Pedro Sánchez confía en que los resultados electorales en Estados Unidos y Brasil cambien el estado de ánimo del votante progresista y le insuflen una moral de victoria que lleva meses por los suelos por las encuestas que vaticinan una amplísima mayoría absoluta del PP y Vox en las elecciones generales del día 29. El presidente español y candidato a la reelección por los socialistas se ha crecido tras la derrota de Donald Trump, que no se ha sometido a unas elecciones presidenciales en sentido estricto pero sí ha visto cómo sus rivales, los demócratas, se han hecho con el control de la Cámara de Representantes y el Senado tras los comicios de medio mandato; y, en Brasil, Lula da Silva se ha asegurado un cuarto mandato tras una vertiginosa remontada ante el hijo del expresidente extremista Jair Bolsonaro. En un mitin en Tarragona con constantes interrupciones de un enfervorecido público que no dejaba de ovacionar y corear su nombre, Sánchez ha proclamado este sábado que "la ola ultraderechista se está desmoronando en Estados Unidos y Brasil", y que el día 29 ocurrirá lo mismo en el Estado español. Pero fue más allá. No le basta con una mayoría simple, sino que quiere una mayoría "amplia y progresista" para reducir su dependencia de otros partidos en el Congreso de los Diputados.
A diferencia de lo que ocurrió en su anterior mandato, donde Sánchez podía prescindir de algunos de sus socios de investidura para sacar adelante sus leyes porque su mayoría era más holgada (esquivó al PNV y sus denuncias de invasión competencial en la Ley de Vivienda), en estos tres últimos años su margen se ha ajustado hasta la mínima expresión y ha tenido que contar con todos sus socios en todas las votaciones, o bien perderlas. Esto ha sido un problema para Sánchez, porque en esta aritmética hay partidos con programas económicos contrapuestos y también con estrategias políticas muy marcadas que han dado pie a más de una derrota parlamentaria a manos de Podemos y Junts, por ejemplo. Junts tumbó sus dos decretos de vivienda, hasta el punto de que Sánchez tuvo que recurrir a una triquiñuela: los volvió a aprobar en Consejo de Ministros para someterlos a la Diputación Permanente, que se reúne el jueves y es el órgano más reducido que se activa cuando el Congreso está disuelto por una convocatoria electoral. Allí las mayorías son distintas, y podrá sacar adelante el primer decreto a pesar de Junts y con el voto a favor del PNV. Los jeltzales seguirán tumbando el segundo, el que penaliza a los propietarios con el pago de doce meses de renta si no renuevan el contrato a su inquilino salvo por razones muy tasadas, como utilizar la vivienda para ellos mismos. Ese decreto es un empeño personal de Sumar, y no tanto socialista.
Sánchez no entró en estos detalles de contexto en su mitin, y presentó sus aspiraciones con dos únicas frases: "Después de ocho años, no me basta con tener una mayoría simple; no es suficiente con frenar al PP y a Vox. Necesitamos una mayoría amplia y progresista para llegar antes y más lejos en materias sociales, en conquistas de derechos y libertades".
Ve a su Gobierno como "el faro que inspira al mundo"
Sánchez presentó a su Gobierno como "el faro" que "inspira al mundo", frente a la internacional ultraderechista. Y volvió a insistir con la reforma de la Constitución española para "blindar" el derecho de las mujeres a abortar. Ya se planteó hace unos meses, y provocó un intenso debate en la medida en que, más que blindarlo, algunos juristas consideraron que iba a perder protección porque se puede interpretar que ya va implícito en el artículo 15 de los derechos fundamentales y, tal y como estaba planteado, se iba a mencionar en un artículo fuera de ese núcleo fundamental del texto.
El secretario general del PSOE reivindicó su portazo a "todos los señores de la guerra", que querían invertir el 5% del PIB en defensa: "Dijimos que no porque queremos seguir apostando por la educación, la sanidad, la dependencia y las pensiones de nuestros ciudadanos. Este 29 de noviembre les vamos a decir con nuestro voto que España se gobierna desde España, no desde Washington, Tel Aviv, Buenos Aires y Moscú". Al popular Alberto Núñez Feijóo y al líder de Vox, Santiago Abascal, les dijo que "son pasado", que "se querían subir a la ola ultraderechista pero se está desmoronando en Estados Unidos y Brasil, y se va a desmoronar en España". Se detuvo poco en el accidente ferroviario de Urda, que se ha cobrado la dimisión de Óscar Puente como ministro y del presidente de Adif. Se limitó a poner en valor que han dado "la cara" frente a aquellos que dieron "la espalda a las víctimas y sus responsabilidades", en una alusión implícita a Mazón y la dana en Valencia. Y lo hiló con los recortes, que atribuyó de manera velada al PP. "Si hay alguna lección que extraer, es que hemos tardado 15 años en revertir los recortes tras la respuesta neoliberal a la crisis. Necesitamos un Gobierno que se comprometa a reforzar los servicios públicos y no recortarlos".