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El Casco Viejo de Durango se prepara para un escenario inédito en su memoria reciente. Este año, el característico redoble de los tambores y el rítmico balanceo de las imágenes cederán su lugar a un silencio sepulcral. Por primera vez en cuatro décadas de su era moderna, la Cofradía de la Vera Cruz —custodia de una tradición que se remonta a 1435— la más antigua de Bizkaia, no saldrá a la calle. No es una decisión por motivos meteorológicos ni económicos; es el resultado de un relevo generacional que no llega.
La crisis no es nueva, pero este año se ha vuelto insuperable. "Si no hubiera sido por personas procedentes de Ecuador, Colombia o Senegal, las procesiones no habrían sido posibles desde hace diez años; ni la cuarta parte de los participantes eran autóctonos", reconoce Victoriano Pérez. El músculo de los nuevos vecinos de la villa ha sido el soporte vital de una fe que los locales parecían haber ido olvidando.
Del Padre Zabala a las ruedas
La historia moderna de la Semana Santa durangarra está ligada de forma al Padre Zabala. Fue él quien, hace décadas, entendió que la tradición necesitaba diversidad. Convirtió la organización en un mosaico de identidades regionales: confió la Verónica al Centro Palentino, el Santo Entierro a los extremeños y la Dolorosa a los andaluces.
Sin embargo, tras su fallecimiento, el motor comenzó a decaer. El declive humano fue tal que, hace una década, la cofradía tuvo que tomar una decisión que salvó el desfile: instalar ruedas en los pasos. No había hombros suficientes para cargar las tallas. Hoy, ni siquiera el empuje de las ruedas ha bastado para salvar la procesión.
El cese de este año deja una herida abierta en la identidad cultural y religiosa de la villa. Victoriano Pérez no oculta su pesar ante las calles vacías, pero se resiste a firmar el acta de defunción definitiva. Su esperanza reside en que este "apagón" sirva de revulsivo para que algún colectivo o grupo de jóvenes recoja el testigo. Aún así cabe recordar que si saldrá el Vía Crucis del viernes que saldrá desde Santa Ana y finalizará en Tabira.
Mientras tanto, este año Durango vivirá una Semana Santa introspectiva, donde el único protagonista será el eco de lo que fue y la gran incógnita de si la Vera Cruz volverá a ver la luz en 2027.