“Promover una buena salud bucal, revisiones periódicas y estrategias preventivas basadas en la evidencia no sólo reduce la incidencia de enfermedades como la periodontitis o la caries, sino que contribuyen a un envejecimiento saludable”, asegura la doctora Paula Matesanz, presidenta de SEPA, quien considera que “la coordinación interdisciplinar entre Odontología y Medicina, junto con la educación en autocuidado y el acompañamiento a cuidadores, permitirá preservar la funcionalidad de la boca durante más años y una mayor capacidad de interacción social”. Así lo puso de manifiesto en el VIII Simposio Dentaid-Sepa, aportando evidencias, claves y consejos prácticos para la consecución de una correcta salud bucal a lo largo de toda la vida.
Quién es
Paula Matesanz es doctora en Odontología por la Universidad Complutense de Madrid, y máster en Periodoncia e Implantes por la misma entidad, donde ejerce de profesora asociada. Es presidenta de la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) y ha publicado artículos científicos en varias revistas de impacto y colaborado en libros de Periodoncia. También es ponente en numerosos cursos y conferencias.
Los elefantes tienen cuatro denticiones y viven 150 años. ¿Si nosotros tuviéramos más denticiones podríamos vivir más años?
No se trata del número de años ni del número de dientes, sino de intentar vivir los años con las mejores condiciones de los dientes posibles. Está claro que tiene mucho que ver con la esperanza de vida, pero en el caso de la especie humana, algo que tenemos y que no tienen el resto de las especies animales, es la capacidad de prevenir y cuidar los dientes que tenemos. Así que con nuestras dos denticiones y los mecanismos de prevención y de cuidados que existen podemos vivir bien tantos años como se mantenga bien la dentadura.
¿Tan directa es la relación entre longevidad y calidad de vida con el estado de nuestra dentadura?
El estado de nuestros dientes habla de algo local, pero también tiene un impacto de salud a nivel general. Una boca sana nos permitirá comer adecuadamente, pero, además, se reflejará también en la salud general, porque las enfermedades bucales influyen sobre las enfermedades globales del cuerpo. Por eso tiene tanta relación con la longevidad y con la calidad de vida cuando somos mayores.
¿Siendo tan directa la relación no habría que empezar por la prevención desde niños? ¿Con qué medidas higiénicas y sanitarias se logrará?
Todo como lo estás diciendo. Ciertamente, la prevención es necesaria antes de la enfermedad, y solo lo vamos a conseguir en edades pediátricas. La población debe empezar a acudir al dentista antes de que aparezca la patología. Es de esta forma cuando va a entender cuánto está en su mano para prevenir y cómo llevar a cabo la higiene de manera eficaz o cómo alimentarse para que esto no tenga una repercusión en sus dientes y sus encías. Hay que aprender a cuidarse y esto claramente ha de empezarse desde la infancia. Está comprobado que cuando los niños acuden al dentista se familiarizan con el entorno odontológico y les hace ser más conscientes, subirse al barco y remar en la misma dirección.
Paula Matesanz, durante su intervención en el VIII Simposio Dentaid-Sepa.
Desde el punto de vista social-comunitario, ¿qué beneficio tiene la fluoración de las aguas? ¿Es buena a todas las edades?
La fluorización de las aguas, igual que los productos con flúor, son buenos para la prevención de la caries. Pero esto tiene mayor impacto cuando el diente aún no es maduro ni está completamente mineralizado. Por ello es importante en niños y en las denticiones en edades tempranas, porque la influencia será mayor y el desarrollo de ese diente va a ser mejor. En general, el flúor en pastas y colutorios va destinado a la prevención de las caries.
Desde hace tiempo en la mayoría de comunidades ofrecen programas de prevención en la infancia. ¿Habría que ampliarlos más a la adolescencia, pensando en coste-eficacia?
En general habría que tratar de universalizar el acceso a la asistencia odontológica en todas las edades, porque en todas habrá beneficios generales y propios de la edad. Pienso que, en un tema de política de sanidad financiada, a veces hay que priorizar; en algunas comunidades autónomas se ha dado más importancia a los niños, que tiene su punto, pero esto no quiere decir que sean los únicos importantes; todas las edades requerirían tener acceso a los tratamientos odontológicos gratuitos.
La maternidad es una etapa crítica para la dentadura. ¿Hay suficiente conciencia para cuidarse la boca en ella o hay muchas diferencias según el nivel educacional?
Hay muchas diferencias porque hay mucho mito, bulo y creencia popular de lo que representa la boca en el embarazo. Es cierta la relación del embarazo y la salud bucodental porque se aumenta la respuesta ante la presencia de las bacterias y esto hace que las encías sangren con mayor facilidad. Ahora bien, esta es una condición reversible; se puede controlar y se controla haciendo una limpieza, una profilaxis. Sin embargo, existe el mito de que cada hijo te hace perder un diente o que los embarazos te quitan el calcio de los dientes. Todo esto es erróneo, hay desmitificar y desmontar bulos en torno a las mujeres gestantes. Las mujeres que deseen quedarse embarazadas deben acudir a su dentista y revisar el estado de su boca; lo mejor es prevenir las patologías, porque igual después será más difícil llevar a cabo los tratamientos. Pero las mujeres deben de saber que son seguros y que no pasa nada si al final los tienen que llevar a cabo; lo que es un problema es la enfermedad, porque eso sí supone un riesgo para la gestación.
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En algunas zonas rurales más depauperadas sí se observa un mayor deterioro dental en las personas mayores. ¿Es una cuestión económica o meramente cultural?
Más cultural que económica, porque la prevención es barata Tanto las caries como las enfermedades de las encías pasan por el cepillado eficaz y la eliminación de la placa los entre dientes y, en algunos casos, el uso de colutorio. Pero en ningún caso estamos hablando de desembolsos económicos grandes. En el acceso a los tratamientos sí que puede existir diferencia según la situación financiera, pero en general tiene más que ver con el conocimiento de la prevención y lo importante que es, que con el tema estrictamente económico, aunque la gente recurra mucho a este erróneo argumento-excusa.
Teniendo en cuenta que nuestra microbiota es fundamental en la salud. ¿Qué relación tiene el estado de nuestra dentadura con el de la microbiota y viceversa?
La relación es total, las bacterias orales son las que causan toda la patología oral. Si la microbiota está en desequilibrio, si hay un mal control de la placa y aumentan cuantitativa o cualitativamente ciertas bacterias, aparece la enfermedad. No existe otra causa. La genética puede influir en la respuesta a estas bacterias, pero las enfermedades de la boca, como la caries y otras en las encías, son todas de origen infeccioso. Aunque sí es cierto que hay otros problemas en las mucosas, el cáncer oral por ejemplo, que van por otro camino.
Hoy día en el Estado, cómo explicar que una persona no tenga dentadura, ¿quizá por problemas económicos, por desidia propia o falta de información y mantenimiento?
No tiene mucho sentido. En la actualidad, especialmente en la población de adultos-jóvenes no tiene mucho sentido, aunque tal vez en zonas rurales con peor acceso a la asistencia, en gente mayor, sea difícil implementar el cambio. Pero en adultos de mediana edad, que hayan nacido en los años 70-80, no tiene ningún sentido, porque el conocimiento sobre cómo prevenir las enfermedades bucodentales se está universalizando mucho.
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De manera efectiva, a una persona que duda si ponerse un implante o una dentadura entera. ¿Qué le recomendaría?
No tienen nada que ver. La capacidad funcional que te proporcionan los implantes no tiene nada que ver con las prestaciones de las prótesis de quita y pon. Creo que estéticamente una dentadura completa nos resuelve la situación y en algunos casos puede también mejorarnos funcionalmente cuando no se tienen dientes, porque hoy día la retención de las prótesis es cada vez mejor. Pero más allá de esto, la comparativa en el siglo XXI va muy a la contra de las prótesis de quitaypon y a favor de los implantes, porque estos tienen mucha más similitud con la capacidad que te dan los dientes naturales propios.
¿Quizá porque con la edad mengua la mandíbula?
No es tanto problema de la edad, sino de los cambios derivados de la pérdida de los dientes. Si una persona mantuviera todos sus dientes a los 90 años no tendría por qué perder hueso ni sujeción. Pero cuando se pierde el diente, siguiendo el principio de que la función hace el órgano, ese hueso maxilar, alveolar, sirve para sujetar los dientes, luego si el diente desaparece, el hueso empieza a involucionar y a atrofiarse. Si tras 20 años de evolución de esa situación sin diente queremos que haya hueso y poner un implante puede ser más difícil. Pero insisto, no es tanto un tema asociado a la edad, sino al paso del tiempo sin tener ese diente. Si ahora mismo con mi edad me quitan un diente, dentro de diez años tendré una situación peor, aunque sea una persona joven.
¿Qué novedades clave ha aportado sobre salud bucal y general el VIII Simposio Dentaid-Sepa?
Se han aportado claves para que los 60 sean los nuevos 40, fijando la prevención de la enfermedad bucal como pilar de autonomía y calidad de vida. Se han tratado tres temas claves. Uno es que la salud de la boca tiene impacto sobre el resto del cuerpo; otro, que las enfermedades bucodentales se pueden prevenir y esto es una suerte con la que contamos en la odontología, pero no en otros niveles de atención de salud; y tercero, que los efectos del paso del tiempo en los dientes se pueden manejar. Teniendo en cuenta que la prioridad es siempre el mantenimiento de la salud global y aunque haya temas funcionales o estéticos derivados del acumulado de los años a los factores de riesgo, los temas de los dientes se pueden resolver, y tener más o menos años no imposibilita el usar estos tratamientos para mantener una buena dentadura.