Actualizado hace 3 minutos
Tras una vida de sacrificios dedicada a la natación artística, la seleccionadora estatal Andrea Fuentes desvela todos los retos a los que ha tenido que enfrentarse a lo largo de su carrera en el documental de Movistar Plus+, Locura artística. Desarrollando su Método Fuentes, la antiguamente nadadora catalana demuestra que es posible brillar en el deporte de élite sin perder la identidad y la vida por el camino.
Tiene una carrera llena de éxitos, ¿qué le motivó a demostrar que el talento va más allá de los resultados, centrándose en su visión y en el Método Fuentes?
Cuando empecé a ser entrenadora en Estados Unidos tenía que aprender mi oficio en sí y tenía claro que no quería entrenar de según qué manera, sino que quería innovar. A base de prueba y error vi lo que las nuevas generaciones necesitan para llegar a su máximo potencial. Descubrí que tienen mucha más atención y se lo toman mucho mejor, y rinden mucho mejor, de una manera en la que la salud mental se respeta. Me di cuenta de que estaba formando una metodología de entrenamiento que era un poco diferente a lo que estamos acostumbrados en el deporte de élite en general.
De hecho, ha escrito un libro centrado en la salud mental: Mentalidad, propósito, pasión.
Sí, ha salido hace nada, este febrero. La verdad es que ahí hablo mucho de este método con más detalle. Sobre todo, de que cuando miras hacia atrás después de toda la historia, ves que no tiene que ser solo de éxito, sino también de cuidado propio, de respeto mutuo y de poder contar la historia sin lagrimillas cayendo por la mesilla. Como si dijéramos: “Sin necesitar terapia”. Porque muchos, demasiados, deportistas tienen éxitos a costa de la salud mental, y creo que ya es hora de cambiarlo.
Su hermana Tina fue una figura central en su vida y carrera. ¿Sigue su camino juntas en la sincronizada influyendo en su forma de entender el deporte?
Una de las personas más auténticas que conozco era mi hermana. Y para mí la autenticidad es uno de los cuatro pilares que más valoro en mi método. Tiene que ser un camino propio, que lleve tu ADN inscrito, y no el de pretender ser de otra manera que no resuene contigo. También porque la autenticidad crea lazos de confianza mucho más fuertes. No hay mentira, no hay un personaje formado, es la realidad tal y como es. Para mí la transparencia hace que los lazos de confianza dentro de un equipo sean mucho más fuertes, y eso hace unión.
Cuenta en el documental que su periplo en EEUU no fue “el sueño americano”: piscinas prestadas, poco presupuesto... ¿No es sorprendente que hasta en el deporte de élite exista la precariedad?
Depende, porque nuestro deporte vecino, que es la natación, de precariedad nada... Tenían 60 millones de presupuesto, nosotros 60.000 en total. Ahí es muy meritocrático, al principio era: “Cuando nos demostréis que podemos confiar en vosotros, os daremos dinero”. Así que hubo que hacer mucho pico y pala, y ganárselo para conseguir un poco de presupuesto, que no llegó ni al 10% de lo que ganaba natación. Pero aun así lo conseguimos y fue también parte de la historia. De decir: “¿Sabes qué? Que no nos vamos a conformar con que hay pocos recursos y esos son límites, sino que lo vamos a conseguir igualmente”. Eso nos hizo ser creativos, nos hizo buscar soluciones fuera de lo convencional. Es parte de la belleza de la historia en sí.
Tras la medalla de plata olímpica, se convirtió en la seleccionadora del Estado y fue pionera en incluir a hombres como Dennis González en el equipo. ¿La inclusión masculina es necesaria para romper los paradigmas que tiene la sincro?
Sí, claro. Mira que hace años que está la sincro masculina ahí luchando... Lo que pasa es que nunca había ganado nadie en un pódium con un chico dentro. Así que por eso somos los primeros en conseguirlo. Está el dúo mixto, pero porque tiene que tener un chico sí o sí, sino no sería mixto... Pero creo que la gran proeza de esto va más allá del deporte. Es un símbolo potente, de liberar los propios tabús que tienen los hombres dentro de sus propias limitaciones. Como parte de la sociedad, en eso encuentro que están más limitados que las mujeres: en ese tipo de tabús sobre tradiciones masculinas o femeninas. Creo que abre puertas a muchos sueños de muchos niños. No solo Dennis, Jordi también está en la selección y está empezando a despuntar. Cada vez somos más y cada vez se apuntan más niños a los clubes. Así que para mí es un gran progreso.
De hecho, usted fue una niña que creció en ese entorno de alta competición. En Locura artística menciona que buscaba ayudar a que esos niños y niñas cumplieran su sueño. ¿Qué les diría?
Creo que el deporte es muy bueno como escuela de vida. Te hace conocerte a fondo y tener relaciones sociales con un equipo que llegan mucho más allá de lo que sería un trabajo normal. Enseñamos lecciones que no se enseñan en ninguna escuela. Invertir el máximo esfuerzo para conseguir lo imposible, añadiendo además construir recuerdos inolvidables y que haya valido la pena el camino en sí. Que sigan sus sueños, pero sobre todo que lo hagan mientras les compense a nivel vital, no solo a nivel utilitario.
¿Es en esos recuerdos donde se sentiría orgullosa de permanecer por las medallas ganadas y por haber sido la que ha cambiado las reglas del juego?
Lo que me gusta de las medallas es que, aparte del reconocimiento y la autoconfianza en que vamos bien, gracias a ellas llegamos a más personas. El círculo de influencia es mucho más grande. Si nos lo pasamos bien y rendimos mucho, pero aquí no gana ni su abuela, pues no es alto rendimiento. Entonces, no cambio las reglas del juego. Siempre he tenido muy claro que tengo que conseguirlo ganando medallas, porque así el círculo de influencia se expande y se demuestra que se puede cambiar la manera de ganar medallas. Ese es mi máximo objetivo, no solo para mi equipo, sino para nuestro deporte entero y también para otros deportes, en los que sé que pasa lo mismo.