Actualizado hace 9 minutos
Los animales defecan. Eso es un hecho que no es necesario explicar, porque lo comprobamos a diario, en muchas ocasiones soportando sus heces en las calles, en el caso de animales domésticos que no tienen ninguna culpa, ya que la responsabilidad es de sus propietarios por no educarlos y por no recoger sus deposiciones. También lo sufrimos en nuestros coches, especialmente cuando aparcamos debajo de un árbol y los pájaros que están cobijados en él deciden aliviar su sistema digestivo sin tener en cuenta lo que hay en la calle, que no es su problema.
Es lo que tienen las aves, que al estar por encima de nuestra altura nos pueden sorprender enviándonos una desagradable lluvia, como suele suceder con las gaviotas en zonas de costa y con las palomas en las ciudades. Y no queda más que aguantarse o limpiarse con lo que tengamos a mano. Peor aún es si esas heces caen sobre el cuerpo, como le sucedió este miércoles al alcalde de Madrid.
¿Se equivocó la paloma?
José Luis Martínez-Almeida se encontraba dando un discurso en un homenaje a los profesionales de la información fallecidos por la defensa de la libertad de expresión en el ejercicio de su labor periodística cuando de repente una paloma decidió defecar sobre su peinado. La escena, digna de una comedia costumbrista, acabó con el primer edil del PP pasándose la mano por la cabellera y descubriendo lo que había sucedido, al aparecer la deposición entre sus dedos.
El alcalde de Madrid se lo tomaba con humor, aunque hacía una curiosa relación entre lo sucedido y el trabajo de los periodistas. “No podía pasar otra cosa que una paloma tuviera la feliz ocurrencia en este momento sobre el corte de pelo que me hice ayer, además. ¿Veis? Cuando yo digo que el periodismo es una profesión de riesgo, es que hasta los que no somos periodistas corremos el riesgo estando con vosotros de que nos suceda cualquier cosa”, afirmaba.
Ley de Murphy
Ante las imágenes de lo ocurrido, que se han hecho virales en redes sociales, lo que queda claro es que la ley de Murphy no suele fallar: si lavas el coche es muy probable que al día siguiente, o incluso a lo largo de las próximas horas, llueva; y si acudes a la peluquería hay muchas opciones de que algo te estropee el peinado cuando todavía está en su mejor momento. Pequeños dramas de la vida cotidiana.