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Polideportivo

Una Supercopa que no es menor

La final de Arabia Saudí legitimó el estilo de juego del Barcelona y reforzó su confianza, mientras que acrecentó las dudas en un Real Madrid que se aferra al relato de haber competido por un título que Xabi Alonso devaluó tras perderlo
Los jugadores del Barcelona celebran el título de la Supercopa de España.
Los jugadores del Barcelona celebran el título de la Supercopa de España. / EFE

Actualizado hace 39 segundos

La Supercopa de España arrastra la concepción de ser un título accesorio, una pieza de colección menor en las vitrinas, una competición denostada, pero el fútbol ha insistido en los últimos años en desmentir esta consideración. Cuando la final presenta un Clásico y el escenario amplifica cada acto, el contexto adquiere trascendencia. El torneo deja de ser un trámite y se convierte en un diagnóstico, en una evaluación en el ecuador de la temporada de carreras paralelas. Pero además, este Clásico se ha convertido en anticipo de lo que sucederá. Al menos, así ha sido en las cinco ocasiones anteriores en las que Barcelona y Real Madrid se han enfrentado en Arabia Saudí. El ganador ha cerrado la campaña con el título de liga. ¿Casualidad? ¿O es la Supercopa una toma de posición con consecuencias futuras?

El Barça comprendió la final como un examen de madurez y reafirmación de un estilo. No se impuso desde la épica ni desde el caos, sino con una idea muy reconocible, sostenida en todas las instancias, también cuando el partido amenazó con romperse, e incluso lo hizo por momentos con minutos trepidantes como los comprendidos entre el 36 y el 51, un cuarto de hora con cuatro goles. Cuando los planes salen bien, siempre es motivo de orgullo y satisfacción. “Sienta muy bien cuando ganas una final al Real Madrid. Lo hemos hecho con el estilo que queremos como Barça y eso me hace sentir más orgulloso”, expresó Hansi Flick, que siempre ha otorgado relevancia al cómo, al proceso.

El conjunto catalán llevó el peso del duelo a través del dominio de la posesión. Parafraseando a Johan Cruyff, con el balón en poder, no existe amenaza rival. Y a ello se aferró el Barça. Pero fue importante también la sensación de control emocional, sustentado por la confianza en un esquema que no se altera con independencia del marcador o de quién está enfrente.

El Real Madrid se aleja de la promesa de Xabi Alonso

El Real Madrid, mientras, mostró un patrón alejado de aquella promesa que realizó Xabi Alonso al llegar al banquillo, la de un juego inspirado en el rock and roll. Este género musical siempre ha sido abanderado del atrevimiento. No obstante, el equipo blanco cedió la iniciativa. Se convirtió en actor secundario por voluntad propia. Esperó atrás, agazapado, como presa que se siente amenazada. El planteamiento le sirvió para sobrevivir, porque fue a remolque en el marcador en todo momento pero pudo llevar la final a los penaltis con por ejemplo dos ocasiones claras, de Asencio y de Carreras, en el tiempo añadido. El plan se cumplió a rajatabla, incluso con el equipo por debajo en el marcador, cuando el bloque permaneció bajo. El Madrid jugó a lo que quiso jugar y estuvo cerca de poder levantar el trofeo. Pero sucumbió.

“Hay una mezcla de emociones: por un lado, la decepción de no poder ganar el título; pero también el orgullo de que el equipo ha dado la cara. Lo hemos competido hasta el final. La final ha sido muy pareja, con diferentes momentos. El equipo lo ha intentado hasta el final y ha estado muy cerca”, manifestó Alonso. El tolosarra destiló conformismo. El relato es peligroso, porque transmite la idea de que el equipo se presentó en la final en clara inferioridad de condiciones, y ese mensaje se reflejó también con su propuesta táctica, lo que siempre puede ejercer influencia en el estado anímico del colectivo. Cierto es que acumulaba las bajas de Militao, Rudiger, Carvajal, Alexander-Arnold y que Mbappé llegaba tocado, cuestiones nada desdeñables, pero que al fin y al cabo forman parte del juego. Y el Real Madrid es el hogar de la exigencia, los resultados y los títulos.

El manido discurso del perdedor

El guipuzcoano apeló al manido recurso de los perdedores en la Supercopa: “Esta es la competición menos importante”. Palabras que contrastan con las impresiones transmitidas el día anterior –“Este es un partido especial. Queríamos estar aquí cuando veíamos la Supercopa en el calendario”, afirmó– y que evocaron a la excusa empleada tras la eliminación en el Mundial de Clubes, cuando declaró: “Esto es final de temporada, no el principio”. La Supercopa se ha celebrado en el ecuador de la campaña. El equipo permanece bajo la sospecha y el tiempo consume el crédito de Alonso, que permanece en el disparadero.

Aunque Alonso tenía razón: el Madrid tuvo la victoria al alcance en todo momento. Pero la cuestión tras la derrota se centra en el modelo. ¿Dónde habría llegado un Madrid dotado de protagonismo, con un plan más ofensivo? Jamás se sabrá. Pero sí se conoce el desenlace de una propuesta que recordó en alguna medida a los tiempos de Jose Mourinho en el banquillo. Y es el conjunto blanco jugó a merced del Barça. En fases del partido llegó a montar una línea defensiva de cinco efectivos y se encomendó al contraataque como argumento ofensivo. Esta táctica construida en base a la condición del rival pudo sembrar dudas sobre unos jugadores acostumbrados a dominar, a correr con el balón y no sin él. Lewandowski realizó una simple y clara descripción del desarrollo del choque: “El Madrid jugó con un bloque muy bajo, mientras nosotros intentamos siempre buscar el gol”.

Ganó quien fue fiel a su estilo

Durante el transcurso de la final, la impresión fue de que cualquier detalle, cualquier error individual, podría decantar la balanza. Pero lo cierto es que los planes estaban ahí, sobre el césped de Jeddah. Y venció quien fue fiel a una idea, a quien insistió una vez más en un modelo. El Barcelona de Flick salió reforzado. El triunfo legitimó el proceso de construcción de resultados. El Madrid de Alonso acrecentó las dudas por reiteración de sensaciones. De nuevo pareció ser un equipo dependiente de individualidades, lo que recuerda el gol de Vinicius en el empate a uno, cuando una brillante acción del brasileño rescató al equipo de sus peores minutos del partido.

Para estos segundos, la tropa de Alonso, la derrota solo será útil si existe reflexión. Si la justificación se fundamenta en las bajas o en la importancia menor del título, de poco servirá el análisis para construir un futuro mejor. Este Clásico sin duda dejó huellas: un equipo salió con certezas; el otro, con preguntas. En enero puede no parecer decisivo, pero en las cinco ocasiones anteriores lo fue, marcó el destino de unos y otros. Y con independencia del devenir, como ratificó Lewandowski, “siempre que ganamos un partido al Madrid es algo grande”. Esta Supercopa no fue menor.

2026-01-12T17:01:11+01:00
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