El pasado 13 de julio, Enric Daza, actual portavoz de Junts en el Ayuntamiento de Cambrils, anunció que será el candidato a la alcaldía de dicho municipio tarraconense -lugar de veraneo para muchos vascos- por Aliança Catalana (AC). Esto ocurrió apenas cuatro días después de hacerse público el último Barómetro de Opinión Política elaborado por el Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat de Catalunya, que confirmaba el ya augurado sorpasso de la formación independentista de ultraderecha sobre el partido que preside Carles Puigdemont. Según este estudio, AC pasaría a ser la tercera fuerza en el Parlament catalán -por detrás del PSC y ERC- en el caso de celebrarse ahora unas elecciones, impulsada por un salto gigantesco que la llevaría de sus dos diputados actuales a una horquilla que oscilaría entre 23 y 25. Esto le situaría muy por encima de un Junts en caída libre, que perdería la mitad de su representación al pasar de 35 a entre 16 y 18 asientos.
El imparable crecimiento de la formación liderada por Silvia Orriols está revolucionando un panorama político como el catalán, más que acostumbrado a los sobresaltos y revolcones. De mantenerse en estos parámetros, depararía un escenario inédito, en el que convivirían dos partidos de postulados ultraderechistas -AC y Vox-, enfrentados en la cuestión identitaria y que, lejos de ser alternativas residuales, podrían representar juntos más del 28% de los escaños y un 27% del porcentaje de intención de votos. De este modo, Catalunya tendría el dudoso honor de convertirse en el principal escaparate a nivel estatal de la oleada extremista que sacude al planeta entero.
La fuga de un cargo público como Enric Daza de un Junts en horas bajas a la pujante Aliança Catalana, pese a lo llamativo de la misma, no es más que la punta de un iceberg mucho más preocupante para el partido heredero de la extinta Convergencia Democrática de Catalunya (CDC), ya que esconde bajo la superficie un sangrante trasvase de votantes hacia AC que el sondeo del CEO -conocido como el CIS catalán- cifra en un 28%. Daza explicó el paso dado por su intención de “recuperar el orden” y “reforzar la seguridad” en Cambrils. Precisamente esa preocupación por la inseguridad es la bandera con la que Aliança parece haber conectado con miles de catalanes preocupados por esta cuestión, pero que rechazan el españolismo anticatalanista de la otra fuerza que se aferra a ella, como es Vox. No en vano, y aunque los de Abascal siguen creciendo en Catalunya a costa de un PP menguante -bajaría de 15 a 12-13 escaños- al que darían caza, verían como un buen pellizco de electores que en 2024 introdujeron su papeleta optaría ahora por la de AC. No se trata de una aportación menor, ya que supondría el 23% de los nuevos apoyos al partido de Orriols.
Orriols, de las juventudes de Esquerra a líder ultra y alcaldesa de Ripoll
Silvia Orriols (Vic, 1984) lleva más de media vida militando en política. Paradójicamente, aunque en la actualidad se sitúa en las antípodas de la izquierda por sus posiciones en materia de inmigración y se declara abiertamente islamófoba, se inició en las juventudes de Esquerra Republicana.
Tras abandonar esa organización, sin haber llegado a cumplir los veinte años, participó en las elecciones europeas de 2004 en las listas de Estat Català, el centenario partido que en 1922 fundó una de las figuras históricas del independentismo catalán, Francesc Macià. Sin embargo, pronto empezaría a marcar su propia senda en la política catalana. Primero, creando Els Intransigents, un colectivo con tintes supremacistas catalanes. El germen de la islamofobia que ya afloraba eclosiona a raíz del doble atentado yihadista de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils, en el que participaron jóvenes musulmanes de Ripoll y se saldó con 16 muertos.
En 2019, Orriols es elegida concejal del consistorio ripollés bajo las siglas del Front Nacional de Catalunya (FNC), pero sus posiciones frente a lo que entendía como islamización del país generan tensiones con otros miembros del partido, el cual abandona para seguir como edil no adscrita. Tras ello, en 2020 funda Aliança Catalana, que en las municipales de 2023 fue la fuerza más votada en Ripoll. El cordón sanitario que intentaron pactar el resto de candidaturas no cuajó y Orriols se hizo con una alcaldía que, a día de hoy, compagina con su escaño en la Cámara catalana.
Madre de cinco hijos, la líder de AC, a quien el Parlament ha expedientado por “acoso sistemático” a la diputada musulmana de ERC Najat Driouech, realiza todas sus intervenciones en catalán. Su negativa a hablar en castellano generó controversia cuando llevó a que Antonio Naranjo abortara una entrevista con ella en Telemadrid por este motivo. También su fórmula habitual para acabar los discursos, al grito de “Mori Espanya (muera España) i visca Catalunya” es objetivo de los dardos de la ultraderecha española, con la que tiene mucho que ver, pese a que ella aseguraba en una entrevista con La Vanguardia sentirse más cerca de la CUP que de Vox puesto que prioriza más “el eje nacional”.
Esto explica, sin duda, el que aunque el primer punto del programa de Aliança Catalana es “la realización de una declaración unilateral de independencia y toma de control del territorio” en caso de contar con la mayoría absoluta en el Parlament, no sea la fuerza con mayor porcentaje de apoyo independentista. Según el estudio del CEO de la Generalitat, poco más de la mitad de las personas que le daría su voto -el 55%- se enmarcan en esta opción, muy por detrás de lo que ocurre en la CUP (89%), Junts (82%) e incluso ERC (59%). Y, curiosamente, en relación al eje izquierda-derecha, los potenciales votantes de AC se sitúan más cerca del centro, con 5,7 en una escala del 0 -extrema izquierda- al 10 -extrema derecha-, que los de Vox (7,0) e incluso que los del PP (6,4).
Al hilo de lo explicado, si la defensa de la independencia es una clave de bóveda para AC, no lo es menos su rechazo a la inmigración, que el estudio del CEO sitúa como el segundo problema más importante de Catalunya -destacado por un 10% de los encuestados-, muy por debajo del acceso a la vivienda (28%) pero con idéntico índice que el tercero, la inseguridad ciudadana, que la extrema derecha insistentemente vincula al fenómeno migratorio. “En Catalunya no cabe todo el mundo”, apunta el partido en su programa electoral, abundando en que “si necesitamos inmigración, ésta debe ser tan sólo la que nos beneficie económicamente y no diluya la cultura catalana”. Por ello, abogan por una moratoria en esta materia. “Necesitamos cerrar las fronteras a los inmigrantes económicos hasta que Cataluña vuelva a tener capacidad de integrar a los extranjeros en la lengua catalana. Promoveremos una política migratoria restrictiva hasta que el nivel de paro baje y los salarios aumenten a niveles europeos”, indica.
Entre los algo más de dos millones de personas nacidas en el extranjero que residen en Catalunya, según datos de 2025 del Instituto de Estadística de dicha comunidad, casi la mitad -el 47,4%- procede de América. No obstante, el país con mayor representación es Marruecos, superando los 303.000 habitantes, muy por delante de Colombia (160.238) y Argentina (116.720), que completan el podio. Si a ello sumamos la aportación de otras naciones de mayoría musulmana, como Argelia (15.520), Senegal (30.241) o Pakistán (74.418), el resultado nos da una pista de por qué AC imposta a su discurso xenófobo un marcado acento islamofóbico. “Queremos la preservación de de nuestra nación y la restitución de un Estado catalán libre, próspero, seguro y plenamente occidental”, afirmaba en una entrevista concedida a RTVE Silvia Orriols, quien además atribuía a los movimientos migratorios “el crecimiento irracional de la delincuencia”. Por ello, en su programa, su partido propone varias medidas para aumentar los recursos y la presencia de la Policía y aseguran que impedirán que en el área de Asuntos Internos se dediquen “a fiscalizar y atemorizar a los policías que realizan el trabajo para perseguir a delincuentes, okupas, gente incívica y MENAs”.
Más allá iba su compañero de partido, Jordi Aragonés, considerado el ideólogo de AC. En un artículo publicado hace un par de años en el digital catalán E-noticies, el primo del expresident de la Generalitat por ERC, Pere Aragonés, advertía de los “efectos de la inmigración incontrolada” al augurar: “Veremos arraigar con fuerza contra-comunidades de barbudos que querrían ver nuestras leyes tuteladas por el Corán y, de igual modo, veremos jóvenes con chándales del PSG increpando a gays que salen del Cangrejo del Raval o clérigos musulmanes que llaman a matar infieles y organizan atentados en territorio catalán”. Además, se adelantaba al concepto de “prioridad nacional” acuñado por Vox al proclamar la necesidad de “guiarnos por el principio de Catalunya Primer y priorizar a los catalanes en todos los servicios públicos”.
El antiislamismo de AC se ha visto además reflejado en acciones como la censura ejercida en 2024 por Orriols, en su calidad de alcaldesa de Ripoll (Girona), al vetar el cartel ganador de las fiestas de la localidad, en el que entre una multitud de personas aparecía representada una chica con velo. “Lo que no haremos es normalizar la vejación de la mujer”, argumentaba. O también en el recurso jurídico presentado en 2025 frente a la adjudicación por parte del Ayuntamiento de Lleida de un terreno para la construcción de una mezquita.
Apoyo incondicional a Israel
Del mismo modo, la islamofobia ha tenido traslación a sus posiciones en política exterior, donde AC se equipara absolutamente a la línea marcada por otros movimientos ultraderechistas a nivel internacional. Ligado a esa concepción de superioridad de la civilización occidental frente al mundo islámico se sustenta su apoyo incondicional a Israel y a su primer ministro, Benjamín Netanyahu. En una entrevista publicada hace un año por Crónica Global, Silvia Orriols expresaba su admiración por el primer ministro hebreo. “Si yo fuese israelí, me sentiría orgullosa de lo que está haciendo el Gobierno de Netanyahu y de pertenecer a una nación que no deja atrás a ninguno de sus ciudadanos, que hace lo posible para recuperarlos a todos”, añadía la líder de AC, quien en más de una ocasión ha lucido la bandera israelí. No se trata de una convicción personal, sino de una directriz de partido. En una jornada de formación del partido, Jordi Aragonés afirmaba que el que enfrenta al Estado hebreo y Palestina “es un conflicto entre civilización y barbarie”. Agregaba, en línea con lo manifestado en su día por José María Aznar, que “Israel es el último dique de contención ante el terror islamista que llegará a Al-Ándalus”, por lo que la victoria israelí “es también la victoria de Occidente y de Catalunya”.
No hay grandes diferencias entre los programas que pueden consultarse en las páginas web oficiales de Aliança Catalana y Vox, más allá de la reivindicación de la independencia de Catalunya por parte de unos y la encendida defensa de la unidad de España, por otros, con sus derivaciones culturales y lingüísticas. Ninguno de los dos dedica un apartado específico a lo relacionado con mujer e igualdad, aunque al menos el de AC contempla el refuerzo de las unidades especializadas en la prevención y lucha de la violencia de género. Por el contrario, su homólogo españolista aboga por derogar la Ley Integral de Violencia de Género “que consagra la asimetría penal y la desigualdad entre hombres y mujeres”, relegando la cuestión a una “violencia en el ámbito doméstico”. En este sentido, el liderazgo unívoco de una mujer, Silvia Orriols, que se autoproclama feminista y defensora de la la identidad de género y los derechos del colectivo LGTBI, hace que AC se libre del pestazo a testosterona que impregna a la formación comandada por Santiago Abascal. No en vano, su dirección expulsó del partido al alcalde de Ribera d’Ondara (Lleida) por tildar en X de “cáncer” al movimiento LGTBI con motivo de la celebración del día del orgullo.
Segunda líder mejor valorada
Quizás eso ayude también a que Orriols (8%) se sitúe como la segunda líder preferida para presidir la Generalitat, a mucha distancia del actual president, el socialista Salvador Illa (18%), pero por delante del portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián (7%) y del máximo dirigente de este partido, Oriol Junqueras, igualado al 5% con su homólogo de Junts, Carles Puigdemont, sin duda penalizado por su exilio en Bélgica. La cara visible de Vox en Catalunya, Ignacio Garriga, ni aparece en la lista y se queda incluido en el 7% del apartado de otros junto a los candidatos de la CUP, los Comuns, etc. Orriols y Rufián son los únicos que han visto subir su valoración en el último año.
Mientras tanto, AC sigue reforzando su plantilla. Esta misma semana se ha dado a conocer el fichaje de Oriol Giralt como candidato a la alcaldía de Sant Andreu de Llavaneres. Conocido por ser el socio del Barça que planteó en 2008 una moción de censura contra el presidente blaugrana, Joan Laporta, Giralt fue cabeza de lista por Junts esta localidad, en la que es ahora concejal no adscrito.
El resto del independentismo, en guardia
La eclosión de Aliança Catalana ha puesto en guardia al resto de actores del independentismo, que se preparan para el combate contra este nuevo aspirante a comandar dicho segmento político. Tras conocerse los buenos resultados de los ultras catalanistas, el secretario general de Junts, Jordi Turull, defendía su fórmula basada en un “humanismo cristiano, integrador y profundamente democrático” frente a la “polarización, los extremismos y los discursos que alimentan el odio”. Y Gabriel Rufián calificaba de “vergüenza nacional” la posibilidad de que Aliança Catalana, con su horquilla prevista de 23-25 diputados, pudiera incluso batir también a ERC (24-26) y situarse como segunda fuerza, solo por detrás del PSC de Illa (36-38), por lo que instaba a su propio partido a centrar sus esfuerzos en atajar la progresión de los de Orriols, ya que “el resto es triunfalismo endogámico e infantil”. No será tarea fácil, vistos los vientos extremistas que soplan a un lado y otro del Atlántico. En Catalunya, además, la bandera independentista puede confundir a un electorado incapaz de vincularla a una extrema derecha a la que, automáticamente, asocia con el españolismo más rancio. Corren nuevos tiempos, pero el facha, se vista con la senyera o con la rojigualda, facha se queda. - NTM