“Alemania llegará a semifinales y volverá a perder contra España”. Así, breve pero rotundo, se pronunció Lothar Matthäus, una de las grandes figuras del fútbol alemán, sobre el papel que cumplirá la selección alemana en el Mundial. Es una muestra del crédito que se otorga al grupo de Julian Nagelsmann en su país. El discurso suena a crítico, como falto de confianza en el relevo generacional. Pero según se mire, Matthäus puede ser catalogado de optimista. Desde que Mario Götze anotara en el minuto 113 en la prórroga de la final de 2014 frente a Argentina, en el bullicioso estadio Maracaná, en lo que derivó en la cuarta estrella para la camiseta germana, Alemania solo ha ganado dos partidos en la Copa del Mundo. Un número decepcionante para la segunda selección con más títulos de la historia: posee cuatro junto a Italia, y solo es superada por la pentacampeona Brasil.
Doce años después de levantar el trofeo en Río de Janeiro, la Mannschaft aterriza en Norteamérica tratando de escapar de su propia sombra. ¿Qué sucedió con una de las selecciones más fiables de la historia, aquella que llevó al célebre delantero inglés Gary Lineker a acuñar la frase de “el fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre ganan los alemanes”?
Cuatro títulos, ocho finales y desastre
Y es que entre 1954 y 2014, Alemania construyó una reputación casi inquebrantable. Alcanzó cuatro títulos mundiales, disputó ocho finales y en consecuencia consolidó la certeza de una capacidad extraordinaria para competir. Sin embargo, aquel gol de Götze dio un giro a la dinastía.
Rusia, con Joachim Low, y Catar, con Hansi Flick, dejaron una profunda huella. Dos Mundiales seguidos sin superar la fase de grupos. La excepción hecha tendencia. La campeona de 1954, 1974, 1990 y 2014 quiere convencerse de que el relevo generacional logrará recuperar el terreno perdido. “Vamos a ser un equipo difícil de superar”, advierte Rudi Völler, director deportivo de la selección. La frase es una declaración de intenciones. Ya no se habla de una candidatura al título con la naturalidad de otra época, sino que esconde la idea de una selección que anhela volver a ser competitiva.
Nagelsmann, el seleccionador más joven de la historia
Nagelsmann representa la nueva hornada de técnicos. Un tipo más flexible en los sistemas que sus predecesores y mucho más obsesionado con la gestión de grupos. El fútbol actual trata de explotar la psicología, ese apartado que, dicen los expertos, aún guarda un margen considerable para establecer diferencias competitivas. A punto de cumplir 39 años, el seleccionador alemán ha insistido en que el éxito en un torneo corto depende tanto del talento como de la convivencia.
“No se trata de pensar en lo que ocurrirá dentro de tres o cuatro semanas. Lo importante es la siguiente tarea, el siguiente entrenamiento, el siguiente partido”, ha subrayado este técnico que colgó las botas a los 20 años debido a una serie de graves lesiones y se convirtió en el entrenador más joven de la Bundesliga –dirigió al Hoffenheim con 28 años–, la Champions League y ahora de una fase final de un Mundial. Tiene además el honor de ser el entrenador más caro de la historia. El Bayern Múnich pagó 25 millones de euros al Leipzig por hacerse con sus servicios.
Manuel Neuer, el único campeón mundial de la actual selección alemana.
Nagelsmann tampoco ha impuesto una revolución. Muestra de ello es la inclusión del eterno Neuer, que a sus 40 años puede decir en el vestuario que ha visto cosas que nadie creería. De hecho, es el único campeón mundial del plantel actual. Es la memoria del vestuario. El portero se apartó de la selección, pero el técnico ha decidido recuperarle para ejercer de nuevo como titular. “Se trata de quién encaja con quién. Puede haber decisiones que resulten sorprendentes para los jugadores y para la opinión pública”, explicó el seleccionador para justificar la elección de los convocados, entre los que destaca el capitán, Kimmich, otro curtido en mil batallas.
En manos de Musiala y Wirtz
Si Neuer representa el pasado, la veteranía y experiencia que ha reclutado Nagelsmann, Musiala y Wirtz son los llamados a liderar a una nueva generación, junto a Lennart Karl, pero este tuvo que ser sustituido a última hora por una lesión. Tanto Wirtz como Musiala, quien se recuperó recientemente de una lesión sufrida el pasado agosto, han asumido un papel central en el proyecto de Nagelsmann y son considerados las piezas capaces de devolver a la selección la capacidad de desequilibrio que perdió tras la retirada de varias figuras históricas.
La evolución de esta nueva hornada de alemanes determinará buena parte de las aspiraciones alemanas. Y es que el problema en los últimos Mundiales no fue solo defensivo, lo que esperan corregir Tah o Schlotterbeck en el eje de la zaga. Alemania también perdió la capacidad de decidir partidos cerrados, una virtud que había definido a sus mejores equipos. Ahí es donde aparece la trascendencia de los Wirtz o Musiala, acompañados por un bloque versátil donde también sobresalen los Goretzka, Sané o Havertz.
Para Nagelsmann, la posición y el espacio que ocupan sus los jugadores bajo “alta presión” es uno de los asuntos prioritarios. “Aún podemos mejorar ahí. Y tenemos que aprovechar nuestra buena ocupación en el último tercio aún más eficazmente para conseguir ocasiones claras”, señala. El técnico también tiene en cuenta el contexto, con alertas por olas de calor. “Tenemos que prepararnos para diferentes situaciones de juego. Si jugamos en Nueva York a 40 grados, no podemos atacar durante 90 minutos. Cuando defendemos alto, tienes que hacerlo con el 100% de intensidad; si no, nos replegaremos. Tenemos que encontrar un buen punto medio”, explica.
Debut ante Curazao
El debut frente a Curazao, la selección del país más pequeño del torneo, quizás no sea la mejor evaluación para el estado de una Alemania que aterriza en el Mundial inmersa en una racha de nueve victorias consecutivas, la mejor secuencia en 46 años. Paradójicamente, en esa cita estarán el seleccionador más joven de la historia y el más veterano, ya que Dick Advocaat dirigirá al combinado caribeño a sus 78 años. Schlotterbeck subrayó que el rival merece respeto pese a su condición de debutante y aseguró que Alemania quiere recuperar las señas de identidad que históricamente la distinguieron. “Sé lo buenos que somos. No tenemos que escondernos”, declaró el central del Borussia Dortmund, que aparece en las quinielas para mudarse al Real Madrid. “Somos un equipo de primer nivel con buenos jugadores individuales. Tenemos virtudes alemanas, como la disciplina, la pasión, la resiliencia… Si lo llevamos al campo, seremos muy buenos”, añadió.
La prudencia ante Curazao, que precederá a los duelos frente a Costa de Marfil y Ecuador, no es casual. En 2018 todo se torció con una derrota ante México. Cuatro años después, Japón desmontó el proyecto de Flick en apenas media hora. Aquellas caídas transformaron la percepción internacional de Alemania. Lo que antes inspiraba temor empezó a generar dudas. Por eso, este Mundial es una prueba de credibilidad. Nagelsmann no tiene excusas después de tres años al frente de una selección que busca recuperar el prestigio perdido. No figura entre las grandes favoritas, pero a nadie sorprendería una brillante actuación de un grupo que atesora talento y ganas de consolidarse de manera definitiva en el panorama internacional.