Política

“Aún queda camino para una mayor autocrítica sincera por parte de todos”

En el trabajo ‘Críticas, autocríticas, gestos y puentes’, el autor donostiarra repasa iniciativas en favor de la convivencia en el contexto de la violencia en Euskadi
Sabino Ormazabal posa con dos ejemplares de su trabajo 'Críticas, autocríticas, gestos y puentes'
Sabino Ormazabal posa con dos ejemplares de su trabajo 'Críticas, autocríticas, gestos y puentes' / Arnaitz Rubio

Actualizado hace 9 minutos

Sabino Ormazabal (Donostia, 1953) ha publicado, de la mano de la asociación Argituz, Críticas, autocríticas, gestos y puentes. En este libro se recogen reacciones, comentarios y posicionamientos que, en el contexto de violencia que se respiraba en Euskadi en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, priorizan el entendimiento y la empatía con el dolor ajeno. Veterano activista por los derechos humanos, Ormazabal repasa muchos de los pasajes más duros de la historia de Euskal Herria ocurridos desde 1961 hasta nuestros días, pero siempre remarcando aquellos gestos que ayudan a "cerrar heridas" frente a los que "ahondan aún más en la división", como se apunta en el prólogo. En alguno de los sucesos relatados en este trabajo, concebido como un "cuaderno" por completar, es protagonista el propio autor, encarcelado en el marco del sumario 18/98 y absuelto posteriormente. El periodista y escritor donostiarra confía en que la obra ayude a un examen introspectivo del lector, puesto que en relación con la violencia "aún queda camino para una mayor autocrítica sincera por parte de todos y todas".

¿Por qué decide escribir este cuaderno? ¿Y por qué ahora?

Durante años he ido recopilando numerosos hechos y declaraciones, a modo de un compendio de apuntes muy diversos con un enfoque plural, que en la Asociación de Derechos Humanos Argituz hemos considerado oportuno sacarlos a la luz. Se trata de una aportación más, para contribuir a hacer memoria y a reflexionar sobre el pasado de violencia vivido. Desde hace catorce años estamos en esta actividad de una forma u otra. En la web de Argituz constan una veintena de informes que hemos elaborado desde 2011.

Se ha escrito mucho sobre el conflicto vasco poniendo más énfasis en los aspectos más trágicos y dolorosos. Usted, sin embargo, destaca las actitudes de empatía en personas azotadas por la violencia. ¿Qué enseñanza pretende que se extraiga de ello?

Me gustaría potenciar todo lo que sea positivo y ayude a reconstruir la convivencia sobre bases más firmes. Es necesaria una mirada amplia, panorámica en la que se abarque todo lo sucedido, desde todos los lados. Por ello, es importante dar a conocer aquellas iniciativas y gestos que hoy adquieren gran relevancia, quizá desconocidos u olvidados al quedarse difuminados por la violencia, y que pueden servir como ejemplo de buenas prácticas. Me gustaría construir y destacar lo que nos puede llevar a superar situaciones destructivas. La violencia arrasa con todo lo que encuentra por delante, es como el fuego: lo puede quemar todo hasta que no quede nada. Sin embargo, antes de que eso ocurra es necesario detectar posiciones y actitudes que rompan con las dinámicas de polarización.

En el prólogo dice, sobre las bases de la publicación: “El primer ladrillo es la palabra. Nombra lo que ha sido el inicio del reconocimiento”. ¿Hay que hablar más de todo lo que ocurrió en esa etapa de actividad de ETA?

Sí, claro. Es necesario hablar y escuchar con generosidad. Hablar de todo y de todos. Desde los primeros años y de los posteriores. Antes de pasar página, hay que leerla y asimilar su contenido. Pero no solo en lo que respecta a ETA, sino también en lo que se refiere a todas las expresiones de violencia, incluida la ejercida por el Estado Español, como la guerra sucia, los GAL o la tortura persistente.

¿Es un trabajo pensado para que cada una de las personas que ha vivido ese conflicto como ciudadano mire a su interior y haga un examen crítico de las actitudes que mantuvo?

Puede ayudar a ello, sí. Y también para que quienes no conocieron esa época puedan tener otra perspectiva de lo que pasó. Para que nadie diga que no sabe de qué tiene que autocriticarse. Para que no se siga repitiendo que toda la población vasca estaba “enferma”. Para escuchar y contar la aportación positiva que está haciendo un número destacado de víctimas…Y no en una única dirección. Es una tarea que nos interpela tanto a nivel personal como colectivo. Cada cual tiene su propia lectura en relación con determinados hechos violentos que guarda en sus recuerdos, pero pienso que aún queda camino para una mayor autocrítica sincera por parte de todas y todos. Es nuestra aportación.

Va más allá y hace una invitación explicita al lector a hacer sus aportaciones desde sus respectivas experiencias. ¿Habrá alguna reedición con esas aportaciones?

Ya hemos recibido algunas aportaciones, casi todas ellas muy interesantes. Estaría bien que alguien cogiera el testigo, sería enriquecedor. Buscaremos la forma más adecuada para ello.

En el trabajo se refleja que la percepción sobre el uso de la violencia no ha sido algo inalterable en el tiempo, sino que ha ido fluctuando, tanto a nivel individual como en colectivos como partidos políticos, con el paso del tiempo y las circunstancias. ¿Hay que verlo como algo entendible?

Efectivamente, se puede decir que no ha existido una percepción unívoca según los distintos periodos y en función de las diferentes coyunturas políticas que se vivían. Más que entendible, se diría que la experiencia vital de haber sufrido una dictadura, individual y colectivamente, ha influido en cómo se percibía el uso de la violencia en un inicio. En cualquier caso, hay que subrayar que la cultura de los derechos humanos ha ido permeando en la sociedad vasca paulatinamente hasta llegar al rechazo de toda violencia, sea del signo que sea. Por eso, yo diría que no sólo es entendible. Es la evolución la que mejora la situación. El contexto cambia y hay que verlo también desde la condición humana y desde el pensamiento crítico en una sociedad que va evolucionando. Sin haber alcanzado -ni mucho menos- la perfección, ya quisieran en otros rincones del mundo haber podido progresar en la resolución de graves violaciones de derechos humanos como aquí. En varios municipios se lleva años trabajando en el entendimiento y en la convivencia, a través de foros de diálogo, que en algunos casos han conseguido cambiar dinámicas entre personas y familias que no se hablaban y han facilitado espacios para que las víctimas pudieran ser escuchadas por sus vecinas y vecinos. Dicho lo cual, hay que recalcar que aquí, repito, queda aún mucho por hacer.

Como apunta una frase que recoge de Teo Uriarte, exmiembro de ETA en el franquismo y después militante socialista, “analizar las razones desde el prisma actual no ayuda a la historia”.

Aunque no sea una práctica habitual, para analizar hechos violentos del pasado más lejano es conveniente conocer sus circunstancias y situarlos en sus contextos correspondientes. No para justificarlos, ni mucho menos, pero sí para tratar de comprenderlos y poder así extraer enseñanzas para el presente.

El perdón es una palabra y un concepto que aparece constantemente en el recorrido histórico que hace desde 1961, tanto ofrecido por las víctimas hacia los victimarios como demandado en el otro sentido. ¿Hace falta, aún hoy en día, que se exprese más este perdón?

Sí, yo también distinguiría el perdón como idea/actitud perteneciente al ámbito de lo personal pero nunca exigible en términos de la aplicación del derecho. El perdón es algo personal y subjetivo. Como tal, sin duda ayuda en el marco restaurativo, pero no se puede exigir como ingrediente en derecho. En derecho, además, es difícil de definir. ¿Cuál es la definición jurídica exacta de perdón? También pueden darse otras formas de mostrar empatía, comprensión, proximidad o solidaridad ante el dolor. Expresiones como “esto que te sucedió nunca debería haber ocurrido” o similares, a veces pueden transmitir humanidad y sinceridad, incluso más que con la palabra perdón.

Entre los muchos testimonios recogidos, ¿hay alguno que le toque especialmente la fibra o que crea que exprese de forma más genuina la apuesta por la convivencia?

No está en mis apuntes, pero lo primero que me ha venido a la cabeza y me ha tocado la fibra enormemente, fue el último encuentro al que he asistido hace pocos días, titulado “Demos voz a los silencios”. Fue algo más que una charla coloquio, en la que participaron el exguardia civil José Aguilar (que quedó sin una pierna y malherida la otra, por una bomba de ETA en Altsasu; tenía 26 años y se casaba a las dos semanas) y Urko Amas (de 22 años entonces, que narró haber sido torturado salvajemente durante su detención por la Guardia Civil en Donostia, y después quedó en libertad sin cargos). Es difícil clasificar el ambiente que se creó en el intercambio generado entre los ponentes y la audiencia. Abrazos por todas partes.

En el cuaderno también se apunta cómo usted mismo fue detenido y después encarcelado dentro del sumario 18/98 unos días después de firmar un documento pidiendo a ETA una tregua duradera. ¿Aquella experiencia le reforzó en su visión de priorizar el tender puentes a cavar trincheras?

No fue la única vez. En 1991 me publicaron un artículo crítico en Egin sobre un atentado de ETA en Madrid que dejó malheridas a Irene Villa, de 12 años, y a su madre. De camino al colegio, una bomba explotó dejándole sin dos piernas y tres dedos de una mano a Irene, mientras su madre perdió un brazo y una pierna. Al parecer, el objetivo del atentado era un inspector de policía relacionado sentimentalmente con la madre. Se produjo un intenso debate en el periódico. Respecto a la pregunta con interrogación, me llevaría mucho más tiempo contestarla. El juez Garzón, el que no mira a los ojos, nos metió en ETA (rama Desobediencia Civil), que no existía, a todo el patronato de la Fundación Joxemi Zumalabe. Pasados 10 años, el Tribunal Supremo nos dejó libres. Lo que promueven es una actitud que no está sometida a la organización terrorista, se leía en Deia del 29 de noviembre de 2009. Nadie nos pidió perdón. De todas formas, los puentes no faltaron antes y después.

Precisamente, también se pone en valor el papel de estos manifiestos y, sobre todo, de grupos como Gesto por la Paz, Elkarri, Eraikiz, Ahotsak…

La aportación de estos grupos, junto a la de otras varias iniciativas, ha sido sustancial en el largo camino recorrido por la sociedad vasca en la búsqueda de una solución pacífica y dialogada, para acabar con las expresiones de violencia de todo signo que hemos sufrido durante décadas. Dicho de otro modo, son una muestra de que en el seno de la sociedad vasca y desde hace décadas han existido miradas críticas frente a la violencia. Estas iniciativas venían expresándose de formas muy diversas, al tiempo que ansiaban un futuro de convivencia desde el respeto a los derechos humanos.

¿Este trabajo le ha interpelado también a usted? ¿Le ha hecho plantearse más profundamente actitudes, posicionamientos pasados en diferentes épocas?

En más de una ocasión me ha trasladado al recuerdo y a la reflexión sobre determinados actos de violencia de distinto signo, a veces muy próximos y que me han dejado una huella imborrable (Mikel Salegi, Gladys del Estal, Inaxio Uría, Isaías Carrasco...). En cualquier caso, este trabajo me ha ayudado a ratificar, más si cabe, mi creencia en la defensa de los derechos humanos para todas las personas y en un sentido integral, así como en la resolución de los conflictos a través del diálogo.

2026-03-30T07:42:37+02:00
En directo
Onda Vasca En Directo