Con cierto retraso respecto al horario establecido en primera instancia y ante la atenta mirada de los curiosos que no quisieron perderse el momento, el trofeo de la próxima edición del Tour de Francia llegó ayer a Gasteiz. Lo hizo de la mano de los ultrafondistas Julián Sanz y Ziortza Villa, que fueron recibidos por el diputado general de Álava, Ramiro González, y el alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran, en la plaza de la Virgen Blanca.
Julian Sanz posa con el trofeo del Tour.
Tras pasar por San Sebastián, donde también se presentaron ante los representantes institucionales, los ciclistas aterrizaron al filo de las 17.30 horas en Vitoria, lugar desde donde seguidamente salieron hacia Bilbao, punto de salida de la glamurosa carrera francesa el próximo curso.
Los fondistas vascos comenzaron su recorrido el pasado domingo desde los Campos Elíseos de París un itinerario en bicicleta para trasladar el testigo de la ronda gala. Hasta la fecha, ese intercambio se producía en la capital francesa y el trofeo se trasladaba al destino por medios más convencionales, como en avión o en coche, pero en esta ocasión ha sido radicalmente diferente.
Con motivo de este hecho, el Ayuntamiento de Vitoria y varias zonas de la ciudad iluminaron ayer por la noche sus fachadas de amarillo, el color del maillot del líder del Tour de Francia. Este traslado tan especial se ha organizado por las siete instituciones vascas involucradas en la organización del Grand Départ Pays Basque 2023 y la Federación Vasca de ciclismo. Las tres primeras etapas del Tour de Francia 2023 tendrán lugar en tierras vascas.
Vitoria será dentro de un año uno de los centros neurálgicos del deporte de la bicicleta con la llegada de la carrera más importante del mundo. Ser parte de la cartografía del Tour es formidable debido a la enorme huella de la carrera francesa. Se trata de un evento solo superado en popularidad por los Juegos Olímpicos y el Mundial de fútbol. Ambos eventos se disputan cada cuatro años. El Tour es un evento anual. Más allá de la competición, la carrera sirve como muestrario de un país y sus paisajes. No es un detalle menor.
De hecho, se calcula que la carrera francesa llega a más de 190 países y reúne una audiencia acumulada durante su desarrollo de 3.500 millones de telespectadores. El Tour es un gigante a pedales con una enorme capacidad de convocatoria. Aproximadamente 12 millones de espectadores se desplazan para ver pasar al pelotón aunque solo sea unos segundos desde un arcén. Ser parte del Tour, de su escenografía y currículo, es un asunto mayor.
El mastodonte francés moviliza a una ciudad trashumante durante su celebración. Unas 5.000 personas acompañan a la carrera francesa entre equipos, organización, periodistas, caravana publicitaria y demás personal organizativo. Semejante movilización de personas genera un gran impacto económico. Se calcula que la Grand Départ tendrá un coste de 12 millones de euros para las instituciones vascas. Sin embargo el retorno económico es mucho más importante y se fija en 6 euros por cada euro invertido.