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Café con Patas

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El espacio semanal de los animales de la mano de Jon Arraibi

Redescubre a tu Perro

¿Puede una comunidad de vecinos prohibirte vivir con tu perro?

Analizamos con el abogado Eloy Sarrió Santana el caso de Vigo en el que un juez ha avalado la prohibición de vivir con un caniche en una comunidad de vecinos
¿Puede una comunidad de vecinos prohibirte vivir con tu perro?
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15:17

Recientemente hemos conocido un caso ocurrido en Vigo, donde un vecino ha perdido en los tribunales el derecho a convivir con su caniche debido a una norma interna del edificio. Analizamos esta realidad con el abogado especialista en derecho animal Eloi Sarrió Santana.

Aunque una comunidad de vecinos puede votar acuerdos y establecer normas internas, eso no significa que todo lo que se apruebe sea automáticamente válido.

En el caso de Vigo, la clave estuvo en que la prohibición se había aprobado por unanimidad y figuraba en los estatutos. Sin embargo, como recuerda Sarrió, se trata de una sentencia de primera instancia, y por tanto no crea jurisprudencia y el vecino afectado podría recurrir a instancias judiciales mayores,

Más allá de ese caso concreto, el principio jurídico es claro: ninguna comunidad puede imponer normas que vulneren leyes superiores.

Prohibir de forma general la tenencia de animales de compañía supone, según el experto, una limitación desproporcionada del derecho a desarrollar la vida personal y familiar. Una restricción que, llevada al extremo, sería comparable a que una comunidad pretendiera prohibir a sus vecinos tener hijos.

Desde el punto de vista legal, la defensa debe apoyarse en normas como la Ley de Propiedad Horizontal y el Código Civil. Si una cláusula estatutaria contradice estas leyes, puede ser considerada nula de pleno derecho.

¿Y cuando el perro genera molestias?

Aquí aparece una distinción fundamental.

No es lo mismo una prohibición absoluta -tener o no tener perro- que actuar ante problemas reales de convivencia.

Las comunidades sí tienen herramientas legales para intervenir cuando existen molestias acreditadas: problemas de higiene en zonas comunes, daños o vocalizaciones excesivas. En estos casos, pueden requerir al responsable e incluso iniciar acciones legales si la situación persiste.

Y es precisamente aquí donde se concentran la mayoría de los conflictos: perros que ladran durante horas cuando se quedan solos durante el día.

Cuando el problema es el perro… y también lo es su bienestar

Detrás de muchos de estos casos hay una realidad que va más allá del conflicto vecinal: perros con ansiedad por separación.

Es decir, animales que no ladran "por molestar", sino porque están sufriendo.

En este punto, el bienestar del perro y el descanso de los vecinos dejan de ser intereses opuestos y pasan a coincidir. Resolver el problema exige intervenir en la causa, no en el síntoma.

Sarrió insiste en que la solución pasa por acudir a profesionales del comportamiento canino y trabajar el problema desde la base.

Y lanza una advertencia clara: las soluciones rápidas basadas en el castigo no solo son ineficaces, sino también ilegales. El uso de collares de descarga eléctrica activados por el ladrido está prohibido en España por la normativa de bienestar animal.

Qué hacer si surge un conflicto con la comunidad

Cuando aparece el problema, la reacción inicial puede marcar todo el proceso.

El primer consejo del especialista es claro: no apoyar en junta normas restrictivas con la intención de impugnarlas después. Esa contradicción debilita cualquier defensa posterior.

Buscar asesoramiento legal desde el inicio es clave. Pero, más allá de los tribunales, hay una vía que el experto considera prioritaria: la mediación.

Llegar a acuerdos entre vecinos es más rápido, más económico y mucho más eficaz para preservar la convivencia que iniciar un proceso judicial que puede alargarse durante años.

Derechos… y también responsabilidades

La convivencia con perros en entornos urbanos no es solo una cuestión de derechos. También lo es -y mucho- de deberes.

En otros países europeos, donde la presencia de animales está más integrada en espacios públicos o transporte, esta normalización se sostiene sobre una base: la responsabilidad de los tutores.

Respetar al entorno, evitar molestias y garantizar el bienestar del animal no es una opción, es la condición necesaria para que esa convivencia funcione.

Porque el verdadero equilibrio no está en elegir entre vecinos o perros, sino en entender que una sociedad madura es aquella que sabe convivir con ambos.

 
02/04/2026
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