Araba

“Me doy al 100% en cada actuación. Si acabo reventado es mi problema, no del público”

Son varias las ocasiones en las que Josema Yuste se ha subido a las tablas del Principal en La Blanca. Hoy y mañana regresa, esta vez con ‘El aguafiestas’
Josema Yuste

Antes de tomarse un respiro hasta septiembre, el escenario del Principal se reencuentra hoy (19.30 y 22.00 horas) y mañana (19.30 horas) con Josema Yuste, quien protagoniza –y también impulsa– El aguafiestas, de Francis Veber, autor, entre otros conocidos títulos, de La cena de los idiotas. Junto a Santiago Urrialde, el intérprete vuelve a La Blanca para cerrar con el mejor humor estas jornadas intensas.

Sus últimas visitas a Vitoria han coincidido con La Blanca. Sucedió con ‘Taxi’ y también con ‘La cena de los idiotas’. ¿Cómo es lo de trabajar mientras el resto está de fiestas? 

Formamos parte de las fiestas para el espectador y eso es algo que tengo asumido desde hace muchísimos años. Sé que trabajo cuando la gente se divierte, y eso lo tengo muy claro. Pero eso está bien porque cuando la gente está trabajando, yo me suelo divertir (risas). Vale, es vivir contracorriente, si lo queremos decir así, pero es que me gusta. Es así de sencillo: voy a Vitoria, hacemos las actuaciones y me siento encantado de poder hacerlo. Es algo muy interesante el poder hacérselo pasar bien a la gente.

La sociedad en su conjunto viene de una situación muy complicada en estos dos años y pico. ¿Cómo lo ha vivido profesionalmente? 

No me quiero poner tampoco dramático, pero ha sido duro. No podemos mirar hacia otro lado ni dar la espalda a la realidad. Primero, porque no podemos perder de vista que se ha ido mucha gente. Además, es algo que ha afectado a todo lo que compone nuestra vida, que ha dejado una huella profunda. Yo tengo ya una edad y nunca había vivido una situación parecida. Hay una estela que no termina de irse. Y eso se suma a la crisis económica y a la subida de precios. Claro, en ese contexto, la gente mira a ver dónde está el pollo más barato, no piensa en ir al teatro o al cine. Cuando la mayoría de gente en un país no sabe si va a poder llegar a final de mes, tenemos un grave problema que, por supuesto, nos afecta en la profesión. Pero nosotros no podemos cerrar el quiosco, por así decirlo. Solo podemos esperar que pase este temporal. Mientras tanto, en los teatros veremos unas cuantas obras con uno o dos personajes porque será imposible hacer más.

Mientras escampa, lo cierto es que el público puede disfrutar hoy y mañana de ‘El aguafiestas’ en el Principal, una obra que tiene un inicio particular.

Es una comedia muy original, muy diferente a la comedia de enredo habitual. En realidad, parte de un planteamiento dramático, de un gran conflicto. Desde ahí, se produce una obra hilarante, divertidísima, desternillante e histriónica a veces. Es que hay situaciones en las que ni quienes estamos sobre el escenario podemos aguantarnos la risa. Como dices, el inicio es particular. Vemos a un tipo que va a un hotel, se entera de que su mujer le quiere dejar y se quiere suicidar. En la habitación de al lado, está un asesino a sueldo, que ha ido al hotel para cumplir un encargo. A una hora determinada tiene que asesinar a una persona determinada que va a cruzar la calle. Ambos se terminan conociendo y a partir de ahí nace una comedia disparatada, alocada, con un argumento muy entretenido de seguir. Es un soplo de aire fresco que dura hora y cuarto. Sinceramente, sacarse una entrada por un precio módico para reírse me parece que es salud también. Sin duda.

Hay mucho humor en la obra pero también algún que otro tema sobre el que, tal vez, pararse un poco a pensar después de la obra. 

Sí, deja un poso. Al final, ves que la amistad puede surgir de las cenizas de una hoguera anterior. A veces, cuando alguien se ve muy apurado en la vida, puedes echar mano de alguien que no esperabas. Es una comedia para disfrutarla viéndola y escuchándola. Ahora toca reírse, que lo necesitamos mucho, y esta obra es una herramienta fantástica para poder hacerlo.

Para que ese objetivo se cumpla es fundamental que la conexión con Santiago Urrialde, el otro protagonista del montaje, sea total. 

Sí, sí, para mí eso es muy importante. Uno puede ser un profesional y poner todo de su parte. Eso lo damos por hecho. Pero cuando afrontas un proyecto, si encima te llevas bien con los compañeros y el ambiente de trabajo es muy bueno, como es el caso, todo se multiplica. Y de eso también sale ganando el público. Siempre busco compañeros que conozco, que sé cómo son, que sé que no van a generar problemas. Para mí eso es muy importante. Yo ahora tengo una compañía muy estable, que está formada por gente que tiene claro que todos juntos salimos al escenario para sumar para y por la comedia. No hay egos. La comedia es lo más importante.

Claro, además de protagonizarla, la obra es una apuesta suya. ¿Por qué asumir toda la responsabilidad?

Para empezar porque la obra me gusta. Además, puedo controlar el proceso y el resultado final, puedo decidir lo que quiero hacer. No tener un jefe por encima es muy cómodo y gratificante. Por supuesto, en ese yo decido te puedes equivocar. Pero me encuentro mucho más a gusto en esta situación que teniendo alguien por encima diciéndome cómo tengo que hacer las cosas. No, no, yo hago lo que quiero. Para eso me gasto el dinero. Bueno, y el de mis socios (risas). Puede parecer muy sencillo decirlo, pero es que es así: quiero hacer lo que quiero, no hay más.

La comedia siempre ha sido una constante en su trayectoria, pero hay quien piensa que en estos tiempos el humor no lo tiene tan fácil para reírse de todo. 

Vamos a empezar por una idea básica: hacer reír no es fácil. No es un dicho, no es caer en eso de que hacer reír es más complicado que hacer llorar. No, no. Hacer reír es más difícil que cualquier otra cosa porque requiere del intérprete un ejercicio muy grande. Tienes que invertir una cantidad enorme de energía y, además, debes tener un algo especial que te da la madre naturaleza. Se llama vis cómica y no se aprende en ningún sitio. Es algo que tiene tu ser que transmite gracia. Yo creo que tengo eso. Si no lo tuviese, sería un 50% menos de lo que soy. Eso me ayuda mucho a transmitir la risa y a llevársela al público.

Esa vis la lleva desarrollando durante muchos años, pero seguro que ahora se encuentra con jóvenes que le conocen bien por el teatro bien por aparecer en televisión, pero que no saben qué era Martes y Trece. ¿No le parece curioso?

Me parece lógico. Ten en cuenta que dejé de hacer televisión de manera continuada hace como unos 15 años. Me dedico al teatro en cuerpo y alma, más allá de que aparezca en la televisión de vez en cuando. Me gusta el teatro para desarrollar mi profesión. Es hora y pico en la que nadie te corta, nadie te dice lo que tienes que hacer. Tú eres el dueño de ese momento y eso me parece increíble.

¿Cansado lo de hacer, como hoy, dos funciones seguidas? 

Por fortuna, hay pocas ocasiones de estas (risas). Te reconozco que hacer dos pases seguidos de esta comedia cansa. Pero las hacemos con la misma pasión y energía. Yo me doy al 100% en cada actuación. Si acabo reventado es mi problema, no el del público. La gente paga igual una función que otra, y eso para mí es algo sagrado.

¿Por lo menos habrá tiempo para disfrutar algo de la fiesta? 

Hay que descansar. Pero me acercaré a Victofer a comprar unos espárragos (risas). Eso no puede faltar.

09/08/2022