Actualizado hace 42 minutos
Viajar no tiene edad. De hecho, la jubilación puede convertirse en uno de los mejores momentos para descubrir nuevos lugares, hacer escapadas que durante los años de trabajo eran difíciles de organizar y disfrutar de los viajes sin las prisas de otras etapas. Pero no todos los destinos ni todos los formatos de viaje responden a las mismas necesidades.
Después de los 65, elegir bien puede marcar la diferencia entre unas vacaciones agotadoras y una experiencia que permita descansar, mantenerse activo, conocer gente y disfrutar de nuevas experiencias. La oferta también se ha ampliado: desde los tradicionales destinos de costa hasta circuitos culturales, viajes de naturaleza o escapadas a ciudades.
Destinos de costa para combinar descanso y actividad
Los destinos de playa siguen siendo una de las opciones más populares. El Mediterráneo, las islas Baleares y Canarias ofrecen una combinación interesante de descanso, paseos y actividades.
La clave está en no plantear el viaje únicamente como unos días tumbado al sol. Caminar por el paseo marítimo, conocer localidades cercanas, visitar mercados o realizar pequeñas excursiones permite mantenerse activo sin necesidad de realizar grandes esfuerzos.
Además, los destinos costeros suelen disponer de una amplia oferta de alojamiento, restauración y servicios, algo que facilita organizar unas vacaciones cómodas.
Playa de Las Teresitas, Tenerife.
Viajes culturales para mantener la mente activa
Otra opción son los circuitos culturales y las escapadas a ciudades con patrimonio histórico. Madrid, Salamanca, Sevilla, Granada, Santiago de Compostela o Córdoba permiten combinar paseos con visitas a museos, monumentos y espacios históricos.
Este tipo de viaje tiene además un componente de estimulación intelectual. Conocer lugares nuevos, orientarse por una ciudad diferente, escuchar explicaciones sobre su historia o descubrir otras costumbres son actividades que mantienen la curiosidad y rompen con la rutina.
Eso sí, conviene evitar itinerarios excesivamente apretados. Ver menos lugares y disfrutarlos con tiempo puede resultar mucho más satisfactorio que intentar completar una larga lista de visitas en pocos días.
Puente Romano de Salamanca con la catedral al fondo.
Naturaleza para quienes quieren seguir activos
Para las personas que disfrutan caminando, los viajes de naturaleza son otra alternativa. No es necesario plantearse grandes rutas de senderismo. Existen destinos con caminos sencillos, parques naturales, vías verdes y recorridos junto al mar que permiten adaptar la actividad física a las posibilidades de cada persona.
Asturias, Cantabria, Galicia o el Pirineo pueden ser buenas opciones para combinar naturaleza, gastronomía y pequeñas excursiones.
El objetivo no es competir ni acumular kilómetros, sino mantenerse en movimiento y disfrutar del entorno.
Puente romano de Cangas de Onís, Asturias.
Viajes organizados para conocer gente
Los viajes organizados también pueden ser una alternativa especialmente interesante para quienes quieren viajar solos o prefieren no encargarse de toda la planificación.
Los circuitos permiten compartir excursiones, comidas y visitas con otras personas, algo que puede favorecer las relaciones sociales y evitar que viajar solo se convierta en una experiencia de aislamiento.
El programa de turismo del Imserso ofrece diferentes modalidades, entre ellas estancias en zonas costeras, circuitos culturales y turismo de naturaleza. Su finalidad incluye favorecer el envejecimiento activo y prevenir la soledad.
Tres amigos se hacen un selfie durante una excursión.
Escapadas a ciudades europeas
No es necesario esperar a realizar un gran viaje para descubrir otros países. Lisboa, Oporto, Roma, París o Florencia pueden ser destinos interesantes para una escapada cultural.
En este caso, conviene tener en cuenta la cantidad de desplazamientos a pie, las distancias entre visitas y la disponibilidad de transporte público. Elegir un hotel bien situado puede hacer que la experiencia sea mucho más cómoda.
También es recomendable dejar tiempo libre en el programa. Un viaje después de los 65 no tiene por qué convertirse en una carrera de monumento en monumento.
Vistas panorámicas de Florencia.
Viajes de bienestar y termalismo
Los balnearios y destinos termales también encajan especialmente bien en esta etapa. Permiten combinar descanso con actividades suaves y, en algunos casos, tratamientos relacionados con el bienestar.
Galicia, Aragón, Castilla y León o Cataluña cuentan con una larga tradición termal y pueden convertirse en una alternativa para quienes buscan unos días tranquilos sin renunciar a salir de casa.
En estos viajes es importante diferenciar entre bienestar y tratamiento médico: cualquier terapia destinada a tratar una enfermedad concreta debe consultarse previamente con un profesional sanitario.
Balneario.
La clave está en elegir el ritmo adecuado
Más que buscar el destino perfecto, después de los 65 conviene pensar qué tipo de viaje apetece realmente. Para algunas personas será una semana de playa; para otras, un circuito cultural, una ruta por pueblos, unos días en un balneario o un viaje internacional.
También merece la pena adaptar el viaje a la condición física y a las necesidades personales. Revisar los desplazamientos, evitar jornadas demasiado largas y mantener cierta flexibilidad permite disfrutar más y reducir el cansancio.
La jubilación ofrece precisamente algo que durante los años de trabajo suele faltar: tiempo. Aprovecharlo para viajar puede ser una oportunidad para mantenerse activo, seguir aprendiendo, relacionarse con otras personas y descubrir lugares nuevos, pero sin olvidar que disfrutar también significa bajar el ritmo.