El médico David Céspedes ha publicado un vídeo en el que lanza una advertencia sobre un objeto que todos usamos en el día a día: el estropajo de cocina. Articula su argumento en torno a tres riesgos que, según explica, pasan desapercibidos en la mayoría de hogares: la carga bacteriana, la posible exposición a compuestos químicos derivados de materiales sintéticos y la liberación de microplásticos durante la limpieza.
Bacterias
El primer punto que subraya Céspedes se centra en la proliferación bacteriana. En su explicación, insiste en que el estropajo reúne las condiciones ideales para que crezcan microorganismos: “Este estropajo es el entorno perfecto para las bacterias”. El argumento se apoya en la idea de que la humedad, los restos de comida y el uso continuado convierten el estropajo en un reservorio microbiano. Según él, “pueden albergar hasta 362 tipos diferentes de bacterias” y llegar a concentraciones de “más de 45.000 millones de microorganismos por centímetro cuadrado”. “Cuando lavas los platos, dejas parte de esa flora en tu plato y luego te la comes”.
Materiales sintéticos
El segundo bloque del vídeo gira en torno a la composición de muchos estropajos industriales. Céspedes afirma que “la mayoría están hechas de tintes sintéticos, pegamentos baratos y derivados del petróleo” y añade que, con el uso repetido, esos materiales pueden degradarse. En su explicación, afirma que “si añades agua caliente y jabón, esos compuestos se degradan y liberan sustancias que alteran las hormonas”.
El médico sostiene que esta exposición no sería solo por ingestión indirecta, sino también por contacto cutáneo: “terminas extendiendo eso por todos los platos y tú también absorbiéndolas por la piel”.
Microplásticos en la limpieza diaria
El tercer eje del vídeo se apoya en un concepto que ha ganado terreno en los últimos años: los microplásticos. Céspedes recuerda que muchos estropajos están hechos de plástico y que el rozamiento constante podría desprender partículas. Lo describe de forma directa: “cada vez que limpias una encimera o un plato, vas dejando microplásticos invisibles”. Para subrayar por qué le parece relevante, añade que “la exposición continua a microplásticos se asocia a riesgo cardiovascular y deterioro cognitivo”.
La alternativa
Tras el diagnóstico, Céspedes propone una solución simple: “Usa lufas de composición 100% vegetal como estas”. Según afirma, la lufa sería preferible porque “no libera químicos” y es “completamente biodegradable”, además de presentar la idea de que es una opción más segura frente a los riesgos que atribuye al estropajo sintético.
Estropajo de luffa, una opción muy ecológica para fregar.
Las lufas vegetales se presentan como una alternativa cada vez más popular frente a los estropajos sintéticos en la cocina y el baño. Proceden de una planta de la familia de las cucurbitáceas, similar al calabacín, cuya fibra se seca y se utiliza como material de limpieza. Al ser 100% naturales y biodegradables, no contienen derivados del petróleo ni liberan microplásticos durante su uso, lo que las convierte en una opción más alineada con criterios de sostenibilidad y reducción de residuos. Además, bien enjuagadas y secadas tras cada uso, las lufas pueden reducir la acumulación de humedad prolongada, uno de los factores clave en la proliferación bacteriana, aunque, como cualquier utensilio de limpieza, requieren mantenimiento y recambio periódico para garantizar una correcta higiene.