontró en internet una vía para sobrevivir.

Un local junto a la N-340

El Bar España era un establecimiento situado junto a la carretera N-340, a su paso por Benicarló, en Castellón. Tenía habitaciones en la planta superior, un detalle que sus impulsores incorporaron al relato para situar allí los supuestos delitos. Con el tiempo, el negocio pasó a llamarse restaurante Mediterráneo.

El antiguo Bar España, rebautizado como restaurante Mediterráneo, junto a la N-340 en Benicarló, en una imagen de archivo. TripAdvisor

La versión falsa sostenía que niños de un centro de menores cercano eran trasladados al establecimiento para sufrir abusos a manos de una organización integrada por personas influyentes. A los delitos sexuales se añadieron ritos satánicos, torturas y asesinatos. La historia también aseguraba que se grababan los crímenes y que las imágenes se comercializaban por grandes cantidades de dinero. Aquella red criminal no quedó acreditada.

El centro de menores Baix Maestrat y el bar se convirtieron así en escenarios reconocibles de la narración. La existencia de lugares reales y de personas identificables ayudaba a dar apariencia concreta a unas acusaciones falsas: había un edificio que podía fotografiarse, nombres que podían buscarse y vídeos que podían compartirse.

Todo empezó con dos niñas

En el origen estaba Reinaldo Colás, un peluquero de Benicarló que denunció a la pareja de su exmujer por supuestos abusos a sus dos hijas, de cinco y tres años. El señalado era Giuseppe Farina, antiguo presidente del Milan. La denuncia no prosperó, pero Colás mantuvo las acusaciones.

El archivo tampoco puso fin al relato. La jueza que había intervenido y otras personas relacionadas con el procedimiento acabaron incluidas entre sus nuevos objetivos. Según la reconstrucción de la Fiscalía, Colás emprendió una campaña de difamación que fue incorporando tanto a figuras públicas como a personas con las que mantenía enemistades. En 2013 fue condenado por acusación y denuncia falsas.

Fotograma de una de las grabaciones difundidas en torno al caso Bar España. Elaboración propia

Antonio Toscano tuvo un papel destacado en la expansión de las acusaciones. Presentado como investigador y experto en distintas materias, contribuyó a transformar la denuncia inicial en una supuesta organización de personas poderosas. El relato se conectó incluso con otros crímenes, como el de Alcàsser, ampliando su alcance mucho más allá de Benicarló. Maldita reconstruyó en 2019 ese proceso y recordó los archivos judiciales que contradecían la historia.

Las grabaciones de los menores

Las imágenes fueron decisivas. Colás convirtió la planta superior de su peluquería en un espacio de grabación y colocó a sus hijas ante una cámara. En aquellos vídeos, las niñas relataban supuestos abusos y amenazas. Las grabaciones, recuperadas años después por Equipo de Investigación, muestran cómo se utilizaban sus palabras para sostener las acusaciones.

Después se sumaron relatos de otros menores y jóvenes. Los vídeos contenían acusaciones de agresiones sexuales y, en la escalada de la historia, también de asesinatos. Colás llegó a denunciar la supuesta muerte de dos niñas y a buscar sus restos en la parte posterior del establecimiento. La gravedad de lo que se contaba fue creciendo sin que aparecieran pruebas que sostuvieran la trama.

Fotogramas de algunas de las grabaciones difundidas en torno al caso Bar España. RRSS

Según un auto de 2021, Colás hacía memorizar a los menores un guion antes de grabarlos. Quienes veían aquellas imágenes sin conocer cómo se habían preparado escuchaban a niños describir supuestos abusos con apariencia de estar contando una experiencia propia.

Esa era una de las claves de su impacto. En el reportaje televisivo de 2022, el psicólogo social Guillermo Fouce explicó la dificultad para imaginar que un padre pudiera manipular a sus hijos para relatar algo tan grave. La presencia de menores ante la cámara reforzaba la credibilidad del bulo y su carga emocional.

Cuando los protagonistas lo negaron

Con los años, algunos de quienes habían sido utilizados para dar credibilidad a las acusaciones explicaron que aquello no había sucedido. Las hijas de Colás negaron los abusos y la mayor contó que su padre les hacía repetir las historias y grababa aquellas supuestas confesiones antes de llevarlas a declarar. Maldita recogió sus testimonios al revisar el caso.

También hubo personas que descubrieron que circulaban declaraciones atribuidas a ellas. Un antiguo interno del centro de menores, localizado por Equipo de Investigación, negó haber sufrido los abusos descritos en una supuesta denuncia que llevaba su nombre. “No sé por qué circula esto por Internet”, afirmó ante el programa.

Su caso muestra otra consecuencia de la difusión: una persona podía desmentir el relato y, aun así, seguir apareciendo en internet como prueba de su veracidad. Las grabaciones y los documentos continuaban disponibles para nuevos espectadores que no necesariamente encontraban después la retractación.

Una lista de nombres que fue creciendo

El bulo terminó señalando a jueces, funcionarios, empresarios y dirigentes políticos. Carlos Fabra, Francisco Camps, Mónica Oltra y Gabriela Bravo figuraron entre las personas vinculadas falsamente con la supuesta organización. La acumulación de nombres conocidos aumentó la repercusión de la historia.

De izquierda a derecha, Carlos Fabra, Francisco Camps y Mónica Oltra, citados como testigos en el juicio contra los presuntos difusores del bulo del Bar España. Elaboración propia

Foros, blogs y páginas digitales mantuvieron aquellas acusaciones en circulación. Un auto de 2021 reprochaba a los investigados que no hubieran contrastado sus fuentes y que ocultaran las retractaciones de los menores y las condenas anteriores. La información que desmontaba el relato existía, pero no acompañaba a las publicaciones que lo seguían difundiendo.

El juicio, casi tres décadas después

Este viernes comienza el procedimiento contra seis acusados de difundir el bulo, con un editor de un medio digital como responsable civil. Se les atribuyen presuntos delitos contra la integridad moral, injurias y calumnias con publicidad. La vista tiene seis sesiones previstas, hasta el 26 de octubre, y más de treinta testigos, entre ellos antiguos cargos públicos afectados.

Los 29 años corresponden al tiempo transcurrido desde el origen de la historia, no a una única causa pendiente durante todo ese periodo. Hubo denuncias, investigaciones y resoluciones anteriores. Ahora se examina la responsabilidad de quienes presuntamente contribuyeron a prolongar una mentira cuyo escenario era un bar de carretera y cuyas consecuencias alcanzaron a personas que todavía hoy tienen que explicar que aquello nunca ocurrió.

15/10/2026