No es fácil calcular cuantas personas integran la diáspora vasca, sobre todo porque es un concepto abierto a interpretaciones dispares, tan abierto como el de vasco o vasca. Generalmente se la asocia con los y las vascas que han emigrado a países terceros, así como a sus descendientes directos hasta unas cuantas generaciones. Una estimación muy genérica cifra en unos diez millones los descendientes de los vascos que emigraron por todo el mundo.
Solo en la primera mitad del siglo pasado casi medio millón de vascos se asentaron en los Estados Unidos de América. También la emigración a América del Sur ha sido muy importante, anterior incluso a la norteamericana, especialmente a Argentina, donde se encuentra la mayor colonia de vascos y descendientes de vascos. No está de más recordar una vez más en estos tiempos en que Euskadi es receptora de migrantes, que en los últimos siglos la emigración ha sido moneda corriente entre los vascos.
De una manera simbólica, a las personas que se incluyen en la diáspora se les inviste con el título no escrito de embajadoras de Euskadi en el mundo que mantienen viva la identidad, la lengua y la cultura vascas, y de paso la imagen corporativa de la marca Euskadi. Las Euskal Etxeak han sido durante décadas los centros catalizadores de lo que se conoce como el octavo herrialde vasco y campo base de la diáspora vasca organizada, también conocida como la octava provincia vasca. Sin embargo, el mundo ha tomado una deriva global que abre nuevas posibilidades y expectativas y nuevas y más diversas formas de vida de personas que quieren seguir vinculadas a lo vasco y que son parte de la diáspora no organizada en torno a los centros vascos.
La nueva realidad internacional y los cambios que han operado en Euskadi en la percepción de sí misma y también en el mundo han dejado muy limitada la calificación de la diáspora y exigen una revisión y actualización de los marcos institucionales y legales que la gestionan y regulan.
Actualmente las políticas diaspóricas se regulan por una ley aprobada por el Parlamento Vasco en hace 32 años. La Ley 8/1994 de relaciones con las colectividades y centros vascos en el exterior, sirvió para tejer vínculos sólidos entre las Euskal Etxeak y las federaciones en el mundo, pero ahora se trata de dar un salto. Las motivaciones y el perfil de la diáspora han cambiado, y muchas de esas personas forman parte del ámbito empresarial o cultural.
LA DIÁSPORA VASCA
- Euskal etxeak. Si hay un lugar que simboliza la diáspora vasca son las euskal etxeak o centros vascos. El Gobierno vasco tiene contabilizadas alrededor de 200 centros de este tipo repartidas en 25 países y cuatro continentes que aglutinan a unos 36.000 socios y socias.
- Emigración vasca. Los vascos han sido un pueblo migrante en varios momentos de su historia. Emigraron principalmente en busca de oportunidades de trabajo a países con economías en expansión y con políticas de acogida para migrantes muy favorables durante décadas. Dejaron una huella profunda sobre todo en América, tanto en el norte como en el sur, especialmente Argentina, donde se dice que en torno al 10% de su población actual tiene algún antepasado vasco.
- La diáspora del siglo XXI. Hoy la diáspora no se limita a descendientes de la emigración histórica. El Gobierno Vasco presidido por Imanol Pradales está desarrollando nuevas políticas para incluir también a quienes viven temporalmente fuera por motivos profesionales, académicos o personales.
Comunidad Vasca
El Gobierno Vasco prepara una nueva ley para posicionar a Euskadi en la vanguardia de las políticas de diáspora y tiene en cartera un anteproyecto de ley que se ha hecho público recientemente y que se encuentra en fase de audiencia e información pública hasta finales de este mes para que la ciudadanía vasca, agentes involucrados y asociaciones del sector puedan presentar sus opiniones y alegaciones, garantizando así la participación de los destinatarios de la normativa.
El anteproyecto de ley tiene varias novedades de calado, empezando por una modificación de la propia terminología, ya que la todavía vigente normativa no utilizaba el término diáspora como tal, sino que hablaba de colectividades vascas en el exterior, que a su vez será sustituido por el de comunidad vasca en el exterior, un tratamiento más acorde a los tiempos e inclusivo. También avanza la creación de un archivo y un centro de interpretación de la diáspora donde se cuente la historia universal de las migraciones partiendo de la emigración vasca. Estará ubicado en algún lugar de Euskadi.
La nueva ley de diáspora servirá para adaptarla al siglo XXI y actuará como palanca para dar el salto hacia la vertebración de la comunidad vasca en el exterior. La apuesta consiste en colocar a las personas en el centro y dotarle del apoyo de una comunidad vasca global sólida y organizada para conectar a Euskadi con los ecosistemas y redes más avanzados a nivel mundial. Pretende ir más allá de la organización clásica a través de las euskal etxeak para quienes no puedan acercarse a una por razones profesionales o de cualquier otra índole, y no estén asociados de manera formal a esta red, o no dispongan de esa sede de referencia en el país en el que residen en la actualidad.
La futura ley pretende alumbrar un concepto de la diáspora vasca mucho más global para así aprovechar mejor las fuerzas y el capital humano disperso por el mundo. Una parte de esa diáspora está organizada y registrada, mayoritariamente en las Euskal Etxeak. Pero hay otra diáspora no organizada, con otras necesidades y expectativas, sin cobertura normativa de cara a mantener su vínculo con lo vasco, no necesariamente de forma convencional, y formar parte de la comunidad vasca en el exterior.
Lakua planea crear un registro voluntario de ciudadanos vascos en el exterior para tener un banco de datos de quienes integran la diáspora, más allá de los socios ya registrados en las Euskal Etxeak. Es un acto voluntario de personas que quieren vincularse a la diáspora vasca. Será una herramienta fundamental para establecer nuevas líneas de acción con la ciudadanía vasca asentada fuera del entorno geográfico, histórico o de otro tipo de los centros vascos.
Si hasta ahora la clave identitaria y cultural ha sido nuclear en la conformación de la diáspora vasca y en las actividades organizadas (memoria vasca, euskera, bailes, folklore…), el nuevo texto abre el foco y lo amplía a otros ámbitos profesionales en los que la diáspora vasca puede conectar y formar redes para desarrollar proyectos económicos y tener antenas en el exterior que sirvan para ayudar a que las empresas o los profesionales se conecten en comunidades virtuales
Por otra parte, prevé una nueva clasificación que incluye bajo este paraguas también a la diáspora por afinidad, en referencia a lo que llaman los amigos de lo vasco, que mantienen vínculos de tipo cultural, emocional, político o digital con Euskadi.
Día de la diáspora
Otro de los cambios que introduce el borrador prevé que los órganos de relación con la diáspora tendrán una nueva composición, ya que se concederá una mayor representación a la diáspora en el consejo asesor, en detrimento de una excesiva representación departamental del Gobierno Vasco existente hasta ahora. El congreso de la diáspora que hasta ahora se celebraba cada cuatro años se hará cada cinco, desvinculándolo del calendario político-electoral. La ley incluirá el Día de la Diáspora Vasca que desde 2018 se celebra cada año el 8 de septiembre (o en fechas cercanas) y programa un centenar de eventos en todo el mundo. Tras la fase de audiencia pública, el anteproyecto se llevará al Consejo de Gobierno con el objetivo de que la ley se apruebe con el mayor consenso posible en el Parlamento Vasco en 2027.