¿Te cuesta compartir tus logros? ¿Ser el centro de atención te da pavor? ¿Dejas de hacer o decir cosas por miedo al qué dirán? ¿Se te cae el mundo encima cuando te sientes inadecuada? Cuando sentimos que no encajamos, la vergüenza encuentra su refugio en el silencio. Lo que no dices y lo que no haces por la aceptación y la validación de los demás acaba creando una versión descafeinada de ti misma. Al intentar encajar, dejas de lado tu verdadera personalidad. Y no hay nada más magnético que la autenticidad.
La escritora y coach Meritxell García analiza todas estas cuestiones en su obra Sin vergüenza, un proyecto que nace de un profundo proceso de introspección tras años de sentirse diferente en su entorno. Entrevistada en Las mañanas de Onda Vasca, ha explicado que el origen de esta limitación emocional reside a menudo en el intento de encajar en convenciones sociales para las que algunos perfiles no reciben un "manual de instrucciones". García, diagnosticada con altas capacidades y TDAH, señala que esta sensación de ser distinta suele derivar en una "maleta de vergüenza bastante fuerte" que lleva al individuo a autocensurarse.
El libro explora la distinción entre la función reguladora de la vergüenza y su capacidad inhabilitante. Según García, mientras que esta emoción sirve para regularnos socialmente en contextos específicos, se vuelve perjudicial cuando impide la autenticidad. "La vergüenza es creer que tú eres un error", explica la coach, subrayando que el sentimiento de inadecuación suele alimentarse del perfeccionismo y de lo que proyectamos hacia la mirada ajena. Para combatir este estado, la experta propone la vulnerabilidad como antídoto y anima a integrar el error como parte del aprendizaje cotidiano, una filosofía que aplica en su propio hogar mediante mantras que refuerzan que "está bien equivocarse" y "sentir tus sentimientos".