Cuando todo se había puesto cuesta arriba tras el empate del Celta, que acechaba con peligro la portería de la Real Sociedad al jugar con un futbolista más por la expulsión merecida de Caleta-Car, volvió a aparecer el faro de este equipo, el líder espiritual y el jugador con más calidad para firmar otro gol similar al que ya había logrado antes. Mikel Oyarzabal desafió al cansancio, condujo el balón varios metros entre cuatro defensas y disparó desde el borde del área para batir al portero del Celta por el lado izquierdo de su portería. Dos goles muy parecidos, dos goles para sumar tres puntos cuando más difícil lo tenía la Real.
Oyarzabal es el gran faro de este equipo, el jugador que lidera todo lo que ocurre dentro del césped y, además, el futbolista que, con sus goles, permite sumar victorias y puntos claves para la escalada en la clasificación, la misma que, desde la llegada de Pellegrino Matarazzo, ha permitido a la Real empezar a pensar en los puestos europeos.
La victoria tuvo mucho mérito porque la Real jugó toda la segunda parte con un futbolista menos. La expulsión del central Caleta-Car, tarjeta roja muy clara, no se entiende muy bien semejante entrada al tobillo del rival y en el centro del campo, dejó en inferioridad a una Real que, no obstante, supo defenderse con orden y aprovechar su momento para, a pesar de encajar el empate, volver a ponerse por delante en el marcador.
La racha de Matarazzo permanece inalterable. Desde su llegada la Real ha sumado diez de doce puntos y ha derrotado a equipos muy en forma y que hacen un excelente fútbol como el Barcelona y el Celta de Vigo. No se recuerda por aquí tal impacto con la llegada de un entrenador. Más allá de la suerte, que todo cuenta, el equipo muestra una energía y una confianza que hasta que aterrizó el técnico de New Jersey no tenía.