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Con solo un 33% de posesión la Real Sociedad derrotó al Elche en la última jornada de Liga disputada en Anoeta. Un dato que se viene repitiendo en los partidos que el técnico estadounidense, Pellegrino Matarazzo, lleva en el banquillo txuri urdin y que refleja de forma clara que no es necesario tener mucho tiempo el balón, ni elaborar las jugadas en demasía, para hacer daño a los contrarios.
Es una de las grandes novedades que presenta el juego de Matarazzo. Ya lo dijo en su presentación nada más aterrizar en Donostia. Le gusta ganar metros en el ataque de la forma más rápida posible, y para ello en numerosas ocasiones el fútbol de la Real es más directo. Esto explica que disponga de más llegadas al área rival y que ponga a prueba a los porteros contrarios más de lo que lo hacía antes, cuando el juego era más pausado y más elaborado.
La Real derrotó al Elche, a pesar de que este equipo dispuso del balón el 67% de los minutos, porque en el fútbol lo que vale y se premia es la contundencia en las áreas. Y, aunque la Real sigue mostrando carencias defensivas evidentes, ahí estuvo Remiro para resolver un par de situaciones de mucho peligro, en lo que es el ataque el conjunto guipuzcoano se muestra demoledor. El gran momento por el que atraviesan Mikel Oyarzabal y Gonçalo Guedes explica el por qué la dinamita de los de Matarazzo está resolviendo partidos.
El Elche fue un desastre defensivo, corrió muchos riesgos, regaló un gol, el que metió Oyarzabal, y siempre dio muestras de mucha improvisación atrás. La Real lo aprovechó. Tiene bastante más calidad a la hora de definir y si, encima, el adversario se muestra generoso, decide los encuentros a su favor. El tercer gol de Orri Oskarsson llegó en una contra, con el Elche volcado y dejando muchos espacios. Fue la puntilla que ya se veía venir. Incluso el entrenador se permitió el lujo de hacer debutar a Job Ochieng, que venía entrenando con el primer equipo las últimas semanas.