Vida y estilo

Tallin, la 'perla del Báltico', una ciudad por descubrir

A orillas del golfo de Finlandia, Tallin, capital de Estonia, está considerada como 'La perla del Báltico', no en vano ha conservado el mismo aspecto de cuando era uno de los más atractivos centros comerciales de la Edad Media. Respetada por la Segunda Gu
Panorámica de Tallin desde el mirador de Patkuli.
Panorámica de Tallin desde el mirador de Patkuli. / Begoña E. Ocerin

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Tallin apareció por primera vez en el mapa del mundo gracias al descubrimiento que hizo en 1154 el geógrafo árabe-ceutí Al-Idrisi que, en uno de sus relatos, confesó admirado que había encontrado “una ciudad pequeña parecida a un castillo y también un puerto grande”. La actual capital de Estonia ya había sido para entonces uno de los fondeaderos más visitados por los vikingos en sus rutas bálticas y punto de referencia entre el este y el oeste. Su impresionante sistema de defensa había impedido que sus edificios sufrieran grandes daños en las guerras y batallas habidas. Como las construcciones eran mayoritariamente de piedra, la población no padeció los estragos que habitualmente causaban los incendios y el paso del tiempo. Hoy es una ciudad que sorprende por la magnífica conservación de sus edificios. En modo alguno ha perdido su carácter medieval y la Unesco la protege con su inscripción en la lista del Patrimonio Mundial.

Detalle de la murallas de Tallin.

Detalle de la murallas de Tallin. B.E.O.

Su situación frente a Helsinki, golfo de Finlandia de por medio, no quiere decir que sean capitales rivales, sino todo lo contrario. Lo señaló claramente Ángel Ganivet cuando, aprovechando su etapa como cónsul de España en Finlandia allá por 1886, fue anotando los detalles que le llamaban la atención de la vida cotidiana finesa para publicarlos en El defensor de Granada en forma de artículos. Con gracia e ironía, hizo un análisis crítico, sensato y real de los pueblos bálticos que, recopilados en Cartas finlandesas, resulta hoy poco menos que imprescindible para comprender la relación afectiva que siempre ha existido entre finlandeses y estonios, primos hermanos como ellos mismos se denominan.

La música hermana

La época de oro de Tallin hay que situarla entre mediados del siglo XV y el comienzo del siglo XVI, cuando pertenecía a la Liga Hanseática y por ello ejercía una gran influencia en el área del mar Báltico. La Hansa era una especie de cooperativa creada en Alemania que controlaba el comercio en los principales puertos nórdicos. Entrar en ese circuito era el preludio de un rápido enriquecimiento. De esta forma, Tallin consiguió ponerse en cabeza de rutas comerciales entre las ciudades hanseáticas del oeste de Europa y los territorios de Rusia. El poder económico adquirido le permitió desarrollar una gran labor en el mundo de la arquitectura y las artes.

Monumento a la Declaración de Independencia de Estonia en Tallin.

Monumento a la Declaración de Independencia de Estonia en Tallin. B.E.O.

Con el paso del tiempo, la ciudad llegó a alcanzar tal importancia que fue elegida para la firma del Tratado de Paz que puso fin a la guerra de la independencia del país. El 2 de febrero de 1920, Rusia reconoció sin reserva alguna la soberanía de Estonia. Fue entonces cuando el país reconoció como himno nacional la canción Mi patria, mi fortuna y deleite, obra de Fredrik Pacius, el mismo compositor del himno finlandés. “Posteriormente, la URSS no respetó el tratado y ocupó el país hasta 1990. En esa etapa de nuestra historia, este poema estuvo prohibido en favor de otro que nos fue impuesto y que no lo consideramos. Todas las noches, a determinada hora, la emisora finlandesa Yleisradio emitía la música de Pacius para mantener vivo el espíritu de nuestro pueblo. Detalles de este tipo hermanan a países”, me dice Mikko, mi amigo estonio. Me traduce una estrofa: “Tú eres quien me alumbró y me ha criado. Siempre te lo agradeceré y te seré fiel hasta la muerte”.

Puerta Viru.

Puerta Viru. B.E.O.

La entrada al pasado

Al viejo Tallin se entra con todos los honores por la Puerta de Viru, aunque bien es cierto que de ellas sólo quedan las torretas que las mantuvieron en pie allá por el siglo XIV, cuando fueron construidas. Dentro quedaba una ciudad que se hizo famosa en el siglo X por su puerto y su mercado, cuando el comercio se extendía al mar Báltico. La amplia calle que se abre ante nosotros, plena de comercios y cafés, nos marca el camino hacia el corazón de la ciudad vieja, donde se encuentra la Plaza del Ayuntamiento. La preside la Casa Consistorial, un edificio levantado en 1404 y que desde entonces siempre ha ejercido como tal. La torre, de sección octogonal, culmina con la figura de un rico comerciante al que los nativos consideran uno de los símbolos de Tallin, el Viejo Tomás.

El Ayuntamiento.

El Ayuntamiento. B.E.O.

La plaza es muy amplia y ha servido como escenario de los principales acontecimientos locales. Es obligado un recorrido detallado de la misma porque cualquier rincón esconde una curiosidad. Un ejemplo, la farmacia que se encuentra en el número 11 y que está en activo desde 1422, mucho antes de que Colón descubriera América. Merece la pena entrar en su interior con la excusa de precisar aunque sea una aspirina porque le permitirá ver su impresionante museo.

No se pierde la atmósfera medieval cuando se patea la calle Pikk, donde antiguamente residían los ricos comerciantes que festoneaban sus domicilios y sedes sociales con bellas arquitecturas. Un ejemplo lo tenemos en la Casa de las Cabezas Negras donde hacían sus primeros negocios los principiantes. Puerta con puerta está la casa del Gremio de San Canuto, con una fachada bellísima tras la que negociaban los artesanos de más humilde condición en contraste con los que operaban en la Casa del Gran Gremio, en la acera de enfrente, y cuyo edificio gótico alberga en la actualidad el Museo de Historia. Sus primitivos ocupantes empezaron a operar aquí en 1325. En sus magníficos locales tuvo lugar la primera proyección cinematográfica de Tallin.

El recuerdo de la época rusa

Se mire por donde se mire, la calle Pikk es un tesoro arquitectónico. Te adentras en la historia con sólo pisar sus adoquines o los de su prolongación en Pikk Jalg, donde estuvo la KGB durante la dominación rusa. No escapará a su atención la placa que hay en el edificio y en la que se lee en estonio: “Aquí estuvo la sede del órgano represor del poder soviético, el lugar donde para miles de estonios empezó el sufrimiento”. Los amantes de emociones fuertes pueden visitar el Museo del KGB en el Hotel Viru.

Catedral de Alexander Nevsky.

Catedral de Alexander Nevsky. B.E.O.

Una de las iglesias más queridas de los vecinos de Tallin es la Catedral de Nuestra Señora en la que se encuentra la tumba del terrateniente Otto Johann Thuve, un crápula de mucho cuidado que, en su agonía, pidió que le enterraran a la entrada del templo para que los fieles rezaran por su alma. Juraría que no lo hacen. Tampoco en la Catedral Rusa Aleksander Nevsky que mandó construir el zar Alejandro III para ratificar la presencia rusa no deseada por la población. Otro templo celebrado por su belleza interior es el dedicado a San Nicolás, construido por los alemanes de la Hansa y uno de los pocos edificios bombardeados durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy alberga un museo de arte medieval en el que destacan los paneles de la Danza macabra y un calvario del siglo XIV.

La capital de Estonia tuvo en la Edad Media uno de los sistemas defensivos más poderosos del norte de Europa y, para sorpresa del visitante, gran parte de él se conserva. El castillo, que empezó a construirse en el siglo XIII y lo remató Catalina la Grande, es tan fotografiado hoy en día como los casi dos kilómetros de muralla con sus correspondientes torres. Dicen los estonios que no se conoce Tallin si no se visitan tres de ellas que vienen a ser las más representativas: la llamada popularmente Kiek in de Kök (Ojeada a la cocina), tiene cuatro metros de espesor y llegó a contar con 27 troneras para cañones y otras tantas para escopetas. La Torre de la Doncella, de planta cuadrada, fue en siglos pasados, y pese a su nombre, cárcel de prostitutas. Finalmente la Torre Margareta, que hoy alberga un interesantísimo museo marítimo, impone por sus dimensiones: redonda, con un diámetro de 25 metros y una altura de 20 metros, fue la puerta de entrada a la ciudad desde el mar y taquilla para que los comerciantes pagaran los impuestos.

Arenques, plato típico de su gastronomía.

Arenques, plato típico de su gastronomía. B.E.O.

Gastronomía

El pescado y la carne de cerdo son las estrellas de cualquier carta en los restaurantes de Tallnn. De las muchas variedades que tienen los porcinos me inclino por unos platos combinados a base de salchichas de varios tipos, panceta y patatas (las sirven asadas y sin pelar) que son una delicia acompañados de una jarra de cerveza.

El tema del pescado es sumamente complejo dada la variedad que te ofrecen. Hay tendencia a ahumarlo, pero también a degustarlo incluso crudo, caso de los arenques que, troceados y en forma de ensalada con zanahoria y cebolla, no faltan en los desayunos. El arenque es muy recurrente también como aperitivo. Tomen nota del restaurante Kudse Notsu Körts, en la calle Dunkri, casi pegado al Hotel San Petersburgo. La proporción calidad-precio es muy buena.

2026-02-28T10:16:34+01:00
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