Polideportivo

Vingegaard enciende el Tour

Impulsado por el imperial Visma, el danés es el primer líder de la carrera tras aventajar en una docena de segundos a Pogacar en la crono por equipos de Barcelona, que compacta a los favoritos en apenas medio minuto
El Visma se impuso en la crono por equipos para situar a Vingegaard líder del Tour en la etapa inaugural.
El Visma se impuso en la crono por equipos para situar a Vingegaard líder del Tour en la etapa inaugural. / Efe

Actualizado hace 3 minutos

El sol ardía, bailando los 30 grados, crepitante el asfalto, por la tarde en Barcelona como el pebetero de los Juegos Olímpicos de 1992 que se encendió, artísticamente, de manera teatral, magnífica la puntería del arquero, Antonio Rebollo, con un flechazo de fuego.

Las flechas de fuego del Tour eran bicicletas ardientes con la soflama de las prisas y las urgencias. En la Ciudad Condal, el cielo pintado de azul, un friso perfecto, sin distracciones de esponjosas nubes, solo un póster, mandó el tic-tac del reloj, que puede ser corto o largo, según el estado de ánimo, pero que no se deja sobornar. Imposible corromper el paso del tiempo.

Vingegaard, líder del Tour, tres años después.

Vingegaard, líder del Tour, tres años después. Efe

Juez implacable. En ese no lugar se encendió la mecha del Tour, que dejó un fotomatón sin filtros. En esa autopsia, piel y huesos los ciclistas, flacos al extremó, se encendió Jonas Vingegaard, primer líder del Tour tras el excelso trabajo del Visma, que lanzó al espacio al danés en la crono por equipo.

Vingegaard levitó en Barcelona, flecha de fuego para darle mecha al Tour, un incendio en su toma inicial. Llamaradas hacia la terraza en las alturas de Montjuïc, donde gobernó el campeón que vino del frío.

Vingegaard congeló al resto y apagó a Tadej Pogacar. Logró una renta de doce segundos respecto al esloveno, el campeón en curso.

El emperador del Tour, el hombre de las cuatro coronas, tuvo que ceder ante su némesis. Juego de tronos. Vingegaard, excelso, le sometió en el primer asalto de un duelo que se libra pulgada a pulgada. En cada centímetro, en cada segundo, un Vietnam.

Tour de Francia

Primera etapa

1. Visma 21:47

2. Ineos a 8’’

3. UAE a 12’’

4. Lidl a 16’’

5. Red Bull a 19’’

6. Decathlon a 39’’

7. Alpecin m.t.

8. Groupama a 41’’

9. Bahrain a 47’’

10. Jayco a 51’’

General

1. Jonas Vingegaard (Visma) 21:47

2. Filippo Ganna (Ineos) a 8’’

3. Tadej Pogacar (UAE) a 12’’

4. Juan Ayuso (Lidl) a 16’’

5. Remco Evenepoel (Red Bull) a 19’’

6. Isaac del Toro (UAE) a 26’’

7. Davide Piganzoli (Visma) a 28’’

28. Ion Izagirre (Cofidis) a 1:17

110. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 3:30

121. Alex Aranburu (Cofidis) a 3:54

"Batalla lanzada"

"La batalla está lanzada. Es formidable volver a vestirme de amarillo tres años después, este es uno de los maillots más codiciados del ciclismo. Es verdad que es solo la primera etapa y que queda mucha ruta por delante, pero voy a disfrutar de cada jornada que pueda conservarlo. El objetivo sigue siendo vestirlo en París", afirmó el danés.

El danés, dos veces campeón de la Grande Boucle, el único ciclista capaz de imponerse al esloveno mágico en esta era desbocada, agarró un puñado de segundos y una tonelada de moral para su misión. De vuelta al amarillo.

Juan Ayuso, abrigado por el Lidl, se dejó 16 segundos. Remco Evenepoel concedió 19. Del Toro, relevista de Pogacar, 26.

Lipowitz, que pelea por el mando en el Red Bull con Evenepoel, perdió 35 segundos y Paul Seixas, la gran esperanza francesa, se quedó a 39 segundos de Vingegaard. Los favoritos bailan sobre la misma baldosa. No hay lugar para las sorpresas en el Tour, una carrera implacable.

El fuego que dio comienzo a la gran aventura con un contrarreloj por equipos sobre un recorrido de 19,6 kilómetros que elevó el mentón en Montjuïc, los cuellos alzados, almidonados tras recorrer las arterías de la ciudad.

En los tejados de Barcelona, Romain Grégoire fue el primer gran registro al mando del Groupama. Pasaron varios equipos, entre ellos el Movistar de Cian Uijtdebroeks, muy lejos de la marca del galo. Van der Poel, desatado, le borró la sonrisa a Grégoire por un par de segundos.

La alegría de Van der Poel y sus muchachos la negó Filippo Ganna. Desvencijado Vauquelin por un pinchazo, el italiano reseteó desde su descomunal potencia para establecer un tiempo de 21:55, a 53,6 kilómetros por hora.

El chico maravilla francés, Paul Seixas, brotó con fuerza en la subida, pero no le alcanzó para someter a Ganna. Juan Ayuso, protegido por Vacek, se atragantó en la empalizada.

Entregó siete segundos. Evenepoel, campeón del Mundo contrarreloj, se dejó dos más.

Peleó con Lipowitz en cogobernanza del Red Bull. El germano concedió algo más. Entonces irrumpió el danés, un cohete que alumbró Piganzoli. Concretó una marca sideral. 21:47 minutos para los 19,6 kilómetros de la crono por equipos.

Una media de 53,950 kilómetros por hora. Ni Filippo Ganna y los suyos pudieron con esa marca. Se quedaron a 8 segundos.

A Pogacar le arengó Del Toro, pero el esloveno no pudo voltear al danés. 12 segundos peor. El resto se movió en un arco de medio minuto. Comprimido el Tour.

La carrera francesa, el mejor anuncio del mundo, un escaparate de brillo, se recreó con las bondades de la capital catalana, un collage de postales turísticas.

El carril bici no era para paseantes despistados. En realidad era un disparadero para jerarquizar la Grande Boucle desde el amanecer.

Vingegaard, durante la crono.

Vingegaard, durante la crono. Efe

A diferencia de otras cronos, la marca del primer ciclista establecía su registro y del equipo, pero para la general cada uno se representaba a sí mismo. No se tomaba el tiempo del cuarto como en épocas pretéritas.

De algún modo era una contrarreloj individual camuflada, acompañados los líderes, impulsados por el muelle solidario de sus compañeros en su asalto a Montjuïc en un esprint cuesta arriba. Ese era el modelo.

Los costaleros llevaban a hombros a sus patrones a modo de una procesión de Semana Santa a toque de acelerada corneta y redoble de tambor. No había tiempo para la contemplación ni la letanía.

El Visma posa en el podio como ganador de la primera etapa.

El Visma posa en el podio como ganador de la primera etapa. Efe

Voceaban los equipos, un convoy de ambulancias con el tráfico abierto por las entrañas de Barcelona, que dibujó la contrarreloj por equipos que daba la bienvenida al Tour.

El último Tour de Izagirre

El último baile para Ion Izagirre en su decimosegunda presencia en la carrea francesa. El primer cortejo para Xabier Mikel Azparren. Alex Aranburu era el tercer vasco en la salida.

Esperaba un trazado de 19,6 kilómetros con subida final a Montjuïc, la montaña mágica que defiende el castillo y que se acoda para mirar desde las alturas su fisionomía.

En la Ciudad Condal mandaba el carbono, la aerodinámica, la coreografía y la solidaridad que exige medirse al tiempo en equipos.

Ensillados los ciclistas en bicicletas rápidas y fugaces, que escapan a la lógica, tan rápidas, casi efímeras, arengados los dorsales, identidades ocultas por los cascos extraños y las pantallas exóticas, por las miles de voces que festonearon el recorrido.

Dieron calor al calor. Antes de partir, las pieles buscaban refrescarse para mantener una temperatura idónea para competir al máximo. Chalecos de hielo, helados, agua fría en cubetas para hundir las muñecas... se trataba de encenderse sin quemarse.

Se retorcían los cuerpos en esa monturas modernistas, de gesto imposible, diseñadas en contra de la ergonomía del ser humano.

Esas formas imposibles, hermanadas con la naturaleza, son las que empleó Antoni Gaudí, arquitecto visionario que fusionó el art noveau o el modernismo catalán con formas geométricas inspiradas en la naturaleza para idear la Sagrada Familia, producto de una reinterpretación del estilo neogótico original.

El templo, que comenzó su edificación en 1882, aún se estira buscando el cielo para conectar con la eternidad. Allí llegó la flecha del danés. Vingegaard enciende el Tour.

2026-07-04T19:00:03+02:00
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