Un estudio ha identificado tres proteínas presentes en la superficie de las células tumorales que podrían convertirse en nuevas dianas para desarrollar tratamientos más precisos contra el cáncer de cuello uterino.
La investigación señala concretamente a MSLN, TROP-2 y LIV-1, cuyos perfiles de expresión varían según el subtipo del tumor. Los resultados podrían ayudar a diseñar conjugados anticuerpo-fármaco (ADC), medicamentos capaces de reconocer determinadas proteínas de las células cancerosas y liberar sobre ellas un fármaco.
El cáncer de cuello uterino engloba tumores biológicamente diferentes, como el carcinoma de células escamosas y el adenocarcinoma, que se originan en tejidos distintos. Esta heterogeneidad complica el desarrollo de tratamientos que resulten eficaces para todas las pacientes.
El trabajo, publicado en la revista científica "Computational Biomedicine", analizó 304 tumores primarios de cuello uterino y 7.597 muestras sanas procedentes de 52 tipos de tejidos. Los investigadores estudiaron 259 genes vinculados a proteínas de la superficie celular y localizaron inicialmente 30 candidatos con una presencia significativamente elevada en los tumores.
Una diana diferente para cada tumor
MSLN apareció como la diana más consistente para el cáncer de cuello uterino en su conjunto, ya que mantuvo una elevada expresión al compararla tanto con tejidos ectocervicales como endocervicales sanos. TROP-2, en cambio, mostró un comportamiento más dependiente del subtipo tumoral. Su expresión fue especialmente elevada frente al tejido endocervical normal, lo que apunta a su posible utilidad para tratar el adenocarcinoma, pero no como una diana universal para todos los cánceres de cuello uterino.
El análisis también descubrió un reducido grupo de tumores con una alta expresión de LIV-1. Se trataba de 14 casos, equivalentes al 4,6% de las muestras analizadas, por lo que esta proteína podría servir para desarrollar tratamientos dirigidos a un subgrupo concreto de pacientes. Los investigadores consideran que los resultados demuestran la necesidad de estudiar las particularidades de cada tumor y no limitarse a elaborar una única clasificación de genes. El hallazgo se encuentra todavía en fase de investigación y deberá ser validado antes de poder traducirse en nuevos tratamientos.