Buscar
Actualidad

Utilizan conchas de mejillón para desgastar los vaqueros

La arena de cáscaras trituradas ofrece mejores resultados que otros abrasivos y es más ecológica
Juan Luis Osa y Cristina Peña, investigadores de la EHU que han participado en el proyecto.
Juan Luis Osa y Cristina Peña, investigadores de la EHU que han participado en el proyecto. / EHU

Actualizado hace 6 minutos

Un equipo de la EHU ha identificado un nuevo uso industrial para las conchas de mejillón. Tras varios ensayos, los investigadores han comprobado que la arena obtenida al triturar estas cáscaras funciona como un abrasivo eficaz para desgastar la tela vaquera, con mejores resultados que otros materiales empleados actualmente por la industria textil y con un impacto ambiental sensiblemente menor.

El hallazgo es fruto del trabajo del grupo de investigación Materiales + Tecnologías (GMT), desarrollado en colaboración con el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y a partir de un encargo concreto de una gran empresa del sector textil, interesada en encontrar métodos más sostenibles para lograr el acabado envejecido de los vaqueros. Según explican Cristina Peña y Juan Luis Osa, responsables del estudio, “la arena que se obtiene al triturar las conchas de los mejillones es un material abrasivo eficaz y sostenible. Permite sustituir otros procesos industriales utilizados actualmente para el desgaste de la tela vaquera y que generan un mayor impacto en el medio ambiente o que tienen una mayor toxicidad”.

Los procesos empleados para lograr el apreciado efecto envejecido en los vaqueros, tan valorado desde el punto de vista estético, arrastran desde hace años importantes problemas. Durante décadas, el método más habitual consistía en proyectar arena de sílice a alta presión sobre el tejido. Esta práctica tuvo consecuencias graves para los trabajadores que la realizaban, muchos de los cuales desarrollaron silicosis por la falta de medidas de seguridad adecuadas y de equipos de protección eficaces.

Dado que se trata de una enfermedad con una elevada tasa de mortalidad, el chorro de arena acabó estigmatizado y fue progresivamente abandonado por la industria textil. A partir de entonces se implantaron alternativas como los tratamientos químicos oxidantes o el uso de láser mediante procesos térmicos. Sin embargo, con el tiempo se ha comprobado que estas opciones pueden resultar más tóxicas y que, además, no alcanzan el mismo nivel de calidad en el desgaste del tejido.

“Teniendo en cuenta que la técnica del chorro de arena, si se emplea con la debida protección, no tiene por qué causar enfermedades, esta marca de ropa quería reconsiderar esta técnica, pero utilizando un material más sostenible que el granate (silicato mineral sin cuarzo), que se suele utilizar como abrasivo”, explica Peña.

La arena obtenida al triturar las conchas de los mejillones permite sustituir otros procesos industriales utilizados actualmente para el desgaste de la tela vaquera y que generan un mayor impacto en el medio ambiente

Cristina Peña - Miembro del grupo de investigación Materiales y Tecnologías

Ensayos

Los primeros ensayos se realizaron reutilizando botones de prendas que ya no podían aprovecharse, aunque pronto se descartó esta vía por falta de viabilidad. A partir de ahí, el equipo se propuso localizar un material renovable y fue la propia empresa textil la que sugirió experimentar con conchas de mejillón, concretamente con los restos que desecha la industria alimentaria.

“Aprovechando que vivo muy cerca del bar La Mejillonera de Donosti, hemos hecho pruebas con las conchas de los mejillones que ellos suelen tirar a la basura. El proceso consiste en lavar las cáscaras con agua, esterilizar la materia con un tratamiento térmico, molerla en un molino, tamizarla y finalmente proyectar a presión el residuo generado contra el tejido vaquero con una pistola de aire comprimido. Hemos visto que, de esta manera, el residuo responde muy bien para el desgaste de los vaqueros. Mejor que el granate que se suele utilizar en este proceso de chorro de arena”, añade Osa.

Resultados

Las pruebas realizadas permitieron constatar que el residuo procedente de las conchas de mejillón es menos quebradizo que el silicato mineral y, por tanto, ofrece un rendimiento superior. “Al chocar, tiende menos a romperse que el granate. Y esta es una característica positiva. De hecho, el desgaste de un mismo número de pantalones vaqueros requiere menos residuos de cáscara de mejillones que de granate. Lo cierto es que en el proceso del chorro de arena, una vez proyectada la arena contra la prenda, la propia arena utilizada se recoge para su reutilización. Se recoge y se reutiliza una y otra vez. En cada uso la arena va disminuyendo y, de vez en cuando, hay que añadir arena nueva. Así, lo que hemos visto es que la arena formada por las conchas de los mejillones dura más que la de granate, por lo que se necesita menos material para conseguir el mismo desgaste”, aclaran los investigadores.

A estos resultados se suma la calidad del acabado final. El abrasivo obtenido a partir de conchas de mejillón permite reproducir los tonos y matices que buscan los diseñadores y los consumidores y, además, deja el tejido suave al tacto, algo que no siempre se consigue con otros tratamientos de base química.

De residuo a materia prima

El componente ambiental es otro de los grandes argumentos a favor del material estudiado por la EHU. “Tiene un menor impacto ambiental que los abrasivos tradicionales y químicos. Por ejemplo, el granate no es renovable y las conchas sí. El primero es un mineral que debe ser extraído de la naturaleza, mientras que los otros son un subproducto. Como consecuencia del consumo de mejillones, en el ámbito mundial se generan 1,5 millones de toneladas de residuos de cáscara al año y a día de hoy no se utilizan”, señala Peña.

Te puede interesar:

Igandea Plus
Moda circular, el futuro de la industria textil

Aunque la comunidad científica lleva tiempo tratando de encontrar aplicaciones útiles para las conchas de mejillón que acaban en los vertederos, el equipo de la EHU figura entre los pioneros en demostrar una solución eficaz y concreta. “Ha sido un gran trabajo y nos ha llevado tiempo conseguir estos resultados, pero estamos muy satisfechos con el logro. Hemos comprobado la aplicación concreta de la abrasión de tela vaquera, pero al mismo tiempo los resultados han demostrado que el residuo formado por las cáscaras de los mejillones puede ser un abrasivo adecuado para otras aplicaciones y puede ser útil en otras industrias, como la limpieza de piezas mecánicas o barcos. Además, no requiere nuevos equipos. Hemos hecho nuestras pruebas con máquinas que se suelen utilizar en procesos de chorro de arena y ha ido bien”, afirma Osa.

El estudio supone un impulso a la economía circular: “Es un buen punto de partida para que los procesos que se están llevando a cabo actualmente en la industria comiencen a hacerse de otro modo. No solo para hacer más sostenible el proceso en sí, sino también para aprovechar los residuos que generamos. Debemos tener una visión amplia del uso de las materias primas y analizar qué otras alternativas existen”, afirman Cristina Peña y Juan Luis Osa.

2026-01-12T08:23:49+01:00
En directo
Onda Vasca En Directo