Sus murales transforman paredes que antes eran mudas en escenarios que dialogan con quienes los contemplan: un niño que sonríe, un transeúnte que se detiene, un espacio público que recupera voz. Detrás de estas obras está Iban Urreta, o lo que es lo mismo, Mutiko Kristal, el nombre artístico de este joven de 31 años de Aretxabaleta que da luz a las calles con color, emoción y significado. “Decidí que quería dedicarme de lleno a lo que realmente me mueve, el muralismo y la pintura en general”, recuerda Iban, refiriéndose a aquel momento de 2021, tras la pandemia, que marcó un punto de inflexión en su vida y lo impulsó a perseguir sus sueños.
El nombre con el que se presenta, que, según cuenta, algunos han llegado a asociar erróneamente con la enfermedad de los huesos de cristal, encierra una historia íntima y simbólica. “Una vez hablé con una bruja que me dijo que yo era un niño índigo”, explica. Aquella intuición inicial fue tomando forma hasta convertirse en su seña de identidad creativa; un reflejo de su pasión y de cómo la pintura le permite seguir su propio camino.
Con formación en un módulo superior de Ilustración en Bilbao, hoy su trabajo abarca logotipos, portadas de discos, ilustraciones y cuadros. Sin embargo, es en los grandes murales donde su esencia se revela con mayor fuerza: cada trazo transmite libertad y vida. No en vano, Iban ha hallado en las paredes un lienzo donde volcar emociones y pensamientos. Sus intervenciones pueden encontrarse en Aretxabaleta, Arrasate, Leintz Gatzaga, Eskoriatza, Bilbao, Altsasu o incluso en Castilla y León. Pero su mirada va más allá del territorio conocido. “Mi objetivo es llegar al mayor número de personas posible. Compartir lo que tengo para dar es lo más importante”, afirma.
Mutiko Kristal en plena faena dando vida a una pared.
Animales y calaveras
Le resulta difícil poner una etiqueta a su estilo. En su imaginario conviven animales y calaveras, siempre abordadas desde el color, lejos de una lectura oscura. En los últimos tiempos ha comenzado a 'jugar' con el realismo, no como una definición de su lenguaje artístico, sino como un ejercicio consciente de exploración. “Nunca ha sido el registro con el que más me he identificado, pero era una forma de ponerme límites, de ver hasta dónde podía llegar haciendo algo que no controlo del todo. Y la verdad es que lo disfruto”, reconoce.
Los primeros grafitis que alumbró siguen grabados en su memoria. “De chaval me bajaba al río y pintaba donde nadie lo había hecho antes”, rememora. Ese espíritu libre continúa siendo el motor de su trabajo, alimentado por una inspiración caprichosa que a veces llega sin avisar y otras nace de recuerdos familiares. "Parte de mi creatividad viene de mi ama. Era muy ingeniosa y pintaba, aunque no lo mostró en público", dice.
Su arte también reivindica en un mundo de guerras, injusticias y masacres.
Pero su mirada no se limita a lo personal. Le inquietan las guerras, las injusticias, las muertes, las masacres... y los “energúmenos” en el poder. “El mundo está bastante jodido”, asegura sin rodeos. Ante esta realidad, la pintura se convierte en un acto de resistencia y expresión. “Me gusta usarla para reivindicar algo, aunque el gesto sea pequeño”, precisa.
Desde esa convicción, Mutiko Kristal entiende que el arte urbano va más allá de la estética: consiste en hacerlo accesible, revitalizar espacios grises y apagados y generar emociones. Una práctica que conlleva también visibilidad y crítica. “Estamos a la vista de todos. Si alguien siente algo frente a mi obra, ya vale la pena”, matiza.
Su deseo es que este lenguaje artístico se extienda en los pueblos, donde -reconoce- el proceso es más lento que en las ciudades, más acostumbradas a fachadas pintadas y murales y grafitis en los negocios.
Las calaveras coloreadas son una de sus señas de identidad.
Respaldo incondicional
Mutiko Kristal no es un alter ego: es la expresión más profunda de Iban. “Cuando pinto o dibujo conecto con algo muy mío. Es mi infancia, mi esencia. El nombre tiene mucha conexión con mi historia”, relata. Su apuesta por el arte fue una decisión valiente, marcada por la pérdida de su madre y el respaldo incondicional de su familia. “Gracias a mi aita, a mi ama y a toda la gente que ha estado a mi lado. Antes dudaba si podía vivir de lo que me gusta, ahora lo he conseguido”, manifiesta.
Este recorrido ha sido tanto creativo como íntimo; un proceso para enfrentar sus miedos, abrirse a los demás y revelar su gran sensibilidad. Hoy continúa explorando nuevas formas de expresión y ha comenzado a trabajar con tatuajes, un campo que le resulta desafiante y estimulante a la vez.
Los encargos llegan por el boca a boca
En tiempos de inmediatez y cultura visual, Iban también ha tenido que enfrentarse a otra barrera: las redes sociales. Durante años se mantuvo al margen. "Siempre tuve una lucha contra la tecnología; no use redes hasta que creé Mutiko Kristal. Entendí que sin ellas no iba a avanzar, así que, una vez asumida la derrota (se ríe), abrí mi cuenta de 'Facebook' e 'Instagram'. Son herramientas para mostrar lo que hago, un escaparate para llegar a más gente. Aun así, casi el 95% de mis encargos llegan por el boca a boca. Las redes son útiles, pero no lo son todo", destaca.
Aprender a enseñar quién está detrás del trabajo fue otro paso importante. “Al principio nunca mostraba mi cara en redes, solo compartía lo que hacía. Le di muchas vueltas y comprendí que era otra cosa que tenía que superar. Cuando me muestro un poco, sin sobreexponerme, la conexión con el público es mucho más fuerte”, añade.
Mutiko Kristal asegura que cada una de sus obras tiene algo especial.
"Con que se recuerde, ya permanece"
El mimo y la implicación que pone en todo se reflejan en cada encargo y proyecto. “Todos mis trabajos tienen algo especial. Les pongo corazón; son como mis hijos”, asevera. Sabe que el arte urbano es efímero, pero la memoria de su obra es su verdadera eternidad: “Con que se recuerde, ya permanece”, subraya.
Así que la apuesta ha valido cada esfuerzo. “He visto mi evolución en estos años, y puedo decir que tomé la decisión correcta”, sentencia. No piensa detenerse; seguirá despertando muros que antes callaban.