Marta y su familia regresan a un pequeño pueblo tras años de distancia en el que el silencio guarda algunos secretos. Una noche descubre una luciérnaga y unas cartas que revelan un amor clandestino que ella nunca había podido imaginar. Entre tropiezos, puentes, pozos y desapariciones, Marta descubrirá que el amor a veces aparece cuando menos te lo esperas y que algunas luces, aunque pequeñas, pueden iluminarlo todo. Ésa es la premisa principal de Luciérnagas, la primera novela de Naiara Custodio.
En Las mañanas de Onda Vasca, la autora explica que el libro nació de una necesidad vital de expresar emociones. El proceso de escritura se ha extendido durante once años, iniciado tras el fallecimiento de su abuelo, de quien heredó la pasión por la lectura. Lo que comenzó como un relato de misterio influenciado por Carlos Ruiz Zafón, evolucionó hacia una narrativa íntima escrita a mano en cuadernos durante viajes y trayectos en metro.
El núcleo central de la novela es la conexión entre el ayer y el hoy: "Somos lo que somos por lo que hemos sido. Al final, todo lo que nos han enseñado, todo lo que hemos sufrido, lo que hemos vivido, nos ha hecho ser quienes somos ahora y quienes seremos en un futuro". Con esta premisa, Luciérnagas explora cómo las experiencias vividas y las enseñanzas familiares configuran nuestra esencia actual y futura. Aunque no es una obra autobiográfica, su autora reconoce que hay algo de sí misma en Marta, especialmente en la gestión del duelo y los descubrimientos vitales del paso a la vida adulta.