Actualizado hace 9 minutos
Entre la niebla, fantasmagórica estampa, perfil espectral, Jonas Vingegaard besaba el anillo de su mano derecha en la cumbre de Uchon, un puerto devorado por la tempestad, escondido entre un velo traslúcido.
Solo las luces de los vehículos, luciérnagas en el frío y la lluvia dieron luz a en un día plegado sobre la miseria. En ese escenario, Vingegaard se apoderó de buena parte de la París-Niza, que el pasado curso tuvo que dejar por culpa de una caída.
“Esperábamos que fuera un día de locos, pero no que se nos fuera tanto de las manos”, expuso Vingegaard tras su triunfo.
Tenía cuentas pendientes el danés. De revancha. “Estoy feliz de haber ganado. ¿Es una revancha? El año pasado me caí aquí y tuve que renunciar como líder. Así que esto es genial, sí. Esta es también mi primera victoria de etapa en la París-Niza después de las contrarreloj por equipos que gané”, se sinceró el danés.
Alcanzó la gloria y celebró el primer triunfo de la campaña en un jornada sin esperanza para Ayuso, que tuvo que dejar la carrera tras una dura caída. Vauquelin y Onley, que soñaban con incordiar, naufragaron en medio de la tormenta.
Solo Daniel Martínez, extraordinario el rendimiento y la apuesta del Red Bull, se acercó al danés. Vingegaard se coronó en la ascensión con una renta de 41 segundos sobre el colombiano, que le rastrea a 52 en el cómputo global una vez adquirida la bonificación. Steinhauser es tercero a 3:20.
En Uchon, en una subida bronca, pendenciera y almidonada, el colombiano, llevado a hombros por los gemelos Van Dijke, tenía la intención de aplacar a Vingegaard, que deshojó a los tres Red Bull con criterio de hormiga.
París-Niza
Cuarta etapa
1. Jonas Vingegaard (Visma) 4h16:12
2. Daniel Martínez (Red Bull) a 41’’
3. Tim van Dijke (Red Bull) a 45’’
12.Ion Izagirre (Cofidis) a 5:49
General
1. Jonas Vingegaard (Visma) 12h53:15
2. Daniel Martínez (Red Bull) a 52’’
3. Georg Steinhauser (Edu.First) a 3:20
10.Ion Izagirre (Cofidis) a 6:32
Ahorró la energía. Stand by. No perdió la calma el danés. Dejó que ardieran en su propio fuego hasta que bajo el triángulo rojo, que anuncia el final a mil metros, el danés arrancó con determinación.
En un puñado de pedaladas abrió una zanja de distancia sobre Daniel Martínez, apergaminado, ante la danza de Vingegaard, profundo el avance. Giro el cuello un par de veces el danés para situar a su rival.
Comprendió que no debía preocuparse, que su mirada solo debía palpar lo que tenía delante, una cúmulo de cuestas tensas. Su terreno.
En ese kilómetro el danés se hizo grande y dio un beso al anillo mientras se arrugaba Daniel Martínez, que no pudo contener a Vingegaard. Por detrás, los vestigios de la nada. Los escombros de la batalla de un día tormentoso.
Juan Ayuso, antes de partir la etapa.
En la Côte de la Croix des Cerisiers era feliz Juan Ayuso, chubasquero negro para tapar el amarillo, para protegerlo de la lluvia que azotaba, que ametrallaba con saña la París-Niza.
La Carrera del Sol era una tormenta, la tempestad, un aguacero que salía de los pinceles de Willian Turner, paisajista, pintor de los tormentas de la naturaleza desatada.
Vingegaard, negro sobre el amarillo del Visma, estaba atado al líder, que no a su destino. La carrera estaba astillada, varios grupos boqueando.
Vauquelin no tenia plano y Onley arrastraba el muslo despellejado por una caída. Día de perros, horrible, el caos tras los abanicos, entre montañas, convertido el cielo en pena y melancolía. Supuraba agua el asfalto. La incertidumbre agitaba el sonajero del peligro.
En ese escenario, en paisajes oscuros, de mantos cenicientos, y carreteras secundarias, estrechas y traicioneras, se encendió el Red Bull, en estampida. El sistema nervioso, en alerta. Entonces, el pandemónium. El tumulto.
Abandono de Ayuso
Una caída múltiple que ni los frenos de disco pudieron esquivar. Ayuso, que hace no tanto tenía el bastón de mando, se quebró con otros. Cayó.
La alegría de la víspera era una saeta. Un quejío. El dolor le prensó el cuerpo. Se subió a la bici, pero el padecimiento, le arrancó de la París-Niza.
Tras pedalear con el dolor a cuestas, se tumbó junto al arcén, ovillado. Se subió al coche de equipo y cerró de un portazo la Carrera del Sol, que para él era tortura y lágrimas. En la Côte de la Croix de la Liberation la carretera estaba desatada.
Ion Izagirre es décimo en la general.
El Red Bull descerrajó con furia. Unidos Daniel Martínez, con los gemelos Tim y Mick Van Dijke, porteadores del colombiano. Enganchado a la cordada, el danés, vigilante.
Con Ayuso fuera con la cadera tocada, y Onley y Vauquelin perdidos en el retrovisor, la ascensión a Uchon era una invitación al vis a vis entre Vingegaard y Daniel Martínez, concentrados en un palmo para jugarse la París-Niza.
El danés se despojó del chaleco para colgarse del colombiano, acelerado por sus dos colegas en un acalorado debate.
Mick se apartó del frente después de completar su función en la ascensión en un carretera de escasa luz tomada por el cine negro. Un muro de humedad y frío anudaba la ascensión hasta que se desencadenó el danés en la París-Niza. Vingegaard desata la tormenta.