Mundial

Argentina tratará de discutir a la lógica

La tropa de Scaloni, aún liderada por Messi, persigue una gesta reservada a Italia y Brasil: conquistar dos Mundiales consecutivos en una era marcada por el desgaste y la igualdad
Leo Messi levanta el trofeo de campeón después de que Argentina lograra el título en Catar 2022.
Leo Messi levanta el trofeo de campeón después de que Argentina lograra el título en Catar 2022. / Europa Press

Actualizado hace 6 minutos

“No quiero ser una carga”. La frase encierra una paradoja. Leo Messi llega al que probablemente será su último Mundial decidido a no convertirse en el centro de gravedad de una selección que, precisamente, ha aprendido a ganar cuando el balón ya no pasa siempre por sus botas. El rosarino acepta la decrepitud y delega en la ayuda de su entorno para resolver partidos.

El peso del éxito es inescrutable. Pero existe un dicho popular que sostiene que lo difícil no es llegar a lo más alto, sino perpetuarse. Argentina acude al Mundial con la mochila de vigente campeona, una especie de arma de doble filo: el hecho puede dotar de confianza y seguridad o ser un lastre por la presión añadida de verse obligada a defender con honores su condición. Lo cierto es que la selección que dirige Lionel Scaloni está ante la oportunidad de firmar una hazaña histórica, algo que solamente la Italia de Vittorio Pozzo en 1938 y la Brasil de Pelé de 1962 lograron: conquistar una segunda Copa del Mundo consecutiva. Bajo el liderazgo del eterno Messi, la Albiceleste pretende abrir una puerta que la historia cerró hace más de seis décadas.

Tres títulos consecutivos

Desde aquella noche infinita del estadio de Lusail de diciembre de 2022, donde se proyectó uno de los mejores partidos de la historia de los Mundiales, Argentina transformó la victoria en rutina. La Copa América de 2021 estableció un punto de partida. El Mundial de Catar elevó a la generación de Messi a los altares y la posterior conquista continental en 2024, cuando el combinado firmó una gesta que solo habría logrado antes España, con la secuencia de títulos Eurocopa-Mundial-Eurocopa, confirmó que no se trataba de una inspiración pasajera, sino de un plantel consolidado con una identidad muy definida. Si algo caracteriza a Argentina es su jerarquía colectiva, sus automatismos y la confianza en una cultura competitiva excelsa.

El camino de clasificación para el Mundial reafirmó el estado del colectivo. Argentina actuó con una autoridad impropia de una selección que asiste a una transición generacional. Los Messi, Otamendi, Dibu Martínez o De Paul han ido combinando con jugadores que han ido adquiriendo protagonismo, como Almada, Julián Álvarez, Nico Paz o Gio Simeone. La Albiceleste cerró la fase clasificatoria en primera posición, con nueve puntos de diferencia sobre el segundo clasificado, Ecuador. Fue una etapa en la que estaban Argentina y luego el resto.

Messi sigue siendo el símbolo

Y llegados a este punto de fortaleza del grupo, la gran noticia de Scaloni es que esta Argentina no depende exclusivamente de un Messi que vive feliz con la sensación de haber cumplido su misión en el fútbol. “Estoy feliz, disfrutando de cada momento y muy ilusionado”, afirma. Sin embargo, el capitán, que cumplirá 39 años el 24 de junio, afronta su sexto Mundial, una cifra récord, sigue siendo el símbolo emocional y futbolístico. Es una fuente de inspiración dentro del vestuario, pese a que meses atrás pronunció con humildad para ESPN: “No quiero ser una carga. Me quiero sentir bien físicamente, estar seguro de que puedo ayudar y aportar cosas al grupo”. Con 13 goles, es el jugador más próximo al récord histórico de máximo artillero de la historia de los Mundiales, en poder del alemán Miroslav Klose, con 16. Pero sus compañeros opinan diferente. “Quien conoce a Leo sabe que siempre quiere ganar”, señala De Paul a ESPN. Pero ante su ausencia por lesión, el plantel se sostuvo con victorias de prestigio ante por ejemplo Uruguay o Brasil.

En esta transformación ha adquirido un rol fundamental Julián Álvarez. El delantero comenzó como suplente en Catar 2022 y hoy en día es un referente. Su movilidad, despliegue físico y capacidad para interpretar diferentes roles le permiten asociarse con Messi o asumir responsabilidades cuando el capitán dosifica esfuerzos. En su órbita también han crecido figuras como Enzo Fernández, Mac Allister o el citado Almada, piezas importantes en la actualidad.

Para el exinternacional Oscar Ruggeri, existen ciertos paralelismos con la Argentina de Diego Armando Maradona. El campeón del mundo en México 1986 considera que la influencia del capitán trasciende del césped. No es solo cuestión de talento, sino una forma de entender la competición. “El equipo de hoy tiene un capitán muy parecido al que teníamos en los 90, y creo que los guiará por el camino correcto”, analiza para ESPN. Messi es la brújula, sherpa del grupo.

Muchos ven en el estreno ante Argelia el principal escollo de la fase de grupos. Sin lugar a dudas, los pupilos de Scaloni tratarán de evocar –por aquello de evitar– lo sucedido en el estreno de Catar 2022, cuando Arabia Saudí protagonizó la primera gran sorpresa del torneo. En esta primera ronda los argentinos se verán posteriormente con Austria y Jordania.

Cuatro años son demasiados

Pese a que esta vez la campeona no figura entre las principales favoritas, en Argentina se vive de la esperanza. No obstante, la historia no concede ventajas. Desde que la Copa del Mundo nació en Uruguay en 1930, la mayoría de cuantos han tratado de reeditar el título han fracasado. Mario Kempes fue uno de los que lo intentó. Tras coronarse en 1978, acudió a España en 1982 con la voluntad de prolongar el reinado, pero Argentina quedó varada en la segunda fase. Y es que, como apunta el exdelantero, “los equipos te estudian más y todos quieren derrotarte”.

Además, Kempes advierte que cuatro años son suficientes para desgastar físicamente a cualquier generación, sobre todo en una época marcada por la saturación del calendario. Y ahí es donde se siembran las dudas de este grupo, que promedia 29 años de edad, con Messi y Otamendi, ambos de 38 años, como paradigmas de la longevidad. “No quiero que se termine nunca, pero soy consciente de que el momento se acerca. Se dará cuando se tenga que dar, mientras tanto voy paso a paso, viviendo el día a día”, dice Leo.

Lionel Scaloni dirige un entrenamiento de Argentina.

Lionel Scaloni dirige un entrenamiento de Argentina. Europa Press

"Entre las diez o doce que pelearán por la final"

Por de pronto, Scaloni prefiere liberar a los suyos de tensiones, de ese peso indescifrable del éxito. “Argentina está entre las diez o doce selecciones que van a pelear por llegar a la final”, proclama. “Argentina siempre ha ido de animadora. No cambiamos la expectativa por ser los campeones”, añade para borrar el vértigo al fracaso. Si bien, el seleccionador deposita su confianza en el vestuario: “Estos chicos están capacitados para soportar la presión”.

Y es que la experiencia de las finales ganadas ha generado una confianza difícil de explicar y complicada de neutralizar. Mirando al retrovisor de la memoria, Argentina recuerda con intensidad el Mundial de Italia 1990. La entonces campeona acudió lastrada por las lesiones y sin el brillo de cuatro años atrás, pero fue capaz de apelar a su orgullo para alcanzar la final. Este espíritu es el que tratará de invocar Scaloni, consciente de que el fútbol no entiende de favoritismos y de que este equipo ya desafió con éxito a los pronósticos en Catar. La historia determina que reeditar un título es algo reservado para privilegiados. Argentina tratará de discutir a la lógica.

2026-06-15T14:53:27+02:00
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