Política

Pedro Sánchez y la amnistía, un volantazo por pura necesidad

Sánchez y los ministros del PSOE renegaban de la amnistía espetando que no cabía en la Constitución y suponía “el olvido” hasta que el 23-J obligó a cambiar el paso
El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, pasa por delante de Pedro Sánchez, que en varias ocasiones le negó la amnistía para los encausados por el 1-O. | FOTO: E. PRESS

El PSOE no otorga la amnistía por convicción. Basta hacer un repaso por la hemeroteca para constatar que el verdadero bien supremo que le empuja ahora a Pedro Sánchez a conceder esta medida de gracia al independentismo reside, como él mismo admitió, en “hacer de la necesidad virtud” para configurar un gobierno progresista y evitar uno de PP y Vox. Han bastado cuatro meses, los transcurridos desde el pasado 23 de julio, para enterrar el alud de declaraciones de miembros del Gobierno y dirigentes socialistas que durante toda la legislatura se pronunciaron en contra de esta herramienta. No son pocas las ocasiones en que se posicionó Sánchez en contra de la amnistía, la última de ellas en una entrevista de campaña en La Sexta, a tres días de acudir a las urnas, asegurando que la rechazaba tanto o más que el referéndum. No solo criticaba esta exigencia de ERC y Junts, sino que resaltaba el hecho de que su Gobierno nunca la había aceptado: “Entiendo que estamos en campaña y deben decir estas cosas pero el independentismo pedía la amnistía y un referéndum de autodeterminación. No han tenido la amnistía y no hay un referéndum de autodeterminación ni lo habrá”.

Un mensaje en sintonía con el que ya mostró en septiembre de 2021 en el Senado cuando, ante una pregunta de la senadora republicana Mirella Cortés, el líder del PSOE pedía al independentismo que hiciera “autocrítica” respecto al 1-O, día en el que a su juicio “muchísimos catalanes se sintieron vulnerables, desprotegidos y atacados por sus propias instituciones”. En los mismos términos, les conminaba a olvidarse de “su programa de máximos” por considerarlo perjudicial para el diálogo. “Ya lo conocemos. Es la autodeterminación, es la amnistía según ustedes. En fin. Si queremos avanzar en la mesa de diálogo, entiendo que tenemos que empezar a hablar de las cosas que tenemos más cercanas. Si solamente se puede hablar de autodeterminación y amnistía, ¿eso es un diálogo, es una negociación o es una imposición?”, decía por entonces Sánchez. Aquel 14 de septiembre de 2021 Sánchez ahondaba en que “lo que quiere la ciudadanía catalana y española es superar esta pandemia y una recuperación justa. Hablemos de las cosas que nos unen”.

Su discurso no se salía de ese carril. La parte socialista del Gobierno también recurrió a la amnistía para defender los indultos concedidos a los líderes del procés. “El indulto, a diferencia de la amnistía, no niega la existencia del delito ni la responsabilidad de los autores”, defendía el presidente del Ejecutivo en el Congreso en uno de los plenos en los que dejó caer el poco “recorrido” que podría tener. Frente a esta demanda, solo le pedía una cosa al independentismo: el “principio de realidad”. Sus palabras exactas fueron: “Si hablamos de la autodeterminación y la amnistía, pues el recorrido es el que es. Por eso hablo del principio de realidad. Es más inteligente para todos”. Concretamente, el 30 de julio de 2021, espetó al portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, lo siguiente: “Señor Rufián, la autodeterminación y la amnistía tienen el recorrido que tienen. No hay que repetir lo de 2017. Es el momento de la política. De arriesgarse por la convivencia y el diálogo”.

Del énfasis en su rechazo...

Asimismo, el 23 de julio de ese mismo año el entonces ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, fue mucho más directo: “La amnistía no cabe. Es una cuestión muy técnica, pero muy reveladora. La amnistía es el olvido, aquí no hay olvido, hay perdón. El indulto no olvida, lo que dice es te perdono”, constaba. Sus compañeros de gabinete se expresaban bajo esos parámetros y algunos, como el ministro Miquel Iceta, con un énfasis desmesurado. El 24 de junio, decía esto: “No ha nacido quien me humille a mí, y menos quien humille a España. Elijo el perdón, la generosidad, la política, el diálogo, la fraternidad. Lo contrario de lo que ustedes representan. No habrá amnistía. Diálogo y política”. Un alegato al que se unían otros componentes del Ejecutivo como la ministra María Jesús Montero precisando que “la amnistía es inconcebible”. “No va a haber referéndum, no es constitucional. Los indultos son constitucionales, el referéndum, no; y tampoco la amnistía”, clamaba. Igualmente, el líder del PSC, Salvador Illa, comentaba tajante en 2022: “Lo repito para que quede claro, ni amnistía ni nada de eso”. El pasado domingo afirmaba, por contra, que es constitucional porque la Carta Magna defiende en su preámbulo un “bien supremo como es la convivencia”.

Además de exigirla, los partidos independentistas presentaron la pasada legislatura una propuesta para aprobar una ley de amnistía en el Congreso. La iniciativa no empezó ni a tramitarse porque la Mesa lo impidió. PSOE, PP y Vox unieron sus votos para rechazarla en contra del criterio de Unidas Podemos. Los tres partidos siguieron el criterio marcado por los letrados de las Cortes, que en un informe reflejaron que dicha ley de amnistía supondría un indulto generalizado y, por tanto, “entraría en una contradicción palmaria y evidente” con el artículo 62 de la Constitución. En este, se prohíben específicamente los “indultos generales”.

La defensa de esta medida fue una de las simas con la formación morada desde antes incluso de que arrancara la coalición de Gobierno. Hay que remontarse a la precampaña de las generales de noviembre de 2019 para encontrar otro de los argumentos que Sánchez ha usado para negar la amnistía, motivo por el que los socialistas basaron buena parte de sus diferencias con Unidas Podemos desde la época de Pablo Iglesias. “Con Podemos tenemos discrepancias evidentes. Escuchamos a los comunes hablar de que hay presos políticos, cuestionar la labor de los jueces y afirmar que van a salir con los independentistas a pedir la amnistía de los presos”, reseñó en la Cadena Ser. Una bandera, la de la amnistía, que al final se la quiso apropiar Sumar.

...a ceder por la convivencia

Todas estas aseveraciones han sido a menudo en respuesta a ERC porque Junts nunca entró siquiera en la ecuación de agente con quien entablar conversaciones hasta que el 23-J otorgó la llave de La Moncloa a Carles Puigdemont. En definitiva, que Sánchez, que habla ahora del “reencuentro total” en Catalunya y de “enterrar la fractura”, ha pasado de que “no es planteable la amnistía en un Estado constitucional democrático” a querer registrar la ley en las próximas horas, antes de su investidura, ajustando la normativa a las “expectativas” de los soberanistas. Hay quien desde el Estado achaca al independentismo que en todo este contexto, y a cambio de estos beneficios, no ha proporcionado nada. Ni gestos, dicen. Viendo los antecedentes del giro de guión en el PSOE, quizás ya es mucho aportar ser conscientes de que Sánchez puede olvidarse pronto de las promesas que haya podido hacer en todo el resto de carpetas negociadas. Ya lo confesó el pasado sábado: “Lo que ha cambiado son los resultados de las urnas”.

03/11/2023