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Trump amenaza con controlar la isla de Jarg y sopesa incautar uranio iraní

El presidente de EE.UU. pone en su punto de mira el crudo de Irán mientras el conflicto entra en una fase crítica con riesgo de invasión terrestre
El presidente estadounidense, Donald Trump, en una imagen de archivo.
El presidente estadounidense, Donald Trump, en una imagen de archivo. / E. P.

Actualizado hace 1 segundo

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha manifestado abiertamente su intención de "tomar el control del petróleo" de Irán, señalando como objetivo prioritario la isla de Jarg, el corazón de las exportaciones de crudo de la República Islámica. En una serie de declaraciones que combinan la amenaza militar directa con una confusa narrativa diplomática, el mandatario daba un ultimátum que vence el próximo 6 de abril, según el cual o se llega a un acuerdo para desbloquear el estrecho de Ormuz, o Washington procederá a la destrucción total de las capacidades energéticas y de desalinización del país persa.

Durante una entrevista concedida al diario Financial Times, Trump no dudó en comparar su posible estrategia en Irán con la actuación de EE.UU. en Venezuela a principios de año. Según el mandatario, la captura del presidente Nicolás Maduro permitió a Washington influir decisivamente en el sector petrolero venezolano, un modelo que ahora parece querer replicar en Teherán.

El objetivo central de esta posible operación es la isla de Jarg. Esta terminal estratégica concentra la gran mayoría de las exportaciones de crudo iraní. Su ocupación o destrucción no solo supondría el colapso definitivo de la economía de Irán, sino que enviaría ondas de choque a todo el mercado energético global. Trump reconoció que una operación de este calibre requeriría una "presencia prolongada sobre el terreno", algo que coincide con el reciente despliegue masivo de fuerzas en la región.

Actualmente, EE.UU. mantiene unos 50.000 efectivos en Oriente Medio. El Comando Central (Centcom) confirmó el pasado sábado la llegada del buque de ataque anfibio USS Tripoli, que suma 3.500 efectivos adicionales, apoyados por unidades tácticas y aeronaves de combate. Pese a este despliegue, la opinión pública estadounidense se muestra dividida: más de la mitad de la población se opone a una invasión terrestre, especialmente tras conocerse que, desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero, 13 militares estadounidenses han muerto y más de 300 han resultado heridos.

Una misión de alto riesgo

Más allá del petróleo, el conflicto ha entrado en una dimensión crítica tras filtrarse planes del Pentágono para una operación terrestre de fuerzas especiales. Según informaciones del Wall Street Journal, Trump sopesa ordenar una incursión para extraer casi 1.000 libras (unos 450 kilos) de uranio enriquecido de suelo iraní.

"Nos van a entregar el polvo nuclear", afirmó Trump el domingo, aludiendo de forma críptica a esta operación. El objetivo sería asegurar el material enriquecido al 60%, un nivel de pureza que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) considera peligrosamente cercano al 90% necesario para fabricar armamento atómico. Irán ha confirmado poseer unos 440 kilos de este material, repartidos probablemente en instalaciones como Isfahán y Natanz.

Expertos militares y generales retirados, como Joseph Votel, advierten de que no sería una misión de "entrar y salir". Las tropas tendrían que volar bajo fuego antiaéreo, asegurar perímetros, excavar escombros y transportar entre 40 y 50 cilindros pesados en camiones hasta un aeródromo improvisado. El proceso podría durar una semana, exponiendo a los soldados a una represalia directa, sobr elo que Teherán ya ha lanzado una advertencia sombría: cualquier soldado que pise su suelo será "alimento para los tiburones del golfo Pérsico".

¿Negociación o espejismo?

Mientras los tambores de guerra suenan con fuerza, el discurso de la Casa Blanca ofrece señales contradictorias. Trump aseguró este domingo que Irán ha permitido, como un "regalo y señal de respeto", el paso de 20 buques petroleros por el estrecho de Ormuz para este lunes. Según el presidente, esto es una prueba de que las negociaciones con lo que él denomina un "nuevo régimen más razonable" van por buen camino.

Sin embargo, desde Teherán la versión es —una y otra vez— radicalmente distinta. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Ismail Bagaei, negó rotundamente cualquier negociación directa con Washington. Aunque admitió el intercambio de mensajes a través de intermediarios como Pakistán, calificó las propuestas estadounidenses de "demandas excesivas e irracionales".

Irán acusa a EE.UU. de destruir la vía diplomática al iniciar la guerra mientras se mantenían conversaciones. "No sé cuántos en EE.UU. se toman en serio las afirmaciones sobre su diplomacia", sentenció Bagaei.

El abandono del TNP

La presión militar ha llevado al Parlamento iraní a debatir una medida drástica: la salida de Irán del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Este acuerdo, vigente desde 1970 y con 191 países firmantes, es la piedra angular del desarme global.

La opinión pública iraní cuestiona ahora el beneficio de pertenecer a un tratado que, según Bagaei, no protege al país de agresiones externas ni le permite disfrutar de sus derechos al uso pacífico de la energía nuclear. Una eventual salida de Irán podría provocar un efecto dominó en la región, impulsando a países como Arabia Saudí o Turquía a buscar sus propios arsenales atómicos. Aunque Irán reitera que no busca armas nucleares, el debate legislativo sugiere que el país está agotando sus opciones diplomáticas ante los ataques continuos.

Un mes de guerra

Y mientras se dirimen las estrategias en los despachos, la realidad sobre el terreno es devastadora. La campaña de bombardeos de EE.UU. e Israel ha cumplido un mes sin signos de remitir.

Solo en los últimos tres días, los ataques han causado más de 70 muertos civiles, además de que el pasado 28 de marzo fue uno de los días más sangrientos, con 701 ataques registrados en 278 puntos distintos de la geografía iraní. Teherán, una metrópoli de 10 millones de habitantes, vive bajo un asedio aéreo constante.

Los objetivos han dejado de ser estrictamente militares para centrarse en la infraestructura industrial y educativa. Las principales acerías de Mobarakeh y Juzestán han sido golpeadas; los ataques a subestaciones eléctricas han dejado a oscuras partes de la capital y la ciudad de Karaj y se teme que las plantas desalinizadoras sean las próximas en la lista de objetivos de Trump; las universidades de Ciencia y Tecnología de Teherán y la de Isfahán han sufrido daños severos, con edificios reducidos a escombros; y la planta de Bushehr sigue deteriorándose tras ser atacada por tercera vez en diez días, lo que ha obligado a evacuar a su personal.

Con el ultimátum del 6 de abril en el horizonte, la estrategia de "máxima presión" de Donald Trump parece haber llevado el conflicto a un punto de no retorno. La amenaza de ocupar la isla de Jarg y de incautar el uranio por la fuerza sitúa al mundo ante la posibilidad de una guerra terrestre de consecuencias impredecibles en el corazón energético del planeta.e una guerra terrestre de consecuencias impredecibles en el corazón energético del planeta.

2026-03-30T19:11:05+02:00
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