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El lehendakari Pradales ha tenido muy presente estos días la figura de José Antonio Aguirre. En primer lugar, porque este domingo se cumplen 66 años desde la muerte del primer lehendakari del Gobierno Vasco y, por ello, Pradales cruzó la muga esta semana para depositar un ramo de flores en su tumba en Donibane Lohizune, un gesto de respeto y reconocimiento hacia una figura histórica que lo ha inspirado y de la que ha tomado prestadas varias referencias, por ejemplo, para sus discursos de fin de año. Y, en segundo lugar, Pradales ha querido reivindicar su legado porque el propio Aguirre asumió el liderazgo del Gobierno Vasco en tiempos de guerra, como los actuales. A través de un artículo en sus redes sociales, Pradales ha reivindicado el legado de Aguirre para defender una Europa basada en reglas, en paz, unida y no dividida ante guerras como la de Irán y, sobre todo, una Europa con “soberanía estratégica” en materia de suministros, energía, alimentación, industria, tecnología, seguridad y defensa, con una “capacidad disuasoria compartida”. Lo ve necesario porque su dependencia la hace “vulnerable” ante los líderes autoritarios.
La soberanía estratégica es una idea recurrente en el discurso de Pradales, y también la planteó tras el apagón eléctrico del año pasado en el Estado español. El lehendakari constató entonces que ya se habían producido varias crisis consecutivas, y estas crisis habían puesto en evidencia lo vulnerable que es la humanidad (coronavirus, crisis energética por la invasión de Ucrania, apagón), y era el momento de ponerse manos a la obra, y fortalecer las capacidades de suministro de cada uno y de la propia Europa para estar preparados ante un nuevo giro de los acontecimientos. Esta idea la repesca en un momento en que Estados Unidos recurre a la presión comercial y a las represalias económicas para tratar de salirse con la suya y que todos cooperen con sus intereses bélicos, hasta transformar la cooperación en subordinación.
En su artículo, Pradales asegura, por un lado, que Aguirre era un gran admirador del presidente Roosevelt y de América, pero hubiera “sentido una enorme aversión viendo a Trump frivolizar con la muerte”. Por otro lado, añade que también “habría rechazado, sin duda, la tiranía del régimen de los ayatolás”. Pero “lo habría hecho respetando los principios y el orden internacional en el que creía, por mucho que le decepcionara, como cuando demandó que la ONU interviniera contra Franco en 1946”. “En estos días en los que se multiplican los ataques a la democracia, los derechos humanos, las libertades y la justicia social, es más necesario que nunca fortalecer esos valores que compartimos como comunidad”, se reafirmó. Aguirre hubiera insistido en que “algunos hacen mucho ruido, pero somos muchos más quienes defendemos la paz y la cooperación”, y hubiera apostado por tejer alianzas, con un pensamiento crítico y ético. Recordó que Aguirre tuvo que liderar la defensa del Gobierno Vasco tras el golpe franquista, sintió el aliento del Tercer Reich en el cogote, y perdió a su hermana Encarnación en los bombardeos de La Panne, pero todas esas vivencias reforzaron “su convicción en torno a un orden internacional basado en reglas”. “Por eso participó activamente en la gestación del proyecto europeo” y la ONU. Defendió “una Euskadi libre, una Europa democrática y un mundo en paz”.
Reproche a Europa
Por ello, Pradales reivindica también el proyecto de Europa, pero no como una mera asociación de países, sino como una “comunidad de valores”, un club que se base en las relaciones multilaterales y en unas reglas que no puede enterrar en función de que convenga hacerlo o no. “Europa no puede ceder esa bandera”, avisó, para añadir que “debe ser un actor global y actuar con una sola voz, como hizo ante la invasión de Ucrania”. “La división que ha mostrado ante el genocidio en Gaza o ante la guerra contra Irán no hace sino dar alas a quienes pretenden debilitar Europa y establecer un mundo bipolar basado en bloques y esferas de influencia”, alertó. Pradales lo deja ahí, pero la referencia se enmarca en los titubeos de la Comisión Europea y sus discursos justificativos de ciertas operaciones bélicas cuando quien las lleva a cabo es Estados Unidos o es Israel. Ursula Von der Leyen llegó a justificar el asesinato del ayatolá Jamenei porque lideraba un régimen dictatorial, y aseguró que no había que derramar una sola lágrima por este caso. Von der Leyen ha legitimado también la Junta de Paz de Trump para Gaza.
Pradales apostó también por la firmeza ética y por el pragmatismo, por hacer ciertas renuncias y por darse cuenta de que “la dependencia nos hace vulnerables, nos deja indefensos ante quienes pretenden camuflar la subordinación como cooperación”. “Líderes autoritarios que pretenden aprovechar la globalización como herramienta de ataque. Por eso, la soberanía estratégica europea es vital. Tanto en materia de suministros, energía, alimentación, industria y tecnología, como en seguridad y defensa, desarrollando una capacidad disuasoria compartida”, zanjó. En tiempos de volatilidad y guerras, se opuso a hacer política “con el piloto automático”.