Actualizado hace 6 minutos
Doce meses después del histórico apagón que dejó sin suministro a la península ibérica el 28 de abril de 2025, la pregunta sigue en el aire: ¿Podría repetirse una situación similar? Según los expertos no se puede descartar, aunque es poco probable. “El riesgo cero no existe. Siempre va a haber un margen de incertidumbre. Se trata de un sistema complejo en el que pueden encadenarse distintos factores hasta generar una incidencia”, señala Aitor Urresti, investigador en transición energética de la EHU.
En esa misma línea, Alberto Ramos, profesor del Departamento de Energía y Combustibles de la Escuela de Minas y Energía de la Universidad Politécnica de Madrid, introduce una precisión clave: “Es altamente improbable porque tienen que coincidir una serie de eventos muy concretos. Pero no significa que imposible. Si vuelve a darse una secuencia semejante, el desenlace podría ser muy parecido”.
Esa posibilidad, aunque remota, desplaza el foco hacia otra cuestión más relevante: la capacidad de respuesta. ¿Está hoy el sistema mejor preparado para resistir un episodio similar? Y ahí empiezan las dudas. Porque un año después, los cambios estructurales siguen siendo limitados. Ramos sostiene que apenas se han introducido modificaciones de calado y que el sistema continúa funcionando con inercias muy similares: “No se ha hecho una reforma profunda; simplemente se han realizado ajustes operativos y retoques normativos”.
“ Es improbable que se repita un hecho así, pero no imposible. Si ocurre, el desenlace podría ser similar ”
Alberto Ramos - profesor de Energía y Combustibles de la Universidad Politécnica de Madrid
Cambios en el sistema eléctrico
Tras el apagón, el sistema eléctrico opera con un esquema más reforzado. “Hay más centrales en espera por si hay algún fallo y puedan entrar directamente a sostener la red”, explica Urresti. Es una solución que mejora la respuesta inmediata, pero no corrige las debilidades de base. “Estamos pagando más por operar con mayores márgenes de seguridad, pero sin haber solucionado los problemas de fondo”, añade Ramos.
El profesor insiste en que el gran déficit sigue estando en las infraestructuras: redes de transporte, sistemas de distribución e interconexiones internacionales. Sin esa base, advierte, “cualquier avance en generación energética pierde parte de su eficacia”.
A eso se suma un contexto internacional cada vez más incierto. Las tensiones geopolíticas, como el conflicto entre Estados Unidos e Irán, añaden presión a un sistema que no es ajeno a esos movimientos, especialmente por su dependencia del gas. Aun así, Ramos cree que el Estado parte con cierta ventaja por su red de regasificación y sus refinerías: “Estamos mejor posicionados que otros países. Eso nos da margen, pero no nos hace inmunes”.
Una calle de Sevilla permanecía sin luz al caer la noche.
Energías limpias
La dependencia energética de Europa sigue siendo una realidad. Reducirla pasa, según Urresti, por acelerar las renovables. “Ni siquiera la energía nuclear garantiza independencia, porque el combustible se importa en gran medida. Las renovables, en cambio, utilizan recursos autóctonos y permiten reducir la exposición a tensiones geopolíticas”.
Las renovables son una oportunidad indiscutible, pero dependen de condiciones que no siempre se dan, lo que obliga a contar con respaldo, almacenamiento y una gestión más sofisticada. Y eso ocurre en un contexto cambiante. “Estamos ante un escenario completamente nuevo, con mayor autoconsumo, más generación distribuida y más energías renovables, pero la forma de gestionar la red no ha cambiado al mismo ritmo”, subraya Urresti. El crecimiento de la energía solar y la eólica ha transformado el sistema, pero también ha elevado su exigencia técnica.