Polideportivo

Patriots y Seahawks se citan en la final de la Super Bowl LX

Patriots y Seahawks se citan en el gran duelo de la NFL tras dominar sus conferencias (14-3), con Drake Maye, Sam Darnold y Jaxon Smith-Njigba como focos del espectáculo más mediático del deporte estadounidense
Los New England Patriots buscan su séptima Super Bowl. / EP

Los New England Patriots y los Seattle Seahawks se enfrentarán en el Super Bowl LX el próximo 8 de febrero en el Levi’s Stadium de Santa Clara (California). Será una final con aroma a historia, ya que ambos equipos volverán a verse las caras en el partido más importante del año once temporadas después de la Super Bowl XLIX, uno de los encuentros más recordados de la última década.

Esta será la tercera vez que el Levi’s Stadium acoge una final de la NFL, tras haber sido sede del Super Bowl 50 en 2016. El recinto tiene una capacidad oficial de alrededor de 68 500 espectadores, cifra que lo sitúa dentro de los grandes estadios de fútbol americano del país.

En este contexto, jugar aquí también le da un respiro a los equipos, ya que, a diferencia de otras ciudades donde el frío o la nieve pueden complicar el juego, en Santa Clara el clima suele ser más suave a finales de invierno. Eso permite que los equipos se concentren más en su estrategia y en ejecutar su plan de juego sin preocuparse demasiado por el viento, la lluvia o el frío extremo.

Los Patriots lograron su clasificación tras imponerse por 10-7 a los Denver Broncos en la final de la Conferencia Americana. Fue un partido áspero, marcado por el frío y la nieve, en el que las defensas dominaron claramente el guion. New England supo gestionar mejor los momentos clave y apoyarse en su solidez defensiva para sellar el pase a su duodécima Super Bowl, un récord absoluto en la historia de la NFL.

Este retorno a la élite confirma que una franquicia que estaba en horas bajas ha vuelto. Los Patriots, sin las figuras legendarias que definieron su época dorada, han descubierto una nueva identidad fundamentada en la disciplina, el equilibrio y la habilidad para competir en circunstancias difíciles. El propósito en este momento es evidente: fortalecer aún más su legado histórico y conquistar el séptimo anillo.

Seattle, en cambio, aseguró su pase a la final después de una gran victoria por 31 a 27 contra Los Angeles Rams en el partido final de la Conferencia Nacional. El duelo fue un intercambio de golpes constante, con cambios en el marcador hasta casi el final. Los Seahawks demostraron carácter y sangre fría en la parte crucial, respaldados por una defensa que supo aparecer cuando más se le requería y una parcela ofensiva que marcó la diferencia.

Los Seahawks vuelven a la final de la Super Bowl por cuarta vez en su historia con este triunfo, siendo esta la primera desde el 2015. Ese recuerdo sigue vivo en la memoria de la franquicia y de su afición, que aún no ha borrado cómo se perdió el campeonato en los últimos segundos de ese partido final contra New England. Esta nueva oportunidad trae consigo un equipo renovado, aunque con la misma ambición.

La Super Bowl XLIX está considerada como uno de los partidos más impactantes de la historia reciente y, desde ese momento, ese enfrentamiento se ha vuelto una referencia permanente cada vez que ambos equipos se encontraban. Ahora, más de diez años después, todo es diferente. El contexto, los protagonistas y las trayectorias han variado, pero sin duda alguna, la carga simbólica que tiene este partido se ha mantenido.

Estilos marcados

New England cerró la temporada regular con un sólido récord de 14-3, liderando la división Este de la AFC y dejando claro desde temprano que su reconstrucción tras años de reconstrucción estaba dando resultados. Bajo la dirección del joven quarterback Drake Maye, los Patriots han equilibrado un ataque más versátil con una defensa que ha sido consistente en puntos permitidos y presión sobre el rival.

La defensa de los Patriots ha sido una de sus mayores cartas: en sus tres victorias de playoffs antes de la Super Bowl, permitió apenas 26 puntos en total, lo que representa un promedio de menos de 9 puntos por partido —una de las marcas más bajas de un equipo finalista en décadas—.

En el eje ofensivo han destacado con su juego terrestre, donde el corredor Malcolm Perry promedia más de 85 yardas por partido en playoffs, lo que permite abrir espacios para los pases de Drake Maye. Por su parte, los Seahawks confían en la combinación de Kenneth Walker III y Smith-Njigba para generar jugadas explosivas, una dupla que ha sido determinante en los momentos clave de la temporada.

NFL. EP

En contraste con la tónica defensiva de los Patriots, los Seattle Seahawks se han destacado por una ofensiva más explosiva y consistente, respaldada por un juego aéreo eficaz y un ataque terrestre sólido. El quarterback Sam Darnold ha sido una pieza clave en su camino: en la final de la Conferencia Nacional completó 25 de 36 pases para 346 yardas y tres touchdowns, liderando a Seattle hacia una victoria 31-27 ante Los Angeles Rams y asegurando el título de la NFC.

Seattle también terminó la temporada regular con marca de 14-3, lo que muestra equilibrio con New England en términos de victorias y derrotas, pero las formas han diferido. Cuentan con un receptor explosivo como Jaxon Smith-Njigba, quien sumó más de 150 yardas y un touchdown en ese juego decisivo.

Ese tipo de producción ofensiva demuestra la capacidad del equipo para mover el balón rápidamente por aire, una amenaza constante que obliga a las defensas rivales a ajustar coberturas y presión.

Además, existen datos interesantes que resaltan la magnitud de esta final: los Patriots buscarán su séptimo título de Super Bowl, lo que sería un nuevo récord en la NFL. Por su parte, Seattle llega con una de las defensas más agresivas de la liga, habiendo generado presión en casi el 39 % de las jugadas sin recurrir a muchos 'blitzes', una señal de su capacidad para dominar desde la línea defensiva.

26/01/2026