La llegada de un cachorro a casa suele vivirse como un momento de entusiasmo desbordante: juegos, colas inquietas y familias llenas de ilusión. Sin embargo, tras esa primera oleada de felicidad aparece una realidad que puede resultar complicada si no se han pensado con antelación los pasos que seguiremos. Enrique Solís, fundador de Lealcán y autor del libro Quiero un cachorro ¿y ahora qué?, nos da importantes claves para esas primeras fases de integración del cachorro en nuestra familia.
Planificación y tiempo real: la clave del éxito
Una gran parte de los problemas de comportamiento que pueden aparecer en perros adultos tienen su origen en decisiones impulsivas, ya sea de compra o adopción. Solís señala que con frecuencia nos dejamos seducir por la imagen edulcorada que muestran las redes sociales y pasamos por alto la parte menos atractiva de la convivencia: las necesidades higiénicas dentro del hogar, los paseos diarios haga frío, calor o llueva, y el coste económico que suponen el veterinario y la alimentación.
Una de las preguntas fundamentales que debería hacerse cualquier familia antes de dar el paso de incorporar un cachorro a su vida es sencilla pero decisiva: ¿cuánto tiempo tenemos realmente? No se trata únicamente del tiempo libre disponible, sino del que habrá que restar al ocio personal para dedicárselo al nuevo miembro de la familia. Además, la experiencia previa no siempre es garantía de éxito. La educación canina ha evolucionado enormemente en los últimos 15 años y muchas prácticas del pasado han quedado obsoletas y son contraproducentes.
El momento adecuado de separar al cachorro de su madre
Entre los errores más habituales está separar al cachorro de su madre y de la camada demasiado pronto. Según explica nuestro invitadi, lo recomendable es que esta separación se produzca como mínimo a partir de las 10 semanas de vida. Entre la octava y la décima semana se desarrolla la amígdala cerebral, una fase especialmente sensible a la aparición de miedos. En ese periodo, el cachorro necesita la estabilidad y la seguridad de su entorno conocido y de su familia canina para crecer de forma equilibrada.
El primer día en casa: menos estímulos, más calma
Frente a la costumbre de organizar recibimientos multitudinarios o sorpresas ruidosas, el esepcialista recomienda justo lo contrario. El cachorro necesita tranquilidad absoluta en su llegada al nuevo hogar. Solís advierte de que las Navidades suelen ser uno de los peores momentos para incorporar un perro debido al exceso de estímulos. Introducirlo en una caja de regalo para que un niño grite de emoción al abrirla puede resultar traumático. Lo más adecuado es dejarle explorar la casa a su ritmo, sin gritos y con un ambiente sereno y afectuoso.
Vínculo sin generar dependencia
Uno de los aspectos más delicados en la educación temprana es encontrar el equilibrio entre el apego y la autonomía. El cachorro debe aprender a quedarse solo para evitar un apego inseguro en el futuro.
Durante la charla también hablamos del posible uso de un transportín, que nunca debe utilizarse como castigo ni como lugar de encierro forzado, sino como un refugio positivo que se introduce de manera muy progresiva. También de la gestión del mordisqueo y del fomento de la relajación en casa.
Socialización sí, pero con equilibrio
Para concluir, Solís nos alerta sobre los riesgos de la hipersocialización. No es necesario que el perro interactúe con todas las personas o con todos los perros a diario. La clave está en el equilibrio: espaciar las experiencias intensas y seleccionar situaciones agradables, controladas y positivas que contribuyan a un desarrollo emocional sano.