Mundial

Un éxito basado en la fidelidad a un modelo

España sometió a Argentina desde el control del balón, la presión tras pérdida y la superioridad territorial hasta encontrar el merecido premio en la prórroga
Luis de la Fuente, artífice del éxito de España, alza el trofeo de campeón mundial. / EFE

La final de la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá no se decidió por un momento de inspiración. La decantó una batalla de modelos en la que la España impuso el suyo gracias a la perseverancia, la convicción, la dotación técnica y una superioridad táctica que terminó por desgastar a una Argentina competitiva, abrazada a la agresividad, pero a merced del rival, incapaz de encontrar su lugar a lo largo de las dos horas de partido. El gol de Ferran Torres fue la consecuencia lógica de un partido que la selección de Luis de la Fuente gobernó sin debate.

Para comprender este éxito conviene remontarse a mucho antes del inicio del Mundial, en concreto a la llegada de De la Fuente al banquillo a finales de 2022. Desde entonces, el seleccionador implantó una propuesta que se entendió continuista respecto al trabajo realizado por su predecesor, Luis Enrique Martínez. Porque España lleva tiempo asumiendo e incluso exportando una idea de juego que se consolidó en el Mundial de Sudáfrica en 2010. El técnico de Haro siempre ha insistido en que su mayor acierto ha sido mantenerse fiel a una idea de juego reconocible, eligiendo piezas que encajen perfectamente en ese sistema sin importar el club del que provengan. La insistencia, cuando trae resultados, convence, y seguido aparecen los automatismos. Porque una de las grandes virtudes de este equipo es que da igual quién juegue o contra quién; la propuesta siempre es la misma, innegociable.

Un vestuario unido

El éxito también encuentra argumentos en la lista de convocados. Para De la Fuente, citar a las mejores personas es tan importante como elegir a los mejores jugadores, lo que evita problemas de ego y mantiene al vestuario unido en momentos de mayor tensión. En este sentido, una vez puesto en marcha el torneo, el vestuario ha mostrado unidad sobre el terreno de juego y fuera de él. Ha proyectado capacidad de sacrificio, entrega, camaradería y ningún mal gesto entre compañeros o con el seleccionador por cuestiones tácticas.

Además, De la Fuente ha dotado de confianza al grupo, al que ha imbuido la premisa de jugar con calma emocional y paz mental, lo que ha permitido superar etapas a medida que se elevaba la exigencia sin perder el control de los partidos.

Argentina acudió a la final convencida de que el partido debía jugarse en el terreno emocional y con elevadas dosis de rudeza. Lionel Scaloni planteó un bloque medio-bajo, muy compacto, dispuesto a cerrar los pasillos interiores y a lanzar transiciones rápidas aprovechando la capacidad de Leo Messi para recibir entre líneas y la profundidad de Julián Álvarez. El plan funcionó durante muchos minutos. España monopolizó la posesión sin encontrar espacios para filtrar pases peligrosos.

Pero ahí afloró otra cualidad de España: no perdió la paciencia, no se precipitó. Rodri volvió a ejercer de metrónomo, de director de orquesta. Los campeones perseguían la pelota mientras España administraba el ritmo del encuentro encajando patadas y sin perder la serenidad. Unos jugaban a que rodara el balón, aprovechando los minutos, y otros, a no jugar, a trabar la fluidez del juego y dejar correr el tiempo.

Nico Williams y Lamine Yamal, tendidos sobre el césped tras ganar el Mundial. Europa Press

Números aplastantes

Los números ilustran que esa superioridad territorial no fue algo estético, sino cuantificable. España terminó con un 65% de posesión, 20 remates totales y 12 de ellos entre los tres palos, y con 755 pases completados. Argentina solo disparó en dos ocasiones, ambas en la prórroga, y ninguna a portería. Esto significa que por primera vez en una final de la Copa del Mundo un equipo no realizó un solo remate a lo largo del tiempo reglamentario. Los pases completados fueron 348. Unai Simón terminó la final sin realizar una sola parada y Dibu Martínez, como el más destacado de su equipo. “El partido se tenía que haber decantado bastante antes, pero las intervenciones de Dibu han impedido que se ganara antes”, consideró De la Fuente.

Otra clave apareció en las bandas. España encuentra en Lamine Yamal una fuente de desequilibrio, pero Argentina diseñó un dispositivo para minimizarlo mediante ayudas constantes del lateral y del interior. El extremo catalán tuvo pocas situaciones de uno contra uno, pero el hecho de que Argentina concentrara sus esfuerzos en ese sector permitió que Pedro Porro y Marc Cucurella ganaran metros por fuera, generando superioridades numéricas y obligando a los extremos rivales a recorrer más distancia en los repliegues.

Messi, la gran amenaza, anulado

El desgaste argentino fue acumulándose. Cada recuperación quedaba demasiado lejos de la portería de Simón y Messi, faro que ilumina el rumbo, empezó a recibir cada vez más retrasado. El capitán argentino trató de ofrecer soluciones técnicas, pero no encontraba compañeros por delante. Pasó desapercibido después de participar en doce goles –ocho tantos y cuatro asistencias– de los dieciséis de su equipo a lo largo del torneo. España había logrado fragmentar a la Albiceleste en dos bloques: defensores rezagados en su área y atacantes aislados.

Fue crucial la presión tras pérdida de España. El conjunto de De la Fuente apenas permitió que Argentina enlazara pases cuando recuperaba el balón. Todos, sin excepción, saltaron inmediatamente sobre el poseedor. Esa presión evitó los contragolpes y dejó oportunidades cerca del área argentina. De hecho, así nació la jugada del gol de Ferran Torres. Además, el combinado estatal volvió a hacer gala de la fortaleza de la línea defensiva, que secó a los suramericanos.

Otra diferencia se pudo observar en la gestión física. España llegó a la prórroga con mucha más energía colectiva. El plantel de Scaloni había sobrevivido más de una hora defendiendo cerca de su portería, multiplicando los esfuerzos y acumulando kilómetros sin balón. A medida que avanzaron los minutos los espacios fueron apareciendo. La expulsión de Enzo Fernández en el minuto 93, como síntoma de la suma de la agresividad argentina, desequilibró aún más la balanza energética y agudizó el plan defensivo de Scaloni. “La mejor versión física de España está por llegar”, dijo De la Fuente tras superar la fase de grupos. Había un plan, y en él se contemplaba llegar lejos en el Mundial.

Leo Messi fue anulado por el trabajo de la selección de Luis de la Fuente. Europa Press

De nuevo, la profundidad de banquillo resulta crucial

Fue en ese escenario de desgaste cuando volvió a brotar uno de los grandes rasgos de España, su profundidad de banquillo. Las sustituciones, en cualquier caso valientes al perseverar en la misma idea de juego, que no es otra que asumir la iniciativa en todo momento, mantuvieron el nivel competitivo. De hecho, el gol llegó gracias a la participación de dos jugadores que salieron desde el banquillo, Nico Williams, con su asistencia, y Ferran, con su gol. Otros días la expresión de estas potentes alternativas fue Mikel Merino. A De la Fuente no le tiembla el pulso al realizar cambios que le han ido dando la razón durante la competición.

Argentina perdió porque nunca llegó a alterar el plan de su rival, pese a que lo intentó, como muestra el hecho del cambio de Scaloni en el descanso, cuando dio entrada a Leandro Paredes para reforzar la medular. Cierto es que la lesión de los dos centrales titulares, Lisandro Martínez y Cuti Romero, tampoco ayudaron, pero la Albiceleste dependió en exceso de individualidades. No generó llegadas limpias y permaneció enjaulada junto a su portería. Fue una derrota consecuencia del control estratégico que ejerció España prácticamente desde el inicio. Incluso, los argentinos se beneficiaron de la cuestionable decisión arbitral de anular un gol a Williams.

España ganó porque fue reconocible de principio a fin. Dominó el balón, defendió lejos de su área, presionó inmediatamente después de perder la posesión y encontró soluciones desde el banquillo cuando el partido empezó a ofrecer espacios. Fue el triunfo de una idea desarrollada desde tiempo atrás, un éxito basado en la fidelidad a un modelo.

21/07/2026