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Los restos excavados hasta hoy, que incluyen todos los edificios públicos esenciales de la arquitectura romana, han hecho de Segóbriga un lugar singular para comprender las características urbanas de este período, ya que no está superpuesta por ninguna ciudad actual. Además, el paisaje circundante, prácticamente intacto desde la época romana, contribuye a contextualizar y entender la ciudad, su espacio extramuros y su territorio. Actualmente, los numerosos visitantes que acuden a conocerla pueden admirar varios edificios como el teatro, el anfiteatro, el circo, la basílica, el foro, las termas, las dos necrópolis, la muralla, el sistema de abastecimiento de agua y algunas viviendas, entre otros muchos.
Vista aérea de Segóbriga.
Un poco de historia
Antes de convertirse en un asentamiento romano en el siglo II d. C., Segóbriga fue un castro celtibérico. La principal actividad económica de sus habitantes era la explotación del lapis specularis, un yeso cristalizado utilizado como cristal de ventana en viviendas modestas y para decorar estancias durante celebraciones. Además, su privilegiado emplazamiento la convirtió en un importante centro de comercio con el Mediterráneo, recibiendo materiales y productos de diversas procedencias. Cuando se convirtió en municipio romano en tiempos de Augusto, dejó de ser tributariamente dependiente de Roma. La pérdida de poder del senado local y el avance del cristianismo iniciaron su transformación en una ciudad tardoantigua a partir de los siglos IV y V d. C.
En la época visigoda, seguía siendo una ciudad importante, sin embargo, durante la época islámica fue perdiendo importancia hasta convertirse en un centro rural dependiente de Uclés (Cuenca). En 1228, la antigua Segóbriga aún estaba habitada, pero a finales de la Edad Media fue definitivamente abandonada, y su población se trasladó al nuevo núcleo de la actual Saelices.
Vista aérea del anfiteatro.
La visita
La visita puede comenzar con la observación de parte del cercado que rodeaba la ciudad. Esta muralla, construida alrededor del año 50 a. C., tenía una longitud aproximada de 1.300 metros. En la actualidad, se ha excavado en el lado septentrional, cerca del teatro y el anfiteatro.
Continuando con el recorrido, el primer monumento que encontramos es el teatro, uno de los más pequeños de la península, pero no por ello menos impresionante.
Su construcción probablemente comenzó en la época de Tiberio y fue inaugurado durante el reinado del emperador Vespasiano, hacia el año 78 d. C. El graderío, que se conserva en muy buen estado, estaba dividido en tres partes, separadas por corredores que permitían distinguir las clases sociales de los asistentes. La parte superior del graderío se apoyaba en la muralla sobre un corredor abovedado bajo el cual corría una calle. Aún se conserva la orchestra (el espacio frente al escenario), de planta semicircular, con tres escalones destinados a las autoridades y un área para los músicos.
Busto de Agrippina Maior.
El escenario era de madera sobre pilares de piedra, y detrás se erigía una monumental escena decorada con columnas y esculturas de mármol, presidida por la diosa Roma.
Junto al teatro y una calle que corre de este a oeste, junto a la muralla norte, se encuentran las termas. Construidas en la segunda mitad del siglo I a. C., conservan la sala destinada al cambio de ropa, con sus taquillas, una sauna seca circular que contaba con una pila para refrescarse con agua fría, y una sala con bañera de agua caliente, bajo la cual había una cámara subterránea que permitía la circulación del aire caliente proveniente de un horno.
Después de las termas, la siguiente parada es el imponente anfiteatro. Construido con una forma elíptica irregular, tenía capacidad para 5.500 espectadores sentados. Su lado sur está parcialmente excavado en la roca, mientras que el lado norte se erigió sobre el suelo con grandes muros de cantería que alcanzaban más de dieciocho metros de altura.
La arena, a la que se accede por dos grandes puertas, está separada del graderío por un alto podium que garantizaba la seguridad del público. Un pasillo cubierto conectaba las puertas y daba acceso a las habitaciones donde se alojaban las fieras destinadas a los espectáculos.
El tendido estaba dividido en doce sectores mediante escaleras transversales. Al igual que en el teatro, el graderío estaba dividido horizontalmente por un muro que separaba a los espectadores según su clase social. Los asientos de la parte inferior eran de piedra, mientras que los de la parte superior eran de madera.
Interior del Centro de Interpretación.
El foro
El foro o plaza pública es otra de las áreas del parque que merece ser admirada. Fue diseñado con una planta prácticamente cuadrangular, rodeada por tres de sus lados con una doble galería porticada y presidida por una basílica destinada a impartir justicia. La plaza pública era el espacio más representativo de Segóbriga y de sus élites.
Otras construcciones cercanas son el aula basilical, destinada a las transacciones comerciales del lapis specularis, y la conocida como casa del procurador minero, que fue la residencia del funcionario estatal de la época. Hasta ahora, se han excavado tres estancias en esta vivienda. La primera tenía un carácter religioso; en la segunda se descubrió parte de un mosaico de teselas blancas y negras; y en la tercera se conserva un gran banco corrido adosado a uno de los muros, que posiblemente formó parte de una cocina.
Por último, antes de abandonar el yacimiento para visitar los monumentos fuera de las murallas, es imprescindible acercarse al Centro de Interpretación. En este espacio, se pueden admirar piezas originales descubiertas en las excavaciones, como una pequeña cabeza de Venus de finales del siglo I o principios del siglo II d. C., una escultura de Dea Roma de la segunda mitad del siglo I d. C., un busto de Agrippina Maior de mediados del siglo I d. C., además de cerámicas, frescos, capiteles, juguetes infantiles, herramientas y otros objetos. Asimismo, en este lugar hay una sala de cine donde se puede conocer más sobre la vida cotidiana de los habitantes de esta ciudad romana.
Guía útil
Situación. Saelices (Cuenca). El yacimiento se encuentra a unos cuatro kilómetros y medio de distancia. Para llegar hasta el parque hay que tomar la carretera de Carrascosa de Campo a Villamayor de Santiago.
Horarios. Cambian según la época del año. Por ejemplo, del 1 de abril al 30 de septiembre: de martes a domingo, de 10:00 h a 19:30 h. (último acceso a las 18:30); y del 1 de julio al 12 de agosto: de 9:00 a 15:00h (último acceso a las 14:00h)
Tiempo medio de la visita: 2 horas.
Tarifas. General, 6; Reducida 3; Acceso gratuito para visitas individuales: martes y viernes (excepto festivos), de 16:00h a 18:30h (horario de verano)
Extramuros
Fuera del recinto, se pueden visitar varios monumentos, entre ellos el circo, una basílica de época visigoda, el acueducto y los restos de dos necrópolis.
El circo, construido a mediados del siglo II d. C., estaba destinado a espectáculos de carreras de carros tirados por caballos. Las excavaciones han documentado más de dos tercios de su planta, con la conservación de seis cuadras de salida y amplios tramos de los graderíos laterales, incluyendo dos tribunas.
La basílica de época visigoda es uno de los edificios más destacados del yacimiento y fue el primero en ser excavado. Tiene una planta rectangular de tres naves, separadas por diez columnas, con un crucero central, un ábside en la cabecera y una cripta.
Otra importante obra de ingeniería es el acueducto, construido para abastecer de agua a la ciudad. Se realizaba mediante una tubería de plomo de más de cuatro kilómetros de longitud que captaba aguas subterráneas de un acuífero conocido como Fuente la Mar, en Saelices.
Finalmente, el recorrido extramuros se completa con la visita a los restos de dos necrópolis: una de época romana, situada bajo el circo y fechada entre el siglo I y mediados del II d. C., y otra tardoantigua del siglo V.