Polideportivo

Vingegaard se enciende

El danés, sublime, deja encarrilada la París-Niza tras una enorme exhibición en un día de cotas que eleva sus prestaciones
Jonas Vingegaard rueda en solitario hacia la victoria.
Jonas Vingegaard rueda en solitario hacia la victoria. / Europa Press

Actualizado hace 4 minutos

Escampó en la París-Niza, el cielo, una moqueta azul, un friso sin nubes, desparecidos los tonos grises, la boca del lobo negra, la lluvia que tanto ametrallo, la niebla que ocultó a los ciclistas, apenas espectros de sí mismos.

El día era estupendo, un canto a la primavera, amarillo el sol, de amarillo Jonas Vingegaard, que tras la tormenta que desató la víspera continuó arreciando sobre sus rivales, a años luz del danés, que levitó por las cotas de la Carrera del Sol. El mejor en la tempestad y el rey en una jornada estupenda.

Imparable el danés, que se exhibió con lo mejor de su catálogo por las carreteras que el año pasado le vieron caer. Se levantó de la lona Vingegaard, campeón de cuerpo entero, para reafirmar su mandato sobre la París-Niza.

Su actuación, sobresaliente, demostró su ascendente. Después de ajustar el plan, determinó su destino con un ataque que nadie pudo responder. Restaban una veintena de kilómetros y tres cotas.

El danés no da opciones

Vingegaard tomó por las solapas la Côte de Sècheras antes de descerrajarse con furia en Saint Jean de Muzols para enfocar, solo, libre, la ascensión a Saint Berthlemy le Plain.

El danés sobrevoló las cotas con energía, avidez y ambición para anidar feliz y dichoso en Colombier-Le-Vieux. Sumó su segunda victoria consecutiva. En la víspera danzó bajo la lluvia y en la segunda hizo el saludo al Sol.

Otra vez entró victorioso en el salón de baile, lanzando besos destinados a la familia. Compartió la alegría con los suyos. Dedicó el laurel a su familia con tres besos a la pegatina que preside el manillar de su bici. En la imagen aparece su mujer, Trine, su hija y su hijo.

Tras ese ritual novedoso, abrió los brazos, al fin liberado. El pasado curso tuvo que abandonar tras una caída que le provocó una conmoción. En el mismo paisaje que fue dramático, encontró la luz el danés. De la sombra al sol. Del frío al calor. Del negro al amarillo.

Atravesada la meta, el danés, que ofreció una gran versión, continuó con la costumbre de la llamada a su mujer Trine mientras hacia rodillo.

"No he tenido que sobrepasar completamente mis límites para dejar atrás a los rivales, me he podido mantener dentro de mis límites", aseguró el vencedor.

Estiró Vingegaard las piernas que colorearon un triunfo mayúsculo que le alimentan la confianza y la moral.

Buena actuación de Ion Izagirre

Con esas extremidades, delgadas y poderosas, maromas de barco, estranguló al resto, perdidos. Vingegaard saboreó una veintena de kilómetros en solitario en los que absorbió el paisaje y descendió con seguridad de montañas perfiladas por lazos de asfalto, el trazo de los ingenieros de caminos.

Izagirre, tras su llegada a meta.

Izagirre, tras su llegada a meta. Mathilde L'Azou / Team Cofidis

Disfrutó Vingegaard de las vistas, de la sensación risueña del que pasea en bici sin más preocupación que seguir la carretera. Las muecas de resignación se apoderaron de los perseguidores. Valentin Paret-Peintre, perfil de hilo el suyo, fue segundo.

Perdió más de dos minutos, al igual que el resto del grupo perseguidor, donde residía Daniel Martínez, que ahora está a 3:22 del danés. Steinhauser se encuentra a 5:50. Entre los más destacados estaba Ion Izagirre, floreciente en la París-Niza.

Quinto en la etapa, el de Ormaiztegi es séptimo en la general de la carrera tras una jornada con cuatro cotas que subieron a Vingegaard hasta el cielo.

Venció el danés no solo desde la superioridad, también desde la convicción y la personalidad. Mostró arrojo, valentía, deseo y pasión. Vingegaard se enciende.

2026-03-12T18:28:03+01:00
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