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Tras las borrascas, ¿habrá menos incendios en verano?

Las olas de calor cada vez más intensas y prolongadas disparan la predisposición del monte a arder incluso tras inviernos lluviosos
Imagen de archivo de dos personas contemplando los incendios en Galicia en 2022. / EP

Con los montes empapados tras sucesivas borrascas —ahora Regina, recién estrenada la primavera meteorológica— surge la pregunta inevitable: ¿habrá menos incendios este verano o serán menos virulentos? Hace unas décadas, un escenario así habría invitado al optimismo, pero hoy la crisis climática ha cambiado las reglas del juego.

Los terrenos y embalses están rebosantes de agua, pero las olas de calor cada vez más intensas y prolongadas, junto con las sequías atmosféricas repentinas, disparan la predisposición del monte a arder incluso tras inviernos lluviosos. Según explica a EFE el ingeniero Víctor Resco de Dios, catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global de la Universidad de Lleida, la humedad del suelo no garantiza un verano más seguro: las lluvias favorecen un mayor crecimiento de vegetación, que a medio plazo se traduce en más combustible disponible.

Llueve sobre mojado

España sigue bajo el efecto de borrascas como Regina, la decimoséptima de la temporada, que traerá lluvias y tormentas intensas, especialmente en el este y sur peninsular, con riesgo de inundaciones y lluvias de barro por polvo africano.

Pese a tanta humedad, incluso si mayo cierra con precipitaciones abundantes, en junio la vegetación podría estar ya seca, aumentando la disposición del monte a arder.

Humedad y olas de calor

La humedad del terreno puede amortiguar las olas de calor, pues parte de la radiación solar se usa en evaporarla, enfriando el ambiente. Si el suelo está seco, la radiación calienta el aire, intensificando los episodios extremos.

Aun así, Resco de Dios matiza que esto no compensa el aumento de biomasa tras tantas lluvias: "La lluvia invernal no nos va a salvar en verano". La intensidad de la campaña dependerá de la coyuntura meteorológica y factores como tormentas y rayos, que fueron causa de muchos incendios el verano pasado.

Un invierno húmedo no asegura un verano tranquilo

Hoy un invierno húmedo no garantiza un verano seguro. La atmósfera desecante puede extraer agua de la vegetación, especialmente de hierbas y arbustos superficiales, que actúan como mecha en los incendios.

Hace treinta años, la vegetación tardaría más en secarse. Hoy, las olas de calor aceleran el secado, generando combustible más disponible para arder.

La espesura de los montes mediterráneos

A la ecuación se suma la mayor densidad de bosques. Contrario a la percepción de deforestación, la superficie forestal ha aumentado en España y Europa debido al abandono rural y falta de gestión, creando masas más densas y continuas.

El aumento de vegetación eleva la competencia hídrica, secando la vegetación con más rapidez durante las olas de calor. Resco de Dios apunta a dos causas principales del riesgo de incendios: falta de gestión forestal y cambio climático. El investigador concluye que gestionar el territorio es la única forma de prevenir incendios. Ni los embalses llenos ni los campos verdes en febrero garantizan un verano seguro en un escenario de cambio climático.

03/03/2026