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Los iraníes, entre la unidad nacional y el miedo ante el ultimátum final de Trump

Teherán moviliza a civiles para proteger las infraestructuras del país mientras crece el temor a un ataque masivo
Una vista de la sinagoga Khorasaniha destruida, en Teherán. / Efe

El reloj de la historia parece haberse detenido en una tensión insoportable. A medida que las manecillas avanzan hacia las 20:00 horas en Washington (00:00 GMT del miércoles), la República Islámica de Irán se prepara para lo que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha calificado como el posible fin de "toda una civilización". Tras 39 días de una guerra que ha transformado el tablero internacional, el mundo mantenía su mirada sobre un estrecho de Ormuz bloqueado y una nación persa que oscilaba entre la resistencia desesperada y la angustia de un apagón total.

La demanda de la Casa Blanca no admite matices: Irán debe desbloquear el tránsito por el estrecho de Ormuz, el enclave estratégico por el que fluye el 20% del petróleo mundial. Desde el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero, Teherán ha mantenido cerrada esta vía estratégica, permitiendo solo el paso a buques de naciones aliadas, una medida que ha disparado los precios globales del crudo y ha puesto en jaque la economía de Occidente.

Trump ha sido tajante a través de sus redes sociales al asegurar que "morirá toda una civilización, para no volver jamás". Aunque el mandatario asegura no desear este desenlace, ha advertido de que, de no cumplirse el plazo, Washington lanzará una ofensiva contra las infraestructuras civiles más críticas del país: centrales eléctricas y puentes. Para Trump, esta noche marca el cierre de "47 años de extorsión, corrupción y muerte", refiriéndose al tiempo transcurrido desde la Revolución Islámica de 1979.

La respuesta de Teherán no se ha hecho esperar, pero esta vez ha tomado una forma inusual. El Gobierno iraní, a través de la campaña Jóvenes de Irán por un mañana brillante, ha llamado a la población a formar cadenas humanas alrededor de las plantas energéticas. En un intento por disuadir los bombardeos mediante la presencia de civiles, miles de personas se han congregado en puntos estratégicos.

En la capital, cientos de manifestantes han rodeado la central de Damavand, la mayor del país. Entre ellos se encuentran figuras de la cultura como el músico Ali Gamsari, quien se instaló en las inmediaciones con la esperanza de evitar un ataque. Escenas similares se repiten en el puente Tabiat, donde el cantante Benyamin Bahadori pasó la noche en vela. En el suroeste, en Dezful, estudiantes intentan proteger con sus propios cuerpos un puente histórico de más de 1.700 años de antigüedad.

Alireza Rahimi, viceministro de Asuntos de la Juventud, ha denunciado ante la comunidad internacional que atacar infraestructuras públicas es, por definición, un "crimen de guerra". Sin embargo, la retórica de unidad nacional se mezcla con un miedo palpable en las calles.

Para los ciudadanos de a pie, el ultimátum no es una cuestión de alta política, sino de supervivencia. Tras semanas de bombardeos diarios por parte de EE.UU. e Israel, la posibilidad de perder el suministro eléctrico es la gota que colma el vaso.

"Si de verdad ataca todas las centrales, la vida va a ser imposible", confiesa Marjan, una ama de casa de 40 años. Como muchos otros, Marjan inicialmente vio la guerra como una oportunidad para un cambio de sistema hacia uno laico y democrático, pero hoy solo siente terror ante la perspectiva de quedarse sin agua y sin comunicaciones. Farnaz, otra vecina de Teherán de 62 años, resume el sentimiento general: "Hoy sin electricidad no se puede hacer nada. Solo quiero que mis nietos vivan en paz".

Amenaza de la Guardia Revolucionaria

Mientras los civiles rezan y se encadenan, el brazo militar, la Guardia Revolucionaria, ha lanzado su propia advertencia. En un comunicado distribuido por la agencia Fars, el cuerpo militar aseguró que, si EE.UU. cruza las "líneas rojas", la respuesta iraní irá "más allá de la región".

La Guardia amenaza con atacar las infraestructuras de Washington y sus socios de tal manera que queden privados de petróleo y gas durante años. El grupo sostiene que, hasta ahora, ha mostrado "contención" al no golpear infraestructuras civiles en los países árabes del Golfo vinculados a EE.UU., pero advierte de que "todas esas consideraciones han sido eliminadas".

A pesar de las constantes amenazas por ambos bandos, parece que los canales diplomáticos echan humo. Según informes de Axios, mediadores de Pakistán, Egipto y Turquía trabajan contrarreloj para pactar un alto el fuego de 45 días. El enviado de Trump, Steve Witkoff, y el ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, han estado intercambiando mensajes de texto en un último intento por evitar el desastre.

Irán ha presentado una propuesta que incluye el fin de las hostilidades, un protocolo de paso seguro por Ormuz y el levantamiento de las sanciones. Trump ha admitido que Teherán negocia "de buena fe" y que la propuesta es "importante", pero insiste en que "no es suficiente". El presidente estadounidense exige que el acuerdo garantice de forma permanente la libre circulación del petróleo.

El mundo aguarda la medianoche. En Teherán, las luces de la ciudad brillan con una intensidad que podría ser la última en mucho tiempo. En Washington, Trump se prepara para lo que llama "uno de los momentos más importantes de la larga y compleja historia del mundo". Solo unas horas separan a la diplomacia del "infierno".

07/04/2026