El cruce fronterizo de Rafah, el cordón umbilical que une la Franja de Gaza con el mundo exterior a través de Egipto, reabría oficialmente este lunes sus puertas en ambas direcciones. Tras poco menos de dos años de bloqueo casi total -desde que fuera tomado por tropas israelíes en mayo de 2024-, la reactivación de este paso fronterizo marca un hito fundamental en la aplicación del acuerdo alcanzado en octubre entre Israel y Hamás, bajo la propuesta de paz auspiciada por la administración estadounidense de Donald Trump.
Aunque la apertura se celebra como un “logro” y una “ventana de esperanza”, la realidad operativa continuaba ayer marcada por la cautela y las restricciones. El acuerdo establece un flujo limitado exclusivamente a personas: se permite la salida de 150 palestinos diarios, priorizando a heridos y pacientes en estado crítico, y el retorno de 50 ciudadanos al enclave cada 24 horas. Por el momento, el tránsito de camiones con ayuda humanitaria -que es precisamente una de las principales demandas de la comunidad internacional- permanece excluido de este paso.
Reapertura del paso fronterizo
A las 7:30 hora local, los primeros grupos de palestinos, mayoritariamente mujeres y niños, cruzaron desde territorio egipcio hacia Gaza. Imágenes transmitidas en directo por la cadena Al Qahera News mostraron escenas de voluntarios de la Media Luna Roja Egipcia asistiendo a ancianos en sillas de ruedas. Horas más tarde, la misma cadena retransmitía la llegada al lado egipcio de al menos tres ambulancias con pacientes.
Sin embargo, el control de seguridad es férreo. Según fuentes de seguridad israelíes citadas por The Times of Israel, cada individuo que entra o sale debe ser notificado previamente a Israel para comprobaciones de identidad puesto que las autoridades militares israelíes tienen la última palabra sobre quién cruza el umbral. Este control ha sido duramente criticado por Ghazi Hamad, alto cargo de Hamás, quien denunció que “las condiciones israelíes están dificultando el paso” y acusó a la “ocupación” de intentar socavar la segunda fase del acuerdo de paz.
La reapertura contó también con el despliegue de la misión civil de la UE, EUBAM Rafah, cuyos observadores volvieron al terreno para supervisar las operaciones y apoyar al personal fronterizo palestino. Kaja Kallas, jefa de la diplomacia de la UE, calificó la apertura como un “salvavidas” y un paso concreto hacia la desescalada, subrayando la importancia de reunificar Gaza y Cisjordania bajo la Autoridad Palestina.
En el centro de esta nueva estructura administrativa se encuentra el Comité Nacional para la Administración de Gaza (CNAG). Su presidente, Alí Saath, destacó que esta reapertura es el inicio de un proceso para “restaurar servicios esenciales” y “conectar lo que fue cortado” por la guerra. El CNAG, compuesto por tecnócratas palestinos, tiene la misión de coordinarse con la Junta de Paz de EE.UU. mientras se avanza hacia la desmilitarización de Hamás y la retirada definitiva de las tropas israelíes.
20.000 pacientes en espera
Pero el aspecto más urgente de la reapertura es el humanitario. El Ministerio de Sanidad de Gaza estima que existen 20.000 pacientes con derivaciones complejas que necesitan tratamiento en el extranjero, incluyendo 4.000 enfermos de cáncer y 4.500 niños.
Egipto ha respondido activando un plan nacional de emergencia. El ministro de Salud egipcio, Jaled Abdelghafar, informó de la puesta en alerta de 150 hospitales y el despliegue de 12.000 médicos y 18.000 enfermeras, mientras en la puerta del cruce, más de 60 ambulancias esperaban para trasladar a los heridos a centros especializados en el norte del Sinaí, como los hospitales de Al Arish y Sheij Zuaid.
A pesar del optimismo oficial, el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, calificó la reapertura de “muy insuficiente”. Albares recordó que el alto el fuego se viola de manera recurrente y exigió la apertura de todos los pasos terrestres para la entrada masiva de ayuda.
Este lunes, Rafah dejaba de ser un muro para volver a ser una puerta, aunque sea una que se abre con extrema lentitud. El éxito de esta fase piloto determinará si el plan de paz de octubre puede avanzar hacia la reconstrucción de una Gaza que, tras dos años de conflicto, carga más de 70.000 muertos y una infraestructura devastada a sus espaldas.