George Russell cumplió con las expectativas depositadas allá por la pretemporada, cuando Mercedes se erigía como rival a batir en la Fórmula 1. El piloto inglés lideró de inicio a fin el Gran Premio de Austria, con una precisa gestión de las diferencias, que fueron escasas, lo que complicó su victoria. No fue un triunfo sobrado, ni mucho menos, de hecho los tres primeros clasificados cruzaron la meta en un pañuelo de apenas dos segundos. Max Verstappen fue segundo protagonizando una increíble reconversión del Red Bull, que se debatió con los monoplazas hegemónicos y contuvo a un Kimi Antonelli que minimizó los daños con el tercer puesto.
“Las carreras duras te ponen a prueba y las dos últimas han sido vitales para recordarme mi nivel”, expresó Russell, autor de la segunda conquista de la temporada. El británico ha sabido recomponerse de las frustraciones vividas durante las últimas semanas, en las que vio cómo su papel de actor principal de Mercedes era relegado al de actor secundario por un joven de 19 años que pisa fuerte, y que no concede ningún respiro, como atestiguó el propio vencedor. Esta muesca es un importante estímulo, un voto de confianza para sus posibilidades. Una reivindicación.
“He tenido que tirar todas las vueltas, porque los de detrás venían muy rápido”, atestiguó Russell, que acabó sudando la gota gorda para proteger la condición de líder concedida desde la posición de salida.
En esos compases inaugurales en el Red Bull Ring, Russell se vio beneficiado por la lucha interna en Ferrari, con Charles Leclerc y Lewis Hamilton disputando la segunda posición, duelo que resultaría favorable para Hamilton. Antonelli trató de colarse en la batalla, pero tuvo que irse largo para evitar contactos. “Estaba demasiado alterado en esa primera vuelta y no he pilotado bien”, lamentó el italiano. La circunstancia concedió unos metros a Russell, que cobraba oxígeno en cabeza.
El inglés comenzó a marcar el compás, pero con rentas mínimas. De hecho, en la vuelta 22 de las 71 programadas su ventaja era solo de 1,7 segundos. Pero en ese momento volvió a sucederse una guerra a su rebufo que le dio un nuevo respiro. Verstappen y Hamilton iniciaron un bonito choque de poderes que se llevó el neerlandés. Cuando Max se aupó al segundo puesto tras salir desde la quinta pintura de la parrilla, Russell gozaba de 3 segundos.
Hamilton, anulado por la propuesta
Hamilton quedó anulado de cualquier opción de victoria con una propuesta de tres paradas que resultó ser una mala estrategia, a diferencia de la cita anterior, donde fue favorecido hasta alcanzar su primer triunfo en Ferrari.
Antonelli se alzó en el tercer puesto en el giro número 30. El italiano invocó entonces su mejor nivel. Impuso un ritmo endiablado. Verstappen también apretaba los dientes para defender su segundo lugar y tratar de acechar a Russell, que perdía velocidad en el ecuador de la prueba. Parecía estar inmerso en problemas el inglés, cuya ventaja decrecía de manera preocupante. Había gozado de casi seis segundos de distancia y de pronto Max se aproximó a 1,1. Justo cuando parecía que Verstappen podría entrar en la ventana del boost, cuando podría introducir el sistema de adelantamiento, Russell completó su segundo cambio de neumáticos. Max estaba obligado a no replicar la propuesta de Mercedes para atisbar una oportunidad de victoria.
Red Bull optó por retrasar la parada de Verstappen, al igual que hizo Mercedes con Antonelli. Ambos gozarían de calzos más nuevos en el tramo final de la carrera. Esto concedió una superioridad abismal. Verstappen llegó a distanciarse a 8,5 segundos y alcanzó la última vuelta a apenas dos de Russell, que supo administrar su ventaja, mientras que Antonelli rodaba como una prolongación del Red Bull al ver la bandera ajedrezada.
Un mal menor para Antonelli
“Lamento haberme unido tan tarde a la fiesta”, manifestó Antonelli. “Dos o tres vueltas más hubiera sido muy divertido, pero bueno, hemos minimizado los errores”, añadió el líder, que se distancia del que venía siendo su inmediato rival, Hamilton, pero cede puntos en el campeonato ante Russell. Como señaló, fue un mal menor. El novato sigue puliendo sus defectos. Sumar siempre es relevante. Y disfruta de 41 puntos de renta sobre Hamilton y de 50 respecto a Russell con una carrera menos en el calendario. “Hay que tener resiliencia, porque esto puede cambiar radicalmente. Es una temporada larga”, pronunció esperanzado el propio Russell.
Russell, en el podio del circuito Red Bull Ring.
Verstappen, satisfecho
Verstappen, por su parte, encontró un motivo para la celebración. Por fin, pudo competir de tú a tú con los Mercedes. Una gran novedad para el campeonato. “Ha sido una buena carrera para nosotros. Las primeras vueltas han sido muy divertidas. Luego hemos ido gestionando los neumáticos y después he tenido un problema en el coche que ha evitado que encontrara ritmo, pero estoy muy contento”, subrayó.
Las notas negativas apuntando hacia el espectáculo fueron los rendimientos de Ferrari y McLaren, que estuvieron lejos de la lucha por el podio. Los monoplazas italianos sufrieron de degradación en una cita marcada por la gestión. Austria fue una prueba de paciencia, de cálculos informáticos. Y ahí se difuminaron los Ferrari y también los McLaren. Así como los tres primeros cruzaron la meta con 1,9 de diferencia, el cuarto clasificado, Oscar Piastri, llegó con 21 segundos perdidos. Hamilton, condenado por la propuesta, fue quinto, a 26. Lando Norris fue séptimo, a 31 segundos, y Charles Leclerc, octavo, a 45.
Fernando Alonso, por su parte, fue decimoctavo y último. Aston Martin ya es el farolillo rojo de la Fórmula 1. Mientras, Carlos Sainz sufrió un abandono por cuestiones mecánicas en la vuelta 24.