EH Bildu llega al ecuador de la legislatura con las espadas en alto. En puertas de que se cumpla el segundo aniversario de las elecciones autonómicas del 21 de abril de 2024, Pello Otxandiano ha hecho su propio contrabalance de acción del Gobierno Vasco PNV-PSE, y ha colocado todo el peso de su crítica en la figura del lehendakari, Imanol Pradales. En un artículo publicado en su página web, desliza que el máximo representante de la comunidad autónoma se está poniendo de perfil y está delegando en el PNV o en otros consejeros los debates más espinosos, y le exige que "arriesgue su capital político" con una implicación directa en la búsqueda de un nuevo estatus de autogobierno. Se da la circunstancia de que ese debate lleva meses desarrollándose con discreción entre los tres principales partidos vascos, PNV, PSE y la propia EH Bildu, y la metodología está clara: la reforma estatutaria se va a canalizar a través de una proposición de ley si es que hay acuerdo, y se votará en el Parlamento Vasco, para llevarla después a las Cortes estatales y someterla a referéndum entre la ciudadanía de la CAV. Otxandiano solicita ahora a Pradales un impulso más directo para "dimensionar y dar centralidad" a este asunto, en lugar de focalizarse en la negociación de las competencias pendientes para cumplir el Estatuto de Gernika vigente. Pradales se puso a disposición de los grupos al inicio de la legislatura para lo que fuera necesario, o para presentar ante el Congreso el acuerdo que alcanzaran, pero la negociación está en manos de los partidos. Otxandiano solicita la implicación de Pradales en debates que, además, pueden tensionar la relación entre los dos partidos del Gobierno Vasco, como ocurre también con el blindaje del euskera en las OPE, que el PNV vehiculizó con una proposición de reforma de la Ley de Empleo Público y que aún negocia con los socialistas.
Otxandiano hace una reflexión muy crítica, aunque comienza su artículo asegurando que quiere ser "ecuánime". Reprocha a Pradales que pida unidad a Europa pero, a su juicio, no la practique en Euskadi con acuerdos de país. Y enumera los acuerdos que sí suscribió EH Bildu, aunque todos los que cita son de anteriores legislaturas, previos al empate a 27 escaños con el PNV que le ha llevado a filar su discurso (dice que EH Bildu suscribió la Ley de Vivienda, el Pacto Social Vasco para la Migración, el Pacto Educativo y la Ley de Transición Energética y Cambio Climático). Solo menciona dos cuestiones de esta legislatura: su apoyo al endeudamiento adicional de mil millones para impulsar la industria, y su impulso de un "debate monográfico" el año pasado (en ese caso, no hubo acuerdo ni concordia precisamente, y Otxandiano terminó el pleno acusando al lehendakari de colgarse "la medalla" por anunciar su propuesta de Cupo energético al Estado). "Y estamos convencidos y convencidas de que también es posible definir un suelo compartido en otras materias como la modernización de la administración pública o la política lingüística. Tendrá que llegar el día, también, en el que superemos la fase negacionista y reconozcamos que tenemos un problema en la Ertzaintza que exige inevitablemente una gestión compartida", añade en su artículo. "Incluso podríamos referirnos a la mesa de salud: El relato de los partidos de gobierno es que EH Bildu no quiso estar en el acuerdo. Lo cierto es que EH Bildu avaló, en mayor o menor medida, las dos terceras partes del contenido que debatió la mesa: votamos en contra de ocho ponencias, a favor de 11 y nos abstuvimos en cinco", continúa. En realidad, fue el propio Otxandiano quien minusvaloró los resultados de esta mesa y la bautizó como el "no pacto" de salud en un artículo publicado, precisamente, en esa misma web.
El portavoz de EH Bildu termina sus reflexiones asegurando que "el lehendakari brilló por su ausencia durante todo el proceso después de que lo anunciara como una de las principales iniciativas de la legislatura". "Da la impresión de que el lehendakari rehúye debates complejos y trata de salvaguardar su imagen de aquellas cuestiones que, por su complejidad, no resultan muy rentabilizables políticamente. Por ejemplo, si el Gobierno Vasco decide invertir 40 millones en Ayesa, es el lehendakari quien tiene que explicar al país en primera instancia por qué es Ayesa un proyecto estratégico", añade, para decirle también que "no puede inhibirse" en el blindaje del euskera como requisito en las ofertas públicas de empleo sino que "debe trabajar las condiciones para que se alcance un acuerdo". También sostiene que debería liderar un "Pacto Social Vasco para la Migración y en ningún caso aceptar actuaciones unilaterales (tampoco por parte de su propio partido)". Sobre el nuevo estatus, cree que "el lehendakari debería arriesgar su capital político en el empeño de dimensionar y dar centralidad" al debate, pero está centrado en "las transferencias pendientes de un estatuto erosionado".