Miguel Capellán (Hervías, 1970) se emocionó mucho en el frontón Adarraga de Logroño cuando vio a Darío Gómez levantar los brazos ante Iker Larrazabal. Era el momento en el que un riojano alcanzaba la final del Manomanista –organizado por Aspe y Baiko Pilota– después de 72 años de sequía y la cancha capitalina entró en delirio. Y fue, precisamente, gracias a su pupilo. "Hubo muchas emociones, porque se trataba de algo histórico", explica el campeón del Parejas de 1996 con Rubén Beloki. "En La Rioja estamos locos con él. Han pasado muchos años desde lo de Barberito. Ojalá pudiéramos ganar la txapela. El hecho de estar en una final ya es una bomba para la región", agrega. Iñaki Artola es el último escollo el domingo en el frontón Navarra Arena de Iruñea, a partir de las 17.00 horas.
Una vida y la final
Pero la emoción de Capellán no se circunscribe en exclusiva a ese localismo, sino al cordón umbilical que une al pelaire con el de Hervías desde que era un chiquillo. Por entonces, Miguel llevaba a la "camada" de los hermanos David y Miguel Merino, Cecilio, Gorka o Víctor Esteban (estos últimos paisanos del finalista del Manomanista). El chiquillo "andaba con preparadores del pueblo", pero Capellán fue su primer monitor en el club ezcarayense. "Darío es un chaval que ha mamado la pelota desde que era muy pequeño. Lo llevaba muy dentro. Ver que un muchacho que has llevado desde pequeño llega a donde está fue un subidón terrible", reconoce el exprofesional riojano, quien recuerda que se le veían desde niño "cualidades especiales".
"A los tres hermanos de la familia siempre les ha gustado un montón la pelota (tanto a Asier, su botillero, como a Martín), pero Darío era un pelotari del que decías: 'Si no se tuerce, será una figura'. Así ha acabado siendo", describe Capellán, quien añade que "se le veía una derecha muy potente". De hecho, con diez, once y doce años "marcaba diferencias" y se le intuía "clase".
Once años para ser el pulmón de La Rioja
Casi once campañas de carrera en el campo profesional ha necesitado el pelaire para ascender al Everest de la Pelota Pro Liga, la final del Manomanista. "Darío es un caso especial. Dentro de la calidad que ha tenido siempre, el mano a mano ha sido su modalidad. En eso, ha tenido una trayectoria complicada, porque ha estado a la sombra de otros compañeros. Sin embargo, ha sido fiel a sí mismo y ha hecho el trabajo en silencio, sin dar guerra. Ahí está la base de su éxito: no se ha puesto grandes metas, pero las ha ido cumpliendo despacito. Fíjese hasta dónde ha llegado, a una final", certifica Capellán.
Levantarse de los golpes
Pese a debutar con una senda fructífera en el campo aficionado y con el aura de ser una perla, los problemas de manos le han pasado factura. "La continuidad es fundamental para crecer como deportista. Darío ha tenido rachas buenísimas –por ejemplo, durante el verano de 2025 no perdió un solo partido– y la empresa le ha dado oportunidades, porque sabe de su potencial, pero ha vivido un calvario con las manos. Por ejemplo, el año pasado iba ganando a Larrazabal por 20-14, se le rompieron las manos y acabó perdiendo por 20-22. Después, se jugó el pase a las semifinales con Altuna y tenía la derecha destrozada: le daba con el jamón, caceaba y se quedó en cinco. Luego, ni siquiera puso esa excusa. Eso también habla mucho de él", revela el de Hervías.
Darío y Artola eligen material para la final del Manomanista en el Navarra Arena de Iruñea.
"Le ha costado coger esa confianza. Ha dado un golpe sobre la mesa y solo espero que el trato que reciba de la empresa sea el correcto", abunda el riojano, quien agrega que "Darío no alardea de nada, ya que es un currante nato. En el plano físico está muy bien entrenado. Es un muchacho que se prepara con minuciosidad y lo combina con su trabajo como fisioterapeuta. Además de eso, he de destacar el aspecto mental. El partido del Adarraga fue una olla a presión. No recordaba un ambiente así desde hacía muchos años. Salió con las ideas ordenadas".
Por último, Capellán valora la "humildad". "Es su seña de identidad. Se ha ganado el cariño del público. Es un chico de diez: honesto, amigo de sus amigos y muy normal. Es todo alma y corazón", finaliza.