El verano del tenis transcurre sin Carlos Alcaraz, que vive rodeado de un halo de misterio respecto a su lesión de muñeca, sobre la que apenas existen datos concretos más allá de una férula visible a los ojos del mundo. Mientras el circuito enlaza torneos y los focos se centran en el número 1, Jannik Sinner, que aprovecha las vicisitudes para enriquecer su palmarés, el murciano libra una batalla desde la sombras. No hay trofeos en juego ni puntos que defender sobre la pista. La prioridad del tenista de El Palmar es otra: recuperar una muñeca que desde mediados de abril, en concreto el día 14 cuando fue su última puesta en escena en Barcelona, ha obligado a detener en seco una temporada que hasta entonces había vuelto a reafirmarle como referente del circuito.
La impaciencia, tan habitual en el deporte de élite, ha desaparecido del discurso del entorno del murciano. La palabra que se repite es “prudencia”. Porque la experiencia ha enseñado que precipitar un regreso puede hipotecar el resto del curso, e incluso el futuro más lejano. En un calendario cada vez más exigente, donde apenas existen ventanas para el descanso o la recuperación, la gestión de las lesiones se ha convertido en algo imprescindible.
“Desde casa estoy viendo los resultados, estoy viendo a mis rivales competir, los torneos en los que yo querría estar participando y no puedo. Pero, al final todo pasa por algo, yo creo que es el destino y que la vida me tendrá algo preparado para cuando vuelva, algo bonito, espero”, declaró a finales de mayo, en una de las pocas declaraciones que ha realizado desde que sufriera la lesión. Porque si algo ha caracterizado a esta etapa de recuperación es la falta de información.
Los últimos indicios invitan al optimismo. Alcaraz ha ido incrementando progresivamente la carga de trabajo y ya ha comenzado a entrenarse con las pelotas oficiales que se utilizarán durante la gira estadounidense de pista dura, un paso significativo dentro de cualquier proceso de readaptación. También está previsto que intensifique las sesiones sobre pistas al aire libre en Murcia, una fase que permitirá comprobar cómo responde la articulación en condiciones cada vez más próximas a la competición.
Con Cincinnati en el punto de mira
Sin embargo, ni esos avances alteran el plan diseñado. La intención es reaparecer en el Masters 1000 de Cincinnati, que se desarrollará entre el 13 y el 23 de agosto, lo que serviría de entrenamiento para seguido disputar el US Open, que se disputará entre el 23 de agosto y el 13 de septiembre. Aunque nadie dentro de su entorno quiere convertir esa fecha en una obligación. La decisión definitiva no dependerá tanto del calendario como de las sensaciones que transmita la muñeca derecha cuando aumente la intensidad de los entrenamientos. Si aparece cualquier duda, el regreso volverá a aplazarse. Se sabe que está inscrito, pero eso no es una garantía de su participación.
De hecho, en el tenis actual cada vez son más los jugadores que renuncian a competir para ganar tiempo al descanso. La acumulación de partidos está condicionando la manera de gestionar el riesgo, porque el objetivo no es jugar más torneos, sino prolongar la carrera. En este caso, se trata de un tenista de 23 años que atesora siete títulos de Grand Slam.
Sinner y Djokovic se toman un descanso
Ese contexto explica también las ausencias que está registrando la gira previa al US Open. Las bajas de Sinner y Novak Djokovic en el Masters 1000 de Canadá son muestras de la voluntad de preservar el físico para las grandes citas de la temporada, ya que la ATP acumula cada vez más partidos de alta exigencia y los periodos de recuperación son más reducidos, una circunstancia que los propios jugadores vienen denunciando desde tiempo atrás.
“Tras sopesar cuidadosamente todos los factores junto con mi equipo, hemos tomado la difícil decisión de retirarme de Montreal. Nunca es fácil perderse un evento tan importante, pero creemos que esta es la decisión correcta para priorizar mi salud”, ha manifestado Sinner sobre su renuncia a estar en Montreal.
En el caso de Alcaraz, además, la prudencia es necesidad ante la lesión más importante que ha sufrido desde que irrumpiera en el profesionalismo. Una recuperación incompleta incrementaría el riesgo de recaída y también podría alterar los gestos técnicos básicos de un jugador cuya propuesta se basa precisamente en la explosividad, la aceleración de la bola y la variedad de recursos. Por eso, el trabajo de estas semanas de ausencia no se limita a recuperar la movilidad o la fuerza. Alcaraz quiere volver a confiar plenamente en cada golpe.
La planificación también mira más allá de Cincinnati, que se ha abierto como un escenario de pruebas, un laboratorio en el que probar el trabajo realizado en estos casi cuatro meses de ausencia que cumplirá el murciano al llegar a Estados Unidos. Porque el gran objetivo es el US Open, el último Grand Slam de la temporada, el lugar donde Alcaraz aspira a recuperar protagonismo tras dejar el circuito huérfano de competencia para un Sinner que está sacando provecho, con seis títulos a sus espaldas en 2026 y un balance de 44 victorias y solo tres derrotas, que llegaron ante Djokovic en el Open de Australia, Jakub Mensik en Doha y Juan Manuel Cerúndulo en Roland Garros. Llegar al último grande del curso con minutos de competición sería lo ideal, pero no se contempla sacrificar el medio plazo por precipitarse en el regreso a la competición.
Alcaraz, de espectador en el Open de Madrid.
25 partidos este año
En este sentido, la clasificación de la ATP ofrece cierto margen. La inactividad le ha impedido sumar puntos en los últimos meses y le ha hecho caer al tercer puesto del ranking mundial, con 22 victorias y tres derrotas en su casillero este año que le han valido para conquistar tres torneos. Pero en este caso el desafío no es recuperar posiciones, sino el ritmo competitivo.
La ausencia de Alcaraz ha servido de algún modo para recordar el peso específico que ha adquirido dentro del tenis mundial. Su baja ha coincidido con un tramo de la temporada en el que el circuito ha perdido parte de su capacidad de atracción. “El tenis necesita a Carlos. El tenis tiene mucho mejor espíritu cuando él está presente. Y también para mí, personalmente, es agradable cuando él está. Me hace fijarme también en el sorteo y en partidos individuales de una manera diferente”, manifestó Sinner al respecto.
La cuenta atrás parece haber comenzado después de un periodo de hermetismo y trabajo desde las sombras. Cincinnati aparece señalado en rojo como la primera oportunidad para volver a verle competir, aunque nadie se atreve a garantizar que será allí donde termine la espera. Solo se sabe que está inscrito, como en el US Open, lo que invitar a pensar en un regreso cada vez más próximo después de casi cuatro meses de recuperación. En cualquier caso, la última palabra la tendrá una muñeca que parece avanzar en la dirección correcta. Alcaraz ya ve la luz al final del túnel.