Actualizado hace 9 minutos
Hoy en día, los niños y niñas tienen presencia digital incluso antes de nacer. Ecografías, fotos de los primeros días, vídeos de sus primeros pasos, cumpleaños, vacaciones o incluso logros escolares han pasado del álbum familiar a internet. Aunque en la mayoría de las ocasiones no se haga con mala intención, y lo único que se quiera es compartir esos buenos momentos, lo cierto es que publicar una imagen de un menor plantea importantes retos para la privacidad, la protección de datos y los derechos de la infancia.
Otro de los peligros son los costes que sufren los menores cuando acceden a internet y, más concretamente, a las plataformas digitales: la pérdida de sueño, la ansiedad o las autolesiones. Por ello, la Comisión Europea propuso recientemente restringir en la UE el acceso a menores de trece años a las redes sociales. Ahora, la ONG Aldeas Infantiles SOS ha presentado el informe 'Crecer en el escaparate digital. Claves para prevenir el sharenting o sobreexposición de nuestros hijos e hijas en internet', un documento que combina el análisis de estudios y estadísticas con las voces de especialistas y los testimonios de familias y adolescentes, el cual advierte de los efectos sobre la intimidad, la salud emocional, la huella digital y la seguridad infantil, y ofrece pautas para que familias y otros adultos de referencia protejan el derecho a la privacidad y a la propia imagen de niños, niñas y adolescentes en internet.
Además de las imágenes difundidas por los adultos, el informe detalla que también existen los datos que recopilan asistentes virtuales, juguetes inteligentes, relojes conectados, aplicaciones y plataformas educativas sobre sus voces, ubicaciones, hábitos, preferencias y patrones de aprendizaje. Ambas situaciones combinadas, "pueden configurar un perfil muy detallado de cada uno de ellos que es utilizado para personalizar contenidos y publicidad, prolongar el tiempo de uso e influir en decisiones de consumo", detallan desde la organización.
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De hecho, según los datos ofrecidos por la entidad en el documento, "el 47% de las familias españolas publica fotos de sus hijos y nietos menores de edad en internet". La directora de la entidad de infancia, María del Mar Líndez, ha destacado que "no se trata de culpabilizar a nadie, sino de tener información porque la mayoría de las familias comparte estos contenidos con buena intención y sin conocer plenamente sus posibles consecuencias". Por su parte, la divulgadora experta en sharenting, Natalia Díaz, comenta que cuando se consume este tipo de contenido, "nos convertimos en una especie de voyeurs" de la vida íntima de otras personas porque esos niños y niñas que "estamos viendo no han decidido tener espectadores ni participar en un programa de telerrealidad".
Antes de publicar
Para prevenir el sharenting, un término anglosajón que combina share (compartir) y parenting (crianza), Aldeas Infantiles SOS defiende que "es necesario disponer de información que permita tomar decisiones conscientes". Por ello, sostienen que la opción más segura es "no publicar imágenes ni datos de niños, niñas y adolescentes en internet", pero "si se decide hacerlo", 'Crecer en el escaparate digital' plantea recomendaciones en cuatro ámbitos.
En primer lugar, destacan que antes de publicar se debe "valorar la finalidad, pedir permiso al menor según su edad y madurez y evitar contenidos íntimos, comprometidos o que revelen información personal". En segundo lugar, comentan que otro consejo es limitar la difusión, es decir, reducir la audiencia, revisar la configuración de privacidad, las publicaciones antiguas y los consentimientos concedidos a terceros; acordar con familiares que no reenvíen ni publiquen las imágenes. En tercer lugar, afirman que hay que respetar la imagen de otras personas, no publicando, etiquetando o difundiendo imágenes sin consentimiento. Por último, detallan que se debe educar en privacidad, enseñar a niños, niñas y adolescentes sus derechos y responsabilidades, así como actuar con coherencia, pidiendo permiso y respetando una negativa; y evitar que la cámara sea una presencia constante en la vida familiar.