Uno de los episodios más tensos y determinantes en la vida de Francisco de Goya fue su conflicto directo con la Inquisición. El detonante fue la publicación, en febrero de 1799, de Los caprichos, un libro de 80 estampas en el que el pintor trabajó durante años de forma clandestina mientras, simultáneamente, cumplía con sus encargos de la corte. A pesar de ser el artista de moda y gozar de la protección de los reyes, Goya se vio obligado a retirar la obra de la venta apenas trece días después de anunciarla debido al temor que le infundió la institución eclesiástica. Un episodio que el escritor aragonés Luis Zueco recoge en su novela «El juicio. La Inquisición contra Goya». Hemos charlado con él en Las mañanas de Onda Vasca.
Zueco destaca que el gesto de Goya fue un acto de valentía intelectual en un contexto en el que, para los ilustrados, el gran mal de la sociedad era la ignorancia: "Un pueblo ignorante permite gobernantes ignorantes o malos y eso es un vicio, un círculo que nunca tiene solución", apunta Zueco. La ignorancia se combatía a través de la educación, "Y en 'Los caprichos' Goya lo ataca todo; ataca al clero, a la nobleza, a las supersticiones, la prostitución, los matrimonios con mucha diferencia de edad, el abuso de menores,...Y claro, van a por él. Goya es el primer artista moderno, lo empieza todo".
Para Zueco, la relevancia del pintor reside en su capacidad para actuar como un elemento transformador de la sociedad, utilizando sus grabados como un espejo crítico. Según explica el autor, el artista defendía que los estudiantes de Bellas Artes "lo que necesitan es libertad", una proclama que en 1792 ya resultaba revolucionaria y que hoy mantiene su vigencia absoluta.