“He pensado… ¡Otra vez no!” En Enkarterri vivieron en primera persona la angustia frente a un incendio forestal, el peor de Bizkaia en las tres últimas décadas, el 23 de octubre de 2022. Mientras Balmaseda cocinaba sus alubias en putxera las llamas cercaron la villa haciendo temer lo peor y se propagaron hasta el núcleo zallarra de La Herrera. Por eso esta mañana cuando en el municipio vecino han divisado en el cielo un helicóptero preparado para descargar agua, los fantasmas de hace cuatro años se han reavivado.
Las maniobras incluyeron la quema controlada de matorrales para detener el fuego
Pero no, esta vez se trata de una falsa alarma, uno de los entrenamientos que el dispositivo INFOBI (integrado por personal del servicio de Montes de la Diputación Foral de Bizkaia, agentes de Basalan y bomberas y bomberos forales) desarrolla de manera habitual para practicar los procedimientos de actuación y la coordinación entre los medios que intervienen en una emergencia forestal, con ejercicios, formación especializada e intercambios técnicos con otros dispositivos ahora que el territorio entra en periodo de alto riesgo.
En la antigua pista para avionetas de Zalla, colindante con Gordexola, se han movilizado a lo largo de tres horas quince personas del servicio foral de Montes, dos retenes de INFOBI, autobombas forestales, un robot desbrozador, un dron y el helicóptero LK1 con un helibalde con capacidad de mil litros, “aunque carga 800, para disponer de ese plus de energía si tiene que salir de una situación complicada”, ha precisado el jefe del citado servicio, Aitor Omar.
De aquel fuego que mantuvo en vilo a Enkarterri y el valle de Mena “aprendimos muchas cosas”. Por ejemplo, “a pesar de que realicemos una gestión espléndida y esos montes son de entidad pública efectivamente la tienen, excelente” pueden concaternarse determinados condicionantes en los que “va a mostrar un comportamiento muy por encima de lo que podíamos haber previsto”. En 2022 se desataron en Bizkaia alrededor de treinta incendios con unas 600 hectáreas calcinadas, pero “500 de ellas correspondieron tan solo al de Balmaseda”.
Media de 28 fuegos al año
La media se sitúa en 28 fuegos al año y dibuja una tendencia descendente si pensamos que “a principios del año 2000 sumaban más de 200”. Son “pocos, incendios topográficos de superficie, se quema el matorral, podemos atajarlos” la mayoría de las veces. Pero otras irrumpen el viento u otros condicionantes, que vuelven su evolución más impredecible. No es nuevo, “ya en 1989 en Bizkaia se quemaron en una semana más de 27.000 hectáreas”, pero ante el cambio climático el peligro crece.
En comparación, zonas limítrofes como Cantabria, acumulan este verano “más de 200 fuegos”. La diferencia estriba en la gestión forestal y “una cultura responsable del uso del fuego” que ayudan a minimizar los daños: sufrimos “pocos incendios provocados, mientras que en otros territorios la intencionalidad es altísima” y puede disparar las estadísticas. Profesionales del Servicio de Montes, Basalan y bomberos han comprobado la dimensión de las catástrofes en sus intervenciones fuera del territorio vizcaino en León en 2025 y Madrid en 2026. Además, en agosto y septiembre tres equipos se desplazaron a Galicia para entrenar junto al dispositivo de la Xunta y en mayo personal técnico del INFOBI participó en Derio en una formación especializada impartida por un profesional del INFOCA andaluz.
Un cóctel de "mayores riesgos"
Los efectivos se mantienen en alerta frente “mayores riesgos”. Un cóctel de “la realidad de una combinación de problemas fitosanitarios que está sufriendo toda Europa, el calentamiento global que puede generar modificaciones del clima, la intercomunicación de todo tipo de patógenos que pueden venir de muchos sitios y la estabilidad de las masas forestales”.
Frente a este escenario, actualizan constantemente sus protocolos. “Quiero poner en valor el trabajo que desempeñan durante todo el año los más de 600 profesionales del INFOBI en prevención y servicio”, ha enfatizado la diputada general, Elixabete Etxanobe. Aspectos fundamentales para que “un incendio no adquiera las dimensiones catastróficas que hemos presenciado en otros lugares, una labor que pasa desapercibida y es importante que la ciudadanía la conozca”.
Preparativos en el camión de bomberos
Una docena de puntos de entrenamiento
“Todas las semanas utilizamos una docena de puntos para entrenar”, ha contado Aitor Omar, para poner a prueba al helicóptero con diferentes entornos que faciliten o dificulten las descargas y prepararse ante todos los escenarios posibles. Dispone de dos horas útiles de servicio, más bien hora y media real porque el resto lo ocupan los viajes “luego ha de regresar a la base, que en invierno está en Iurreta, y descansar cuarenta minutos”. Contar con un punto próximo para recargar con frecuencia el helibalde resulta vital. No solo se gana tiempo para repetir la operación, sino que da un pequeño margen “para permitirnos alguna descarga fallida”. Y es que si las indicaciones no se transmiten al piloto con la máxima precisión “se puede ampliar el problema o frustar la quema de ensanche”.
Precisamente hoy han llevado a cabo esta maniobra consistente en intentar cortar el paso al fuego mediante quemas controladas. “Cuando empieza a descender, identificamos un lugar donde poder pararlo” adelantándose para “ir quemando lo que incendio quiera quemar”. Porque nunca se sabe cuándo puede desatarse la emergencia (uno de los días más propicios es, curiosamente, el 19 de marzo, a menudo festivo, y por tanto, más proclive a desbrozar para después deshacerse de los rastrojos) y la mejor defensa puede ser un buen ataque.